Alfredo Corell, catedrático de inmunología, sobre el hantavirus: “mata al 33% de los infectados, pero se transmite muy mal”

Aunque el hantavirus tiene una mortalidad cercana al 33%, su capacidad de transmisión es extremadamente baja. El inmunólogo Alfredo Corell asegura que no existe riesgo de pandemia porque el virus requiere contactos muy estrechos y no genera circulación comunitaria sostenida.

La sombra de la pandemia de 2020 aún proyecta temores colectivos ante cualquier noticia sobre brotes infecciosos. Sin embargo, el hantavirus, un viejo conocido en regiones de Argentina y Chile, presenta un perfil biológico que invita a la calma pese a su agresividad clínica, marcando distancias insalvables con los virus respiratorios masivos.

Alfredo Corell, catedrático de Inmunología, es tajante al analizar la situación actual derivada de un brote detectado en un barco: “Este virus tiene potencialidad cero de pandemia”. Según el experto, aunque la mortalidad es preocupante, las leyes de la infectividad dictan que estamos ante un fenómeno local y controlable, muy alejado de la crisis sanitaria que paralizó al mundo hace años.

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Qué dice el número reproductivo básico

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Para entender por qué el hantavirus no puede generar una pandemia hay que manejar un concepto que el covid puso en boca de todos: el número reproductivo básico, conocido como R0. Traducido al lenguaje cotidiano, responde a una pregunta simple: si una persona está infectada, ¿a cuántas puede contagiar en su entorno?

El sarampión, la enfermedad más contagiosa de la historia, tiene un R0 de entre 18 y 20. El covid empezó en torno a 3, escaló a 6 con la variante delta y llegó a entre 10 y 15 con ómicron. El hantavirus, en su variante andes, la responsable del brote actual, tiene un R0 máximo de 2 en situación descontrolada. Cuando existe vigilancia activa, ese número cae por debajo de 1.

Corell lo explica que «el covid llegó a contagiar a 15 personas; el virus andes, como máximo, a dos». Un R0 menor que 1 significa que cada infectado contagia a menos de una persona de media, lo que hace matemáticamente imposible que el brote se expanda de forma sostenida. Eso es lo que convierte la posibilidad pandémica en cero.

Lo ocurrido a bordo del crucero que desencadenó la alarma ilustra este punto con datos reales. En un barco de 150 personas, tras un mes completo de convivencia y múltiples paradas en distintos puertos, se registraron ocho casos. Corell lo pone en perspectiva: «Si esto hubiera sido covid, hablaríamos de cientos o miles de contagios». El hantavirus, por el contrario, apenas se movió.

Hantavirus: Letal, pero difícil de atrapar

Hantavirus: Letal, pero difícil de atrapar
Fuente: agencias

La paradoja del hantavirus es esa: mata con una frecuencia que asusta, pero llegar a infectarse es extraordinariamente difícil. «La letalidad del virus andes asusta, pero su capacidad de transmisión es muy mala», resume Corell. La tasa de mortalidad ronda el 33%, un tercio de los infectados. Dos brotes recientes en Argentina lo confirman: en uno, de 33 contagiados fallecieron 11; en otro, una familia de tres miembros perdió a la niña. Ambos casos arrojan exactamente ese porcentaje.

Sin embargo, el hantavirus no se propaga como el covid ni como la gripe. No flota en el aire de un ascensor ni viaja en el sistema de ventilación de un edificio. La transmisión entre personas requiere contacto muy estrecho y prolongado. El vector principal sigue siendo el roedor: la mayoría de los contagios se producen cuando una persona inhala partículas de orina, heces o saliva de un ratón infectado. La transmisión de persona a persona es posible, pero excepcional, y se da casi exclusivamente entre convivientes o parejas.

Corell señala que todos los brotes documentados del virus andes se han resuelto en un máximo de tres eslabones: del ratón a la primera persona, de esa persona a sus allegados más próximos y, en los casos más extremos, una tercera cadena de transmisión que rara vez llega a producirse. «Todos los brotes del virus andes se han controlado en un máximo de tres saltos», explica. En el brote actual hay constancia de dos: del animal al primer caso y de ese caso a otros siete. La vigilancia activa está pendiente de si hay un tercero.

Lo que no existe, y esto es determinante para el especialista, es transmisión comunitaria. El hantavirus no circula entre desconocidos que comparten transporte o espacio público. No contamina superficies de manera eficaz ni permanece suspendido en el ambiente. Eso elimina de raíz cualquier escenario de expansión masiva.

El brote en un crucero con pasajeros de más de veinte países generó inquietud precisamente porque cada viajero regresó a su hogar. Pero incluso en ese escenario disperso, los números no han cambiado de escala. El hantavirus sigue siendo lo que siempre ha sido: un virus endémico de Argentina y Chile, presente todos los años en pequeños brotes, letal para quien lo contrae y casi irrelevante como amenaza colectiva.


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