Galán invierte 5,86 millones en acciones de Iberdrola y refuerza su confianza

El presidente de Iberdrola ha destinado 5,86 millones a la compra de 300.000 acciones, alcanzando casi 14 millones de títulos. La operación se registra con la compañía en máximos bursátiles y tras unas cuentas trimestrales que mejoran previsiones.

5,86 millones de euros pueden parecer una cifra modesta para una multinacional de casi 140.000 millones de capitalización, pero cuando el comprador es Ignacio Sánchez Galán, el mercado presta atención. El presidente de Iberdrola ha adquirido 300.000 acciones de la compañía el pasado 13 de mayo a 19,54 euros por título, según los registros de la CNMV.

Los detalles de la operación

La compra, valorada en 5,86 millones de euros, se ejecutó en un solo día y eleva la participación directa del ejecutivo hasta rozar los 14 millones de títulos. El directivo acumula esa cifra a lo largo de sus 25 años al frente de la eléctrica, un período en el que ha ido incrementando su exposición de manera recurrente.

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La operación se registró a un precio de 19,54 euros por acción. Este lunes, la cotización rondaba los 19,34 euros, un 0,73 % por encima del cierre del viernes anterior. La diferencia es mínima, pero la señal no está en el precio exacto, sino en el momento. Galán invierte justo cuando Iberdrola marca máximos históricos de capitalización.

No es un movimiento aislado. En los últimos años, el presidente ha aprovechado ventanas de mercado para reforzar su posición, una práctica que, sin ser novedosa, adquiere relevancia cuando se produce en plena escalada bursátil y tras unos resultados trimestrales que han sorprendido al alza en términos ajustados.

El contexto bursátil y estratégico de Iberdrola

Iberdrola ha superado los 138.000 millones de euros de capitalización bursátil, lo que la coloca como la primera utility de Europa y entre las dos mayores del mundo. Este hito no es flor de un día: la compañía ha mostrado una trayectoria consistente apoyada en su diversificación geográfica y en la calidad de sus activos regulados.

Iberdrola cotización

En septiembre pasado, la empresa presentó su plan estratégico 2025-2028, con inversiones previstas de 58.000 millones de euros centradas en redes eléctricas, con Reino Unido y Estados Unidos como mercados prioritarios. Además, Iberdrola ha culminado la salida de bolsa de dos filiales clave: Avangrid en Estados Unidos (finales de 2024) y Neoenergia en Brasil (abril de 2026). Ambas operaciones refuerzan el control del grupo y eliminan complejidades corporativas, en línea con el objetivo de simplificar la estructura.

Los resultados del primer trimestre de 2026, publicados hace unas semanas, también han alimentado la confianza. El beneficio neto reportado fue de 1.711,3 millones de euros, un 14,6 % menos que un año antes. Sin embargo, descontando efectos extraordinarios —el ajuste por la transacción de México y el impacto del capital allowance en Reino Unido— el beneficio neto ajustado creció un 11,4 %, hasta 1.865 millones. Con esas cifras, el grupo mejoró sus previsiones para el conjunto del ejercicio y espera un crecimiento del beneficio neto ajustado superior al 8 %, excluyendo plusvalías por rotación de activos.

El directivo roza los 14 millones de títulos, tras veinticinco años al frente.

El gesto adquiere más peso si se compara con el comportamiento de otros primeros ejecutivos del Ibex 35. Mientras algunas grandes cotizadas han visto salidas de altos cargos, Galán ha mantenido una línea de acumulación que pocos igualan en frecuencia y cuantía. En 2025, ya había adquirido otros paquetes significativos, aunque de menor importe.

Desde la publicación de las cuentas trimestrales, la acción ha oscilado en un rango estrecho entre 19,20 y 19,70 euros. La compra se ejecutó en la mitad de ese intervalo, lo que sugiere que el ejecutivo no percibe una sobrevaloración incómoda. Según estimaciones de mercado, el valor cotiza a un PER ajustado de unas 15 veces, en línea con la media del sector.

Confianza con letras de 5,86 millones: la señal en plena transición energética

Los mercados interpretan las compras de directivos como un termómetro de la salud corporativa. Y en el caso de Galán, el mensaje es inequívoco. No es un ejecutivo que liquide posiciones con cada subida; al contrario, acumula desde hace un cuarto de siglo. Este movimiento añade, por tanto, una capa adicional de convicción: la de quien conoce los planes de inversión, los riesgos regulatorios y las oportunidades de la electrificación.

Iberdrola se encuentra en el centro de la transición energética europea y norteamericana. Su apuesta por las redes —el eslabón menos visible pero más rentable de la cadena eléctrica— la convierte en uno de los vectores clave para que la descarbonización sea técnica y financieramente viable. Sin embargo, ese protagonismo no la exime de riesgos: la inflación de costes en proyectos renovables, la competencia por activos regulados y la presión regulatoria en el Reino Unido pueden erosionar márgenes si no se gestionan con precisión.

Yo creo que la compra de Galán responde precisamente a esa convicción de que el modelo de negocio resiste las turbulencias. No es un brindis al sol. Es una decisión informada que, además, se alinea con la mejora de las previsiones de beneficio ajustado y con la simplificación corporativa en curso. Dicho de otro modo: el presidente está comprando con dinero real su propia receta.

Cabe recordar que el plan estratégico exige ejecutar más de 58.000 millones de euros en cuatro años, una cifra que obligará a mantener la disciplina financiera y a capturar sinergias en las nuevas integraciones. Las operaciones recientes con Avangrid y Neoenergia han eliminado minoritarios, pero también han exigido desembolsos importantes que incrementan el apalancamiento. La dirección ha insistido en que los ratings crediticios no peligran, pero un deterioro macroeconómico más severo podría poner a prueba esa afirmación.

El mercado, por ahora, compra la narrativa. La acción apenas se inmutó tras la publicación de los resultados trimestrales, lo que indica que los inversores ya descuentan la solidez del negocio. La compra de Galán, lejos de generar desconfianza por operar en zona de máximos, se ha interpretado como un refuerzo de esa confianza. Y en un sector donde los mensajes institucionales a veces suenan a disco rayado, los hechos hablan más claro.

El verdadero test llegará cuando las inversiones en redes empiecen a generar flujos de caja visibles, algo que no se materializará hasta bien entrado 2027. Por ahora, con un presidente que destina 5,86 millones de euros adicionales a su propia compañía, la pregunta no es si confía en Iberdrola. Es si el resto del parqué está prestando suficiente atención.


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