La bombona de butano baja un 5,87%: nuevo precio de 15,39 euros a partir de hoy martes

La rebaja del IVA al 10% y la supresión temporal del Impuesto de Hidrocarburos compensan el encarecimiento de materias primas y fletes. El consumo de GLP envasado suma más de un 12% de caída desde 2021.

La bombona de butano baja hoy un 5,87% hasta 15,39 euros, pese a la escalada de materias primas del 74,5%. La explicación hay que buscarla en las herramientas fiscales que el Gobierno activó con el Real Decreto-ley 7/2026, dentro del Plan Integral de Respuesta a la Crisis en Oriente Medio. Una reducción del IVA al 10% y la supresión temporal del Impuesto de Hidrocarburos compensan con creces el encarecimiento de la materia prima y de los fletes, que de otro modo habrían disparado el precio de la bombona.

El martes 19 de mayo, la bombona de butano se abarata hasta los 15,39 euros

A partir de este martes, el precio máximo de venta al público de la bombona de butano —envase de entre 8 y 20 kilogramos— queda fijado en 15,39 euros, según la resolución publicada en el Boletín Oficial del Estado. La rebaja es del 5,87% respecto a la última revisión bimestral, que había situado el envase en 16,35 euros. No es una corrección menor: para un hogar que consuma una bombona al mes, el ahorro anual ronda los once euros y medio, una cifra modesta, pero que alivia en un contexto de inflación pegajosa.

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La bombona de butano no está liberalizada. Su precio se revisa cada dos meses, el tercer martes del mes, mediante resolución de la Dirección General de Política Energética y Minas, conforme a la orden IET/389/2015. La fórmula actualizada pondera el coste de la materia prima —propano y butano— en los mercados internacionales, los fletes de transporte y el tipo de cambio euro-dólar. En este ciclo, los tres factores habrían llevado a una subida próxima al 5% si no fuera por los correctivos fiscales.

Sin embargo, el alivio tiene fecha de caducidad. Las medidas del Real Decreto-ley 7/2026 son temporales y están ligadas a la coyuntura geopolítica. Cuando el plan pierda vigencia, el IVA del butano regresará al 21% y el Impuesto de Hidrocarburos volverá a gravar cada envase, salvo que el Gobierno decida prorrogar las ayudas, algo que varios partidos ya han puesto sobre la mesa.

Las razones detrás de la bajada: IVA reducido y exención de hidrocarburos, pero con vientos en contra

El descenso del 5,87% es engañoso si se miran solo las tripas del mercado. La cotización internacional de las materias primas que dan vida al GLP envasado se ha disparado un 74,5% desde la última revisión. Los fletes, además, han subido un 39,8%, y el euro se ha depreciado un 1,2% frente al dólar, encareciendo las compras en los mercados internacionales. Sin intervención, la bombona habría superado con holgura los 17 euros, tensionando a los 8,5 millones de hogares que todavía dependen de este combustible.

Pero las herramientas fiscales funcionan como un contrapeso. El IVA reducido al 10% —frente al 21% habitual— y la supresión del Impuesto de Hidrocarburos, aprobados por el Real Decreto-ley 7/2026, restan varios euros al precio final. Según fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, estas medidas compensan sobradamente el encarecimiento de los inputs y permiten que el precio máximo baje por debajo de los 16 euros, algo que no ocurría desde hace meses.

La paradoja es evidente: en plena escalada de costes, la bombona se abarata. Pero también lo es la fragilidad del sistema. La revisión bimestral está sujeta a un límite del 5%, al alza o a la baja, por lo que cualquier desfase que no pueda trasladarse en un solo ciclo se acumula para futuras revisiones. Cuando las medidas fiscales expiren —y no hay una fecha clara—, el exceso de costes embalsado podría disparar el precio de golpe.

precio butano hoy

Análisis: el butano, un combustible en retroceso pero vital para miles de hogares

El butano es un fósil incómodo. En 2025 se consumieron 57 millones de envases de GLP de distintas capacidades, una cifra que refleja tanto su arraigo como su declive. Desde 2021, el consumo de GLP envasado ha caído más de un 12%, una tendencia que la electrificación y la expansión de la red de gas natural aceleran año a año. Pero el dato oculta una realidad más compleja: para millones de hogares en núcleos urbanos sin acceso a la red de gas —a menudo en zonas rurales o en la España vaciada—, la bombona sigue siendo la única opción viable para cocinar o calentar agua.

Yo mismo he recorrido municipios donde la llegada del camión de Repsol o Cepsa marca el ritmo de la despensa energética. Ahí, la bajada de hoy se nota, y mucho. Pero conviene no confundir un alivio coyuntural con una solución estructural. La dependencia de un derivado del petróleo, con una logística intensiva en carbono y un precio intervenido, choca de frente con los objetivos de descarbonización que España ha firmado. De hecho, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima ni siquiera dibuja un horizonte claro para el butano: simplemente asume su desaparición gradual, sin medidas específicas para los consumidores que se quedarán atrás.

Hay quien lee en esta bajada un guiño político en un momento de tensión por la crisis de Oriente Medio. No le falta razón. Pero la crónica del butano está llena de parches. Cada dos meses, una resolución de la Dirección General de Política Energética decide cuánto pagamos, y cada año, el Gobierno ajusta los impuestos según la coyuntura. Mientras tanto, las renovables avanzan en el mix eléctrico y el gas natural licuado gana cuota, pero nadie ofrece una alternativa realista al jubilado que cambia la bombona en la cocina de su casa de pueblo.

Lo que de verdad me preocupa es que la transición energética siga olvidando a los consumidores cautivos. La bajada fiscal de hoy es una buena noticia, sin duda, pero también es un recordatorio de lo lejos que estamos de un modelo energético que no dependa de un envase naranja. El Real Decreto-ley 7/2026 tiene fecha de caducidad, y cuando las rebajas fiscales desaparezcan, la realidad de los mercados internacionales volverá a imponerse. La pregunta no es si la bombona bajará o subirá en la próxima revisión, sino cuándo el debate energético dejará de girar alrededor de una botella que pesa más de doce kilos.


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