Banco de Inglaterra suaviza sus planes para stablecoins: ¿adiós a las reglas ‘demasiado conservadoras’?

El organismo reconsidera los límites de reservas y los requisitos de capital que había propuesto, después de que los principales emisores de stablecoins amenazaran con abandonar el Reino Unido. La nueva postura alinea a Londres con el reglamento europeo MiCA y busca evitar una fu

El Banco de Inglaterra se dispone a suavizar las reglas para las stablecoins que propuso hace apenas un año, una decisión que acerca al Reino Unido a las posiciones más flexibles de la Unión Europea y que, sobre todo, responde a una realidad incómoda: los grandes emisores de estas criptomonedas estables amenazaban con marcharse a otras jurisdicciones con marcos más permisivos.

Las stablecoins son monedas digitales cuyo valor se ancla al de una divisa tradicional, como el dólar o la libra, y que se han convertido en el pegamento de buena parte del ecosistema cripto. Funcionan como un puente entre las finanzas tradicionales y el mundo de los criptoactivos, y su uso se ha disparado en los últimos años tanto para pagos transfronterizos como para operaciones dentro de los mercados descentralizados.

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Según informaciones del Financial Times que ha recogido CoinDesk, los funcionarios del BoE estudian eliminar o rebajar las restricciones que exigían que los emisores mantuvieran reservas de alta liquidez en el banco central. La propuesta original, publicada en 2025, imponía unos límites muy estrictos que, en la práctica, habrían equiparado a los emisores de stablecoins con los bancos comerciales, con unos requisitos de capital que muchos consideraban ‘excesivamente conservadores’.

Qué quiere cambiar el Banco de Inglaterra

El foco está en dos aspectos clave. Por un lado, el límite al volumen de stablecoins que un emisor puede tener en circulación en la libra esterlina. Por otro, la obligación de mantener una parte de las reservas en cuentas del propio Banco de Inglaterra, una medida que buscaba garantizar la liquidez pero que encarecía la operativa de forma significativa. El giro del BoE eliminaría esos topes y flexibilizaría la composición de las reservas, permitiendo a los emisores invertir en activos más rentables, como bonos gubernamentales a corto plazo, en lugar de tener el dinero depositado sin apenas rendimiento.

La decisión llega en un momento en que la Unión Europea ya ha desplegado su reglamento MiCA, que concede un pasaporte único a los emisores de stablecoins en los 27 países miembros. Varios grandes actores, como Circle —la empresa detrás del USDC—, han mostrado su preferencia por establecerse en países con reglas claras y no excesivamente gravosas, y el Reino Unido corría el riesgo de quedarse fuera de esa carrera.

Por qué la presión de la industria ha sido tan efectiva

Desde que se conoció el borrador de 2025, las asociaciones del sector y los propios emisores han repetido el mismo argumento: si las reglas son demasiado duras, las empresas se irán a otro sitio. Y no era un farol. El mercado global de stablecoins supera ya los 200.000 millones de dólares, y aunque la libra tiene un peso modesto en ese pastel —apenas un 1% del total, según estimaciones del sector—, el gobierno británico no quiere perder la oportunidad de atraer inversión y talento en plena era post-Brexit.

Además, la crisis de confianza que en 2022 provocó el colapso de Terra (una stablecoin algorítmica que perdió toda su paridad) llevó a muchos reguladores a apretar las tuercas. Pero el BoE parece haber calibrado que ahora el riesgo es distinto: un endurecimiento excesivo podría empujar a los usuarios hacia emisores no regulados o hacia jurisdicciones con estándares más laxos, precisamente lo que se pretendía evitar.

¿Un paso adelante o un riesgo para los consumidores?

El debate está servido. Suavizar las reglas puede mantener a los emisores bajo la supervisión británica, lo que a su vez permite a las autoridades vigilar las reservas y reaccionar ante cualquier problema. Pero, al mismo tiempo, reduce las garantías de que esas reservas sean líquidas al 100% en todo momento, devolviendo al sistema cierta dosis del riesgo que el regulador quiso eliminar.

En nuestra opinión, la flexibilización es un movimiento pragmático. El error no era querer proteger al inversor, sino hacerlo de una manera que chocaba frontalmente con el modelo de negocio de las stablecoins, que viven de invertir las reservas en activos seguros pero rentables. Esta redacción cree que es mejor un regulador que dialogue que uno que imponga sin escuchar. La clave estará en el detalle: si el BoE logra mantener unos mínimos de transparencia y solvencia sin asfixiar la innovación, el Reino Unido puede convertirse en un destino atractivo para los proyectos cripto sin renunciar a un nivel de protección razonable.

La decisión final podría conocerse en el tercer trimestre de este año. Mientras tanto, la sensación en la City es que se impone el sentido común. O, como nos dijo un analista en privado, ‘más vale tener a los emisores dentro de la carpa que mirando desde fuera’. No es un ‘adiós’ a las reglas, sino un replanteamiento para que puedan cumplirse sin ahuyentar a quienes las tienen que adoptar. El mercado cripto ya descuenta una rectificación; las principales stablecoins cotizan estables, sin sobresaltos, y el volumen de operaciones en libras no ha disminuido.


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