Vendía pegatinas al doble de precio en el colegio. Con 17 años ya dirigía una revista cultural en Bolivia. A los 21 llegó a España con dos maletas y sin papeles para trabajar, y terminó creando una línea de intermediación inmobiliaria para estudiantes latinoamericanos en Santiago de Compostela. Nadia Nemer, fundadora de Nemer Studios y de la comunidad Woman Rocks, no habla de emprender como teoría. Lo hace desde la trayectoria.
«Yo creo que el emprendedor nace porque es una actitud cien por ciento ante la vida», afirma sin dudar. Para esta empresaria boliviana con raíces libanesas y croatas, más de 15 años en marketing y comunicación, y experiencia en multinacionales como Coca-Cola, Nissan e IKEA, emprender no es una decisión que se toma en un curso de fin de semana. Es algo que está dentro o no está.
Emprender: Una actitud que no se enseña en ninguna escuela

Nemer distingue con claridad entre quien emprende por vocación y quien lo hace por circunstancias. Ambos pueden tener un negocio, pero solo uno aguanta cuando llegan los días difíciles. «Yo no creo que cualquiera pueda emprender; por eso los negocios no duran ni dos años», dice. No lo dice como descalificación sino como diagnóstico. Ha visto demasiados proyectos morir no por falta de idea sino por falta de temple.
La organización es, para ella, la segunda habilidad imprescindible a la hora de emprender. Cuando uno emprende en solitario, sin estructura ni jefe que marque los plazos, el foco se convierte en el recurso más escaso. Después viene algo que aprendió tarde y que hoy no negocia: el cuidado del cuerpo y la mente. «Al principio tú buscas el dinero, pero te desgastas tanto que después ya no quieres el dinero, quieres el tiempo», reconoce. Esa frase resume una curva de aprendizaje que muchos emprendedores recorren solos y en silencio.
Lo que le preguntaron qué representan sus gastos también dice mucho de ella. Su respuesta fue inmediata: trabajo, familia y libertad, que para Nemer equivale a viajar. «En qué te gastas el dinero representa tus valores principales», sostiene. Una fórmula sencilla que, bien aplicada, sirve tanto para las finanzas personales como para entender qué clase de negocio quiere construir cada uno.
Red, entorno y el precio de rodearse bien para emprender
Si hay un tema en el que Nemer no deja margen para la ambigüedad es el del entorno. «Si estás en un ambiente mediocre, tú también te vas a convertir porque se contagia todo», advierte. No lo dice como moraleja sino como observación práctica. La energía de los círculos en los que uno se mueve determina el techo de lo que es capaz de imaginar y ejecutar. Por eso cuida sus contactos con la misma atención con la que cuida sus proyectos que busca emprender.
Por otro lado, para ella emprender también tiene una dimensión de género que no conviene ignorar. El camino no ha sido el mismo para hombres y mujeres, y fingir que sí lo ha sido no ayuda a nadie. «A las mujeres nos ha costado mucho más llegar a donde estamos: tenemos que vendernos mucho más», dice. No lo plantea como queja sino como dato. Los círculos masculinos y femeninos funcionan de manera distinta, los códigos no son los mismos y la credibilidad, en muchos contextos, aún se conquista con más esfuerzo cuando quien llega es una mujer.
Nemer llegó a España sin red, sin enchufe y en plena crisis de la burbuja inmobiliaria. Tuvo que dar clases de inglés, improvisar una agencia informal de pisos para estudiantes y esperar a que el mercado le abriera un hueco. Cuando por fin empezó a trabajar en Estrella Galicia y luego en grandes multinacionales, descubrió algo que ya sospechaba: que las empresas le quedaban pequeñas. Que su lugar no era dentro de una estructura sino al frente de la suya propia.
Hoy dirige Nemer Studios, lidera la escuela Event Makers y convoca a mujeres empresarias desde Woman Rocks. El networking, insiste, no es coleccionar tarjetas sino mantener vínculos en el tiempo. Salir de casa aunque no haya una razón concreta. Estar predispuesto. «Los contactos lo son todo; la red y el entorno que te rodea es fundamental», resume. Tres décadas de trayectoria le han enseñado que las mejores oportunidades raramente llegan por correo electrónico.





