En mayo de 2026, el 28,7% de los coches vendidos en España ya son electrificados, un salto de 12 puntos porcentuales frente al mismo período del año anterior. La cifra sitúa al mercado español a las puertas del 30% que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé como media mundial para este ejercicio. Si la tendencia se mantiene, 2026 podría ser el año en que los vehículos con enchufe —puros e híbridos— dejen de ser minoría en los concesionarios del país.
El despegue definitivo de los electrificados en España
El pasado ejercicio ya dio señales: las ventas de coches eléctricos crecieron un 20% a nivel global, con China a la cabeza. En el caso español, el avance ha sido aún más contundente en los primeros cinco meses de 2026. Según datos que maneja el sector —todavía sin consolidar por las patronales—, la cuota de mercado de los electrificados ha pasado del 16,2% de cierre de 2025 a rozar el 29% en estos momentos.
La oferta ha explotado. Modelos como el Tesla Model Y o el nuevo MG4 acaparan las listas de ventas, pero también los híbridos enchufables de marcas generalistas —Toyota, Kia, Hyundai— han multiplicado sus entregas gracias a la nueva normativa de zonas de bajas emisiones en ciudades de más de 50.000 habitantes. Las ayudas del Plan MOVES IV, con tramitación simplificada, han acelerado este despegue.
El dato de abril, en particular, reflejó un récord histórico: más de 23.000 unidades electrificadas matriculadas en un solo mes, un 34% más que en abril de 2025. La automoción en España empieza a desacoplarse del motor de combustión a un ritmo que pocos esperaban hace dos años. El caso español es especialmente llamativo porque venía de una base baja: hace solo tres años, la cuota de electrificados no llegaba al 5%.
La AIE sitúa la cuota mundial en el 30%: cifras y matices
El último informe de la AIE, conocido a finales de 2025, proyecta que el 30% de todos los coches vendidos en el mundo este año tendrán alguna forma de electrificación (eléctricos puros, BEV, e híbridos enchufables, PHEV). La cifra no incluye los híbridos no enchufables, lo que da una idea más precisa de la penetración real de la tecnología de batería.
China domina con holgura: casi el 60% de sus ventas son vehículos con enchufe, gracias a una política industrial que subvenciona la producción a gran escala. Europa, en su conjunto, ronda el 25%, pero España se sitúa ya ligeramente por encima de la media comunitaria. Los analistas consultados por Expansión y El Economista apuntan a que la combinación de ayudas, la inflación de los carburantes y el temor a nuevas crisis en el Estrecho de Ormuz juegan a favor de las opciones eléctricas.
Con todo, el camino no está exento de baches. La AIE advierte que las tensiones geopolíticas en Oriente Medio podrían encarecer el transporte marítimo de componentes, y que la competencia entre fabricantes chinos y europeos estrechará márgenes. Eso sí, el consumidor español parece haber tomado una decisión: el eléctrico ya no es un experimento.
¿Hacia dónde va el mercado español?
Superar la barrera del 30% —algo que parece inminente— supondrá un cambio de paradigma. Hasta ahora, la adopción del coche eléctrico en España se ha visto frenada por tres patas: precio de adquisición, autonomía limitada y falta de puntos de carga. El precio medio de un eléctrico puro ha caído un 15% en dos años, y la autonomía homologada de los modelos de acceso supera ya los 350 kilómetros, suficiente para el uso diario del 80% de los conductores.
Donde el país sigue rezagado es en la red de recarga. Aunque la inversión pública y privada ha crecido, la la expansión de la red de carga rápida en corredores interurbanos avanza más lenta de lo necesario. El colapso en la tramitación de licencias municipales retrasa la instalación de electrolineras, y eso podría estrangular el crecimiento si las ventas siguen a este ritmo.
No obstante, hay un factor que juega a favor: la industria auxiliar. España es el octavo productor mundial de automóviles y cuenta con una potente base de fabricantes de componentes. La apuesta de Stellantis, Volkswagen y SEAT por electrificar sus plantas —con inversiones millonarias en Martorell, Landaben y Vigo— anticipa un ecosistema que dará soporte a la demanda interna.
El mercado español del automóvil se está reescribiendo a toda velocidad. Si se mantiene el ritmo de matriculaciones de los últimos meses, 2026 será recordado como el año en que los coches con enchufe dejaron de ser un nicho para convertirse en la corriente principal. La cuestión no es si llegaremos al 30%, sino cuándo lo superaremos con holgura.



