Noruega dispara su producción de petróleo y gas mientras Europa busca alternativas

El país nórdico se convierte en el principal suministrador de gas a la UE tras el cierre del estrecho de Ormuz. La medida alivia los precios del TTF, que habían repuntado un 15% en mayo, pero enfrenta el rechazo de grupos ecologistas.

Noruega dispara su producción de petróleo y gas para cubrir el vacío que ha dejado el cierre del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más cruciales para el transporte de crudo y GNL. El Brent ha rondado los 95 dólares por barril esta semana y el TTF, el índice de referencia del gas europeo, coquetea con los 45 euros por megavatio-hora. El país nórdico, que ya era el mayor productor de hidrocarburos de Europa occidental, ha intensificado las extracciones en sus yacimientos del Mar del Norte y del Mar de Barents para aliviar la presión sobre los precios y garantizar el suministro a sus vecinos comunitarios.

Equinor, la petrolera estatal noruega, ha confirmado que los volúmenes de exportación de gas a la UE han crecido entre un 10% y un 12% en el último trimestre, según datos preliminares de la compañía. La cifra no es casual: el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del comercio mundial de petróleo y una cuarta parte del gas natural licuado, ha obligado a Europa a buscar alternativas urgentes. Este enclave, situado entre Irán y Omán, se ha convertido en un polvorín geopolítico tras el recrudecimiento de los ataques a petroleros y la decisión de Teherán de minar buena parte de la zona.

Publicidad

La respuesta de Oslo ha sido inmediata. El gobierno noruego, que ya había incrementado su papel de suministrador tras la guerra de Ucrania y el corte del gas ruso, ha autorizado la aceleración de proyectos en Johan Sverdrup, el mayor campo petrolífero del país, y en el yacimiento de Snøhvit, clave para el gas natural. La producción diaria de crudo ha superado los 2,2 millones de barriles equivalentes, un nivel no visto desde 2020. Las exportaciones de gas por gasoducto hacia Alemania, Países Bajos y Bélgica han batido récords mensuales.

Para los mercados, el mensaje caló rápido. Los futuros del TTF, que en mayo habían escalado un 15% por el temor a una crisis de suministro, moderaron su escalada tras conocerse el refuerzo noruego. Operadores consultados por esta redacción señalan que la prima de riesgo geopolítico se ha reducido de forma significativa, aunque la situación sigue siendo frágil. ‘El gas noruego es hoy el dique de contención que evita que los precios se disparen hacia los 70 euros por MWh’, resume un gestor de una utility ibérica.

Noruega ha asumido, de facto, el rol de ‘salvador’ energético que muchos en Bruselas ya le atribuían. El país escandinavo cubre ahora más del 35% del gas que consume la Unión Europea y supera el 40% en el suministro de crudo. Esta dependencia creciente, sin embargo, tiene un reverso incómodo: la aceleración de su producción fósil choca con sus propios compromisos climáticos y con la narrativa de transición verde que la UE pretende liderar.

Sin el giro noruego, Europa habría entrado en una emergencia energética en pleno verano.

El alivio en los precios y el impacto en España

En la península ibérica, el efecto ha sido tangible. España, que recibe la mayor parte del gas natural a través de sus seis plantas de regasificación, ha visto cómo los buques metaneros procedentes de Norway LNG y de la terminal de Hammerfest han reforzado unas reservas que ya rozaban el 85% de su capacidad. Según datos de Enagás, las importaciones de gas noruego crecieron un 18% en el último mes, desplazando en parte a los cargamentos que antes llegaban desde el Golfo Pérsico.

El mercado mayorista de la electricidad, muy sensible al precio del gas porque las centrales de ciclo combinado fijan el marginal en muchas horas del día, ha respirado. El precio medio diario en el mercado ibérico (MIBGAS) ha descendido hasta los 110 euros por megavatio-hora, lejos de los 170 que se alcanzaron en picos de abril. Para un hogar medio con tarifa regulada, esto se traduce en un ahorro de entre ocho y diez euros mensuales respecto a las previsiones más pesimistas.

Con todo, los analistas advierten de que el alivio puede ser coyuntural. Un nuevo repunte de la tensión en Oriente Medio o una ola de calor que dispare el consumo de electricidad para aire acondicionado podrían devolver la volatilidad al gas. Y en ese tablero, Noruega es la única válvula de escape inmediata, pero no puede bombear indefinidamente sin tensar sus propias infraestructuras.

Noruega es hoy la única válvula de escape inmediata, pero no puede bombear indefinidamente sin tensar sus propias infraestructuras.

suministro gas España

La tensión entre suministro y transición ecológica

Este nuevo impulso a los combustibles fósiles ha desatado las críticas de los grupos ecologistas, que ven en la decisión noruega un paso atrás en la lucha climática. Organizaciones como Greenpeace y Nature and Youth han recordado que el país escandinavo se comprometió a reducir un 55% sus emisiones para 2030 y a ser climáticamente neutro en 2050. Ampliar la producción de petróleo y gas, argumentan, contradice esos objetivos y envía una señal peligrosa al resto del mundo.

El gobierno de Oslo, de coalición entre laboristas y el Partido de Centro, se defiende alegando que la seguridad de suministro europea es prioritaria y que las inversiones en renovables se mantienen. Cabe recordar que Noruega ya genera más del 90% de su electricidad con energía hidroeléctrica y es uno de los líderes en electrificación del transporte: ocho de cada diez coches nuevos son eléctricos. Pero esa dualidad –exportador de fósiles mientras presume de transición interna– resulta cada vez más difícil de sostener.

Yo creo que el dilema noruego refleja una tensión global que va a definir esta década. La urgencia de la seguridad energética, exacerbada por crisis geopolíticas, está posponiendo los calendarios de descarbonización en casi todos los grandes productores. Europa predica la transición, pero cuando el suministro flaquea, bendice el gas noruego sin demasiados remilgos. La hipocresía es mutua y es humana.

De hecho, el Parlamento noruego ha aplazado sine die la votación de nuevas licencias de exploración en el Ártico mientras dure la crisis. La decisión, aplaudida por los ecologistas, podría ser solo una pausa táctica. Si el estrecho de Ormuz sigue bloqueado meses, la presión para extraer más recursos será imparable. Y con ella, la oportunidad de que el hidrógeno verde o la eólica marina escalen al ritmo necesario se difumina.

La pregunta, como casi siempre en energía, es hasta dónde aguanta el equilibrio. Noruega ha ganado tiempo. Pero el reloj de la transición energética no se detiene y cada barril extra que se quema hoy es un argumento menos para la cumbre climática del año que viene. El verano se presenta caliente, en más de un sentido.


Publicidad