Hoy, una pequeña empresa de especias ha conseguido lo que parecía imposible: tumbar parte de la arquitectura arancelaria del presidente Trump. El tribunal federal de apelaciones ha dictaminado que los aranceles globales del 10% impuestos bajo la sección 122 no son legales y ha ordenado su suspensión inmediata para los demandantes. Como explica Bloomberg Television, esta decisión marca un precedente que podría resquebrajar toda la política comercial.
El caso lo protagoniza Berla and Barrel, un importador directo de especias de origen único que creció durante la pandemia. Ethan y Ori, sus cofundadores, son los primeros en admitir que su empresa es minúscula en comparación con los grandes operadores del sector; sin embargo, su condición de pequeña pyme no les frenó. En apenas un par de días y con uno de ellos varado en India por los bombardeos en Irán, decidieron sumarse a la demanda presentada por el Liberty Justice Center.
El origen del litigio: una pyme contra el Gobierno
Durante la conversación con Bloomberg, Ethan recuerda que se preguntó dónde estaban las grandes corporaciones. "Solo presentaron solicitudes para sus propios reembolsos, por puro interés propio", lamenta. Su decisión de plantar cara, en cambio, buscaba algo más que una devolución de cientos de miles de dólares: querían defender a todos los importadores del país, especialmente a los más pequeños.
Esa determinación rápida, casi improvisada, se apoyaba en un argumento jurídico demoledor. La abogada del centro jurídico explicó que la sección 122 permite aranceles de hasta el 15% durante 150 días solo si existe un déficit de balanza de pagos grande y serio. El Gobierno de Trump había aplicado la medida sobre la base del déficit comercial, pero la letra de la ley de 1974 dice otra cosa.
Ori, el otro cofundador, describe la victoria como “la grieta en la presa que acabará tumbando todo el sistema de aranceles”. Y la sentencia le da la razón, al menos en parte. Mientras el fallo detiene los gravámenes solo para los demandantes, el razonamiento jurídico sienta una base que otros importadores podrían aprovechar.
Un déficit comercial no es lo mismo que un déficit de balanza de pagos en un mundo de tipos de cambio flotantes, y el tribunal ha coincidido con nosotros.
— Abogada del Liberty Justice Center
La clave está en que, desde que los tipos de cambio dejaron de ser fijos, el concepto clásico de balanza de pagos ha cambiado. La defensa legal argumentó que una diferencia en la balanza comercial no genera el desequilibrio macroeconómico que preveía el legislador en 1974, y el juez lo aceptó. El gobierno ha apelado ya, pero la medida cautelar sigue en pie para Berla and Barrel y el estado de Washington.
Los costes de los aranceles para una empresa de especias
Los aranceles habían supuesto un par de centenares de miles de dólares en pérdidas para esta compañía social. Para no subir precios ni cargar el coste a los agricultores de Vietnam, Afganistán o India, la empresa optó por recortar gastos domésticos: ralentizó los envíos, congeló contrataciones y ahorró en logística interna. “La ironía es que para cubrir los aranceles tuvimos que ahorrar aquí, en Estados Unidos”, cuenta Ori.
Esa estrategia de supervivencia explica por qué los reembolsos que esperan recibir ahora se reinvertirán en la economía nacional. Ethan subraya que los productos que importan, como la canela real de Vietnam central o el comino salvaje de Afganistán, no pueden fabricarse en otro lugar. Los aranceles atacaban directamente las cadenas de suministro de productos únicos, herederos de rutas comerciales milenarias.
¿Una victoria limitada o el principio del fin?
Aunque la orden judicial no es universal, el centro jurídico confía en que el tribunal de apelaciones acelere el proceso. El gobierno tiene interés en resolver la cuestión de una vez, y la presión de cientos de pequeñas empresas que siguen pagando aranceles ilegales podría acelerar una solución definitiva.
El caso llega poco después de que el presidente perdiera otro litigio sobre los aranceles IEPA, lo que obligó a recurrir a la sección 122 casi de madrugada. La concatenación de fallos adversos deja entrever que la arquitectura arancelaria de Trump se sostiene sobre argumentos cada vez más endebles.
Para las pymes importadoras, el mensaje es claro: la lucha legal vale la pena, incluso para un negocio que factura poco más que una tienda online. La pregunta ahora es si la apelación consolidará la doctrina del fallo o si, por el contrario, devolverá la incertidumbre a los muelles de aduanas. Mientras, las especias más raras del mundo seguirán viajando, quizá sin el sobrecoste que estuvo a punto de quebrar su milenaria ruta.
El análisis completo de Bloomberg Television:





