Sharon Donnery del BCE lanza un aviso: la banca europea necesita más tamaño y escala

La miembro del Mecanismo Único de Supervisión descarta una rebaja de capital y apuesta por la armonización europea para ganar competitividad global. Santander y BBVA, los grandes beneficiados de este movimiento.

La banca europea difícilmente podrá competir con los gigantes estadounidenses sin ganar tamaño. Lo ha dejado claro Sharon Donnery, miembro del Consejo de Supervisión Bancaria del BCE, en una declaración que marca el rumbo del sector financiero para los próximos años. No se trata de un debate académico: la pérdida de competitividad frente a Wall Street amenaza con agravarse si no se toman decisiones ahora.

Donnery ha descartado tajantemente que la banca europea necesite menos capital para hacer frente a esta situación. Al contrario: la supervisora apuesta por un refuerzo de la armonización normativa que permita a los bancos operar sin las barreras nacionales que aún fragmentan el mercado único. La idea es sencilla pero contundente: solo con un marco regulatorio verdaderamente común podrán alcanzar la escala necesaria para competir a nivel global.

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Armonización, no desregulación: el mensaje del BCE

En un entorno donde los bancos estadounidenses disfrutan de un mercado doméstico unificado y de regulaciones que, tras la crisis de 2023, han tendido a relajar ciertos requisitos de capital para los más pequeños, la posición del BCE sorprende por su firmeza. No habrá rebaja de colchones de capital. En su lugar, se impulsará la unificación de criterios de supervisión entre los países del euro, eliminando ventajas locales y creando condiciones de igualdad. El objetivo declarado es que cualquier banco europeo pueda expandirse a cualquier país de la zona sin toparse con veinte normativas distintas.

Según el análisis publicado por Expansión, Donnery ha subrayado que la competitividad no se gana con atajos de capital, sino con una estructura de mercado que favorezca el crecimiento inorgánico y las fusiones transfronterizas. La palabra clave aquí es escala.

Santander y BBVA, los dos nombres que resuenan en Fráncfort

Aunque Donnery no mencionó entidades concretas, los grandes bancos españoles aparecen como los principales beneficiarios de esta nueva orientación. Santander, el mayor banco de la eurozona por capitalización bursátil con cerca de 55.000 millones de euros, y BBVA, con una fuerte presencia en mercados emergentes y una creciente digitalización, encajan a la perfección en el molde de “bancos paneuropeos” que Fráncfort quiere promocionar. Ambos acumulan experiencia en integraciones complejas y cuentan con balances saneados que les permitirían liderar operaciones de consolidación.

El mensaje del BCE elimina además la incertidumbre regulatoria que a menudo frena las fusiones: con una normativa homogénea, las autoridades nacionales perderían poder para bloquear movimientos corporativos transfronterizos. Para Santander y BBVA, esto abre un abanico de oportunidades en mercados como Italia, Alemania o el Benelux, donde la fragmentación sigue siendo elevada.

Análisis: el tamaño importa, pero la concentración asusta

Creo que la hoja de ruta de Donnery tiene sentido y es coherente con las necesidades de un mercado globalizado. La banca europea arrastra desde hace dos décadas un problema de fragmentación que se traduce en márgenes más ajustados y menor capacidad de inversión tecnológica. Sin embargo, hay que decirlo con claridad: apostar por campeones nacionales o continentales no está exento de riesgos.

Una consolidación acelerada podría reducir la competencia en en determinados mercados domésticos, encarecer el crédito para las pequeñas y medianas empresas y concentrar el riesgo sistémico en un puñado de entidades ‘too big to fail’. El propio BCE ha advertido en otros informes que la excesiva concentración bancaria puede generar vulnerabilidades. La clave estará en equilibrar el fomento de la escala con mecanismos de supervisión que sigan asegurando la estabilidad financiera.

En cualquier caso, la intervención de Donnery deja poco margen a la duda: la consolidación es el camino elegido. La pregunta que queda en el aire es si los países miembros estarán dispuestos a ceder soberanía supervisora para hacerlo realidad. Como suele suceder con los grandes proyectos europeos, la política decidirá el ritmo.


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