La AIE advierte que las reservas de petróleo se agotarán en semanas por el cierre de Ormuz

Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE, alerta de que el colchón de reservas comerciales se agotará en cuestión de semanas. El cierre de Ormuz retiene 14 millones de barriles diarios y el precio del Brent supera los 111 dólares.

Las reservas de petróleo se agotan a un ritmo de 4 millones de barriles diarios. El director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, ha lanzado una advertencia urgente: el colchón de crudo acumulado antes del cierre del Estrecho de Ormuz podría agotarse en cuestión de semanas, no de meses. La interrupción de una de las rutas marítimas más críticas del planeta está estrangulando el suministro global, y los precios ya lo reflejan con crudeza.

Birol intervino en la reunión de ministros de Finanzas del G7 que se celebra estos días en París. Según sus declaraciones, las existencias comerciales “se están agotando muy rápidamente” y, aunque aún quedan varias semanas de margen, “debemos ser conscientes de que está disminuyendo rápidamente”. La agencia calcula que más de 14 millones de barriles diarios de los países del Golfo Pérsico han quedado retenidos sin poder salir al mercado debido al bloqueo naval del Estrecho de Ormuz. Esto supone una merma de más de 1.000 millones de barriles acumulados desde el inicio del conflicto.

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Reservas bajo presión: 4 millones de barriles menos cada día

El último informe mensual de la AIE sobre el mercado del petróleo, publicado la semana pasada, detalla la magnitud del desequilibrio. Las reservas mundiales se redujeron en en 250 millones de barriles entre marzo y abril, un ritmo de extracción que equivale a 4 millones de barriles diarios. Aunque Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos intentan redirigir parte de su producción a través de oleoductos que evitan el estrecho, el esfuerzo no basta. La demanda estacional del hemisferio norte —con la temporada de viajes y las siembras en marcha— añade presión.

Antes de que estallara la guerra en Oriente Medio, el mercado registraba un superávit de unos 2,5 millones de barriles diarios. Ese margen se ha evaporado. “No son infinitos y las reservas comerciales están disminuyendo rápidamente”, subrayó Birol. La combinación de escasez y demanda estacional amenaza con elevar aún más los precios y propagar el impacto a productos básicos como los alimentos. Cabe recordar que los fertilizantes, intensivos en energía, dependen del gas y del petróleo. De hecho, el precio del gas natural TTF ronda los 55 euros por MWh, lo que encarece la producción de fertilizantes nitrogenados y anticipa subidas en la cesta de la compra.

El Brent supera los 111 dólares y el impacto llega a España

En los mercados, el barril de Brent cotiza ya por encima de los 111 dólares. La subida ha sido fulgurante: antes del cierre de Ormuz, los analistas manejaban precios en torno a los 85 dólares. Este encarecimiento se traslada de manera inmediata a los surtidores. En España, el litro de gasolina y diésel supera los 1,90 euros en muchas estaciones de servicio, una cifra que recuerda a los peores momentos de 2022. El sector del transporte y la logística ya reclama medidas urgentes.

El efecto dominó alcanza también al mercado eléctrico. En el mercado mayorista español, el precio medio del megavatio hora ha alcanzado los 190 euros, un 35% más que en el mismo período de 2025, según los datos que publica la CNMC. Las empresas electrointensivas advierten de paradas si la situación se prolonga. Esta redacción ha podido contrastar con fuentes del sector que algunas industrias ya están reduciendo turnos.

crisis Ormuz

En la reunión del G7, el ministro francés de Finanzas, Roland Lescure, abrió la puerta a una nueva liberación coordinada de reservas estratégicas. “Si hay que volver a hacerlo en los próximos meses, lo haremos”, afirmó. En marzo, los miembros de la AIE ya volcaron al mercado más de 400 millones de barriles para calmar la especulación. Pero aquella medida, aunque efectiva a corto plazo, redujo el colchón de seguridad que ahora se echa de menos.

Análisis: la fragilidad del sistema ante una crisis prolongada en Ormuz

La advertencia de Birol pone sobre la mesa una realidad incómoda: el sistema de suministro global de crudo es muy vulnerable a disrupciones en puntos de estrangulamiento físicos. Ormuz es el más importante, pero no el único. El precedente de 2019, cuando ataques con drones a las refinerías saudíes provocaron un repunte temporal del 15% en los precios, mostró que incluso eventos localizados pueden estremecer los mercados. Ahora, con un conflicto abierto y sin visos de solución diplomática inmediata, el riesgo es mucho mayor. La historia económica enseña que los cuellos de botella energéticos suelen resolverse con precios altos, recesión de la demanda y nuevas inversiones. Sin embargo, esta vez el factor geopolítico —un conflicto activo sin fin a la vista— añade una incertidumbre que no se soluciona con ciclos de inversión.

Desde esta redacción, entendemos que los organismos internacionales están haciendo lo que pueden, pero el margen de maniobra es limitado. La liberación de reservas estratégicas es un parche que compra tiempo, no soluciona el problema de fondo: la incapacidad de sacar el crudo del Golfo. Si el estrecho no reabre antes del verano —y no hay señales de que Irán o los actores regionales estén negociando—, el mundo se enfrenta a una contracción de oferta sin precedentes. La AIE ya ha rebajado su previsión de demanda mundial en 420.000 barriles diarios para este año, un movimiento que contrasta con las proyecciones de crecimiento de 1,3 millones que se manejaban antes del conflicto. Paradójicamente, el alto precio está destruyendo demanda.

Creo que lo más preocupante es la traslación a la inflación de los alimentos. El petróleo no solo mueve coches; fabrica fertilizantes, impulsa cosechadoras y envasa productos. Una crisis alimentaria en ciernes sería un golpe mucho más duro para las economías familiares que la propia gasolina cara. Y en España, con una dependencia exterior superior al 90% en hidrocarburos, la exposición es total. La AIE exige a sus miembros mantener reservas equivalentes a 90 días de importaciones netas, pero al ritmo actual de extracción, varias economías podrían situarse por debajo de ese umbral en el cuarto trimestre.

El margen de las reservas se contará en semanas, según Birol. El reloj corre.


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