El apagón del 28 de abril de 2025 demostró que cuando los sistemas digitales fallan, quien no tiene dinero en efectivo no puede comprar ni lo más básico. Esa lección, que millones de personas aprendieron de golpe, es exactamente lo que los especialistas en geopolítica llevan años advirtiendo en voz baja.
Según, Claudio Feijóo (ingeniero y economista), Pedro Baños (escritor y militar) y Pablo Gil (economista) el mundo atraviesa una transición de orden global que no tiene vuelta atrás, y -para ellos- prepararse para escenarios de crisis ya no es cosa de conspiranoicos. Es, en todo caso, una responsabilidad personal elemental.
La liquidez como primera línea de defensa
Cuando Pablo Gil, economista especializado en mercados globales, describe qué hacer en los primeros minutos de una crisis sistémica, su respuesta es directa: tener dinero en efectivo a mano no resuelve todo, pero sin él estás ciego. «Vivimos en un mundo digital y cuando se paran las comunicaciones es como estar ciego», advierte. El dinero en efectivo no garantiza que las tiendas estén abastecidas ni que acepten pagos físicos, pero sí da margen para una primera reacción cuando las transferencias y los terminales dejan de funcionar.
Los expertos no fijan una cifra universal porque depende de cada situación familiar, pero el consenso apunta a tener cubiertos al menos entre dos semanas y un mes de gastos esenciales en billetes físicos. Comida, transporte, medicamentos. Lo que no puede esperar a que vuelva internet.
Claudio Feijó, especialista en tecnología china, señala algo que en Europa suena a excentricidad pero en Asia es rutina: los chinos guardan dinero en casa. No todos, pero sí una proporción significativa de la población, y esa costumbre tiene raíces en una cultura que ha vivido suficientes ciclos históricos como para no fiar el bienestar a la estabilidad de los sistemas. Occidente, dice, podría aprender de ese hábito.
Por su parte, el coronel Pedro Baños, experto en geopolítica, añade una capa más al asunto: la preparación no se improvisa en 30 minutos. Tener dinero disponible es solo el primer eslabón de una cadena que incluye autonomía energética, documentación en regla, rutas de evacuación pensadas con antelación y, sobre todo, haber hecho el ejercicio mental antes de que la emergencia lo exija. «Las cosas que hay que hacer en esa media hora hay que prepararlas mucho tiempo antes», resume.
¿Qué hacer con tu dinero? El contexto que lo explica todo

Este tipo de consejos no surge de la nada. Surge de un diagnóstico geopolítico que los tres expertos comparten: el orden mundial construido tras la Segunda Guerra Mundial se está disolviendo, y las turbulencias que acompañan ese proceso pueden durar décadas.
La guerra, explica Baños, ya no se libra solo en campos de batalla. Se libra en el ámbito económico, tecnológico, financiero e ideológico. Estados Unidos y China protagonizan una competencia total en la que el dinero, la energía y los semiconductores son tan estratégicos como los misiles. En ese tablero, Europa pierde peso con cada año que pasa: hace 20 años representaba el 25% del PIB mundial; hoy no llega al 14%.
Lo que ocurra en esa pugna tendrá consecuencias directas en los mercados, en el suministro de materias primas y en la estabilidad de los sistemas financieros que los ciudadanos dan por seguros. El corte de gas, el bloqueo de transferencias internacionales o la caída de los mercados no son escenarios de ciencia ficción; son los primeros efectos documentados de cualquier escalada seria entre potencias.
En ese contexto, tener dinero en efectivo no es paranoia. Es, según estos especialistas, la versión mínima de una preparación que debería incluir también fuentes alternativas de energía, reservas básicas de agua y alimentos, y cierta independencia respecto a los servicios digitales. No para volverse autosuficiente, sino para ganar tiempo cuando los sistemas fallen, porque la experiencia histórica indica que antes o después fallan.





