El renacimiento de petróleo: ¿Por qué Shell, Eni y BP están apostando por la exploración de alto impacto?

La industria se basa en una nueva máxima: sin nuevos descubrimientos de gran tamaño, la caída de la producción será difícil de compensar. De aquí a 2050, podrían faltar 300.000 millones de barriles de petróleo y gas.

Las grandes petroleras, como Shell, Eni, BP o incluso TotalEnergies han entrado en una nueva fase: la búsqueda de nuevos grandes yacimientos de petróleo. Un cambio que no viene de la necesidad de aumentar ingresos, sino por necesidad, ya que la exploración petrolera lleva varios años de capa caída. Toda una tendencia estructural que ni los anuncios, que realizaron desde la OPEP de aumentar el volumen de crudo previo al conflicto iraní, han solucionado.

Vuelve la exploración de alto impacto de petróleo

La exploración de alto impacto se ha convertido en la nueva necesidad de las petroleras. Este proceso de búsqueda de yacimientos, a diferencia de la tradicional, no aboga por el encuentro de pequeños pozos de crudo; sino que consiste en grandes oleadas de inversión para encontrar polos energéticos. Es decir, lugares de alta concentración de crudo, como los analizados de empresas como TotalEnergies y Galp en Namibia, que podrían generar una gran cantidad de barriles de petróleo al día. 

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Analistas de Wood Mackenzie apuntan a que esta nueva oleada busca solucionar el problema de fondo del petróleo. En este sentido, la industria se enfrenta a un acusado declive de producción derivado del agotamiento de los campos existentes. En concreto, el informe advierte de que la producción de los grandes productores podría caer cerca de un 40% entre 2025 y 2040 si no se incorporan nuevos desarrollos de gran escala. Esta caída se produce en un contexto en el que la demanda, aunque sometida a presiones por la transición energética, seguirá siendo relevante durante décadas.

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Por ello, Wood Mackenzie estima que, de aquí a 2050, podrían faltar 300.000 millones de barriles de petróleo y gas si no se producen descubrimientos significativos. Una cifra que ilustra la magnitud del reto al que se enfrenta el sector y explica el cambio de enfoque estratégico: ya no se trata únicamente de rentabilidad inmediata, sino de garantizar el suministro futuro.

Por ello, la exploración tradicional (más fragmentada y de menor escala) pierde peso frente a proyectos de alto impacto; donde se buscan recursos de petróleo en zonas complejas, como aguas profundas y ultraprofundas, donde se realizan altas inversiones, con también altas probabilidades de fracaso. Es decir, el sector ha entrado en una fase de alta movilización de capital basada en la lógica de menos proyectos, pero más volúmenes.

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Planta de extracción de crudo. Fuente: Agencias

Las cifras respaldan este giro, ya que entre 2021 y 2025, la exploración de alto impacto ha generado aproximadamente 54.000 millones de dólares en valor neto. En un escenario de precios más elevados del crudo (en torno a 85 dólares por barril), ese valor podría superar los 120.000 millones, lo que refuerza el atractivo económico de estas apuestas pese al riesgo inherente. Por lo que, las empresas han optado por una lógica basada en el alto riesgo y alta recompensa.

Este cambio estratégico está siendo liderado por las grandes petroleras internacionales, que cuentan con la capacidad financiera y tecnológica necesaria para afrontar campañas exploratorias complejas. Compañías como ExxonMobil, Shell, TotalEnergies o BP están reforzando su exposición a este tipo de proyectos, aumentando incluso su participación en determinados activos para capturar un mayor valor en caso de éxito.

Pozos petroleros a vigilar este 2026. Fuente: Wood Mackenzie

Junto a ellas, las petroleras estatales también desempeñan un papel clave, como es el caso de empresas como Petrobras o Petronas, que están intensificando su actividad en nuevas fronteras exploratorias, apoyándose en su experiencia en entornos offshore y en su mayor tolerancia al riesgo a largo plazo.

No obstante, el informe subraya que esta apuesta no elimina la incertidumbre, debido a que la exploración de alto impacto implica aceptar un mayor número de pozos secos y resultados dispares. Aun así, la industria parece asumir que el coste de no explorar es mayor: sin nuevos descubrimientos de gran tamaño, la caída de la producción será difícil de compensar con desarrollos menores o mejoras operativas.

En definitiva, el sector petrolero entra en una nueva fase en la que la exploración vuelve a ocupar un lugar central. No como motor de crecimiento inmediato, sino como herramienta imprescindible para sostener la oferta futura en un mercado que, pese a los cambios estructurales, seguirá dependiendo del petróleo y el gas durante las próximas décadas.


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