Juan Ramón Rallo: Trump prepara la mayor redistribución voluntaria de riqueza en la historia de EE.UU.

La reforma de las 'Trump Accounts' eliminaría el impuesto sobre las plusvalías en las donaciones de acciones, abriendo la puerta a que los millonarios entreguen directamente su riqueza a ciudadanos en lugar de a fundaciones, según explica Juan Ramón Rallo en su último análisis.

Desde que escuché el último análisis de Juan Ramón Rallo, he estado dándole vueltas a una idea que al principio parecía ciencia ficción fiscal. El economista sostiene que Donald Trump está cocinando una reforma que podría desencadenar la mayor redistribución voluntaria de riqueza en la historia de Estados Unidos. Y no habla de confiscaciones ni de nuevos impuestos a los ricos, sino de lo contrario: eliminar la penalización fiscal que hoy desincentiva a los multimillonarios cuando quieren regalar su patrimonio directamente a las personas.

El papelón fiscal de donar un imperio en acciones

Para entender lo que podrían suponer las llamadas Trump Accounts conviene mirar primero cómo funciona la filantropía de las grandes fortunas en EE.UU. Figuras como Bill Gates o Warren Buffett no donan su dinero soltando cheques nominales a ciudadanos. Crean fundaciones, les asignan una misión social y luego les transfieren paquetes monstruosos de acciones. Gates donó alrededor de 60.000 millones de dólares en acciones de Microsoft a su fundación. Buffett, a través de varias entregas de acciones de Berkshire Hathaway, alcanzó una cifra similar. Entre ambos, 120.000 millones de dólares que nunca aterrizaron directamente en el bolsillo de ningún particular.

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La razón de ese rodeo, explica Rallo, es puramente fiscal. Donar a una fundación ofrece tres ventajas que la donación a un individuo no tiene. Primera, el impuesto sobre donaciones simplemente no se aplica. Segunda, el donante puede deducir el importe donado de su base imponible del impuesto sobre la renta —en la práctica, recupera vía deducción hasta el 40% de lo que ha entregado. Y tercera, y aquí está el meollo, las acciones que se donan arrastran unas plusvalías latentes gigantescas que jamás llegan a tributar porque ni el donante ni la fundación —entidad exenta— pagan impuestos sobre esas ganancias acumuladas.

La trampa que premia a las fundaciones y castiga a las personas

Este esquema genera un sesgo perverso, según el economista. Cualquier multimillonario que sintiera el impulso de repartir directamente parte de su fortuna entre, pongamos, sus vecinos o sus exempleados, se encontraría con un muro fiscal. Si dona acciones a particulares, Hacienda interpreta esa operación como una venta a efectos del impuesto sobre plusvalías, y el donante tendría que pagar una fortuna al fisco por unas ganancias que, en realidad, no ha materializado. De ahí que las grandes donaciones acaben casi inexorablemente en el circuito de las fundaciones, donde el control del dinero queda en manos de patronatos y gestores.

Rallo subraya que no se trata de demonizar la filantropía institucional, sino de preguntarse por qué el código fiscal empuja toda la generosidad hacia un único modelo. Si no existiera ese castigo tributario, probablemente veríamos un abanico mucho más variado de fórmulas de redistribución privada, desde microdonaciones masivas hasta entregas de acciones a comunidades enteras.

‘El sistema actual penaliza fiscalmente la generosidad directa con las personas y premia la generosidad a través de fundaciones. Si eliminamos ese sesgo, podría desencadenarse una ola de transferencias de riqueza sin precedentes.’

— Juan Ramón Rallo

Las Trump Accounts: adiós a la plusvalía en la donación

Y aquí entran en escena las cuentas bautizadas como Trump Accounts. La propuesta, tal como la interpreta Rallo, es aparentemente sencilla pero de un calado brutal: permitir que las donaciones de acciones con plusvalías acumuladas a estas cuentas individuales estén exentas del impuesto sobre las plusvalías. Dicho de otra forma, un gran accionista podría regalar títulos de su empresa con décadas de revalorización a familiares, amigos o incluso a un colectivo amplio de ciudadanos sin que Hacienda le reclame un solo céntimo por la ganancia latente.

El destinatario, además, no paga impuesto sobre donaciones porque ese tributo corre a cargo del donante —que ya lo elude gracias a la exención— y, si vive en EE.UU. y tiene ingresos bajos, podría vender esas acciones con un tipo reducidísimo en el impuesto sobre la renta de las plusvalías, llegando incluso al 0% en los tramos más bajos. Se trataría, insiste el analista, de una redistribución de riqueza auténticamente voluntaria, sin mediación de fundaciones ni burocracias.

¿Una revolución silenciosa o un regalo para los de siempre?

Rallo no oculta su entusiasmo intelectual por el potencial transformador de la medida. Cree que estamos ante una oportunidad para derribar la doble pared fiscal que ha mantenido encapsulada la riqueza de los magnates en vehículos filantrópicos, a menudo con poca transparencia y mucha discrecionalidad. Si la reforma prospera —y el calendario político de Trump parece favorable en este arranque de 2026—, podríamos asistir a un goteo de donaciones directas que cambiaría el paisaje social estadounidense.

Pero también es inevitable sentir un cosquilleo de escepticismo. ¿De verdad los milmillonarios se lanzarían a regalar acciones a mansalva solo porque el fisco les quite el castigo? ¿O será más bien una nueva vuelta de tuerca de la elusión fiscal de siempre, disfrazada de generosidad popular? La historia fiscal de Estados Unidos está llena de caminos que empiezan con una exención bienintencionada y acaban convirtiéndose en un coladero para que el gran capital evite tributar incluso cuando vende sus participaciones.

En cualquier caso, lo que plantea Rallo obliga a repensar de raíz la relación entre filantropía, fiscalidad y control de la riqueza. Si un cambio de pocas líneas en el código tributario puede redirigir cientos de miles de millones de dólares directamente a los ciudadanos, igual no era tan complicado. O igual, sencillamente, nunca hubo verdadera voluntad de hacerlo. Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo:

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