La transición energética tiene minerales críticos claves para su desarrollo como es el caso del litio, pues para 2050 su demanda superará los 13 millones de toneladas, debido al desarrollo de una economía más electrificada y menos dependiente del carbón. No obstante, de darse esta situación sería necesario aumentar la inversión ya que podría para 2028 darse un escenario de déficit de litio.
La transición energética afronta una desequilibrio entre la oferta y demanda del litio
Así lo advierte la consultora energética Wood Mackenzie en su informe Energy Transition Outlook for Lithium, donde analiza cómo evolucionará el mercado en función del ritmo de electrificación global y del cumplimiento de los objetivos climáticos. El estudio plantea distintos escenarios y concluye que cuanto más rápida sea la descarbonización, mayor será la presión sobre la oferta de este mineral estratégico.
En el escenario más ambicioso, alineado con metas de cero emisiones netas a mediados de siglo, la demanda alcanzaría los 13,2 millones de toneladas equivalentes de carbonato de litio (LCE) en 2050, más del doble que en un escenario de transición más lenta. Este crecimiento estará impulsado fundamentalmente por la electrificación del transporte. Los vehículos eléctricos concentrarán entre el 72% y el 80% del consumo total de litio en las próximas décadas, consolidándose así como el principal motor estructural del mercado.
No obstante, según la consulta, este no sería el único factor. El despliegue de energías renovables exigirá mayores capacidades de almacenamiento energético para garantizar la estabilidad de las redes eléctricas. Las baterías destinadas a almacenamiento estacionario, junto con otras aplicaciones industriales y tecnológicas, reforzarán la tendencia alcista de la demanda hasta convertir a las baterías recargables en responsables de prácticamente todo el consumo mundial de litio hacia 2050.

El problema, según subraya Wood Mackenzie, es que la oferta no está creciendo al mismo ritmo que las previsiones de consumo. Incluso bajo supuestos moderados, los proyectos actualmente en desarrollo no bastarán para satisfacer la demanda más allá de mediados de la década de 2030. En un escenario de transición acelerada, el mercado podría entrar en déficit ya en 2028 si no se aprueban y financian nuevas iniciativas extractivas y de refinación.
El cobre llega a máximos históricos a pesar de que su mercado esté cayendo en la incertidumbre
La consultora destaca que el desarrollo de nuevos proyectos de litio no es inmediato. Desde la fase de exploración hasta la puesta en marcha comercial pueden transcurrir entre cinco y diez años, dependiendo de la jurisdicción, la complejidad geológica y los procesos regulatorios. Esta realidad obliga a anticipar decisiones de inversión si se quiere evitar un cuello de botella en el suministro justo cuando la transición energética gane mayor tracción.
Por otro lado, Wood Mackenzie estima que serán necesarias inversiones acumuladas de entre 104.000 y 276.000 millones de dólares hasta 2050 para desarrollar nueva capacidad minera, ampliar plantas de refinado y reforzar la cadena de suministro global. La cifra dependerá del escenario de transición que finalmente se imponga, pero en todos los casos implica un esfuerzo financiero sostenido durante las próximas décadas.
A esto se le suma a que la producción de litio está concentrada en un número limitado de países y empresas, lo que aumenta la sensibilidad del mercado ante posibles disrupciones. La diversificación de la oferta y el fortalecimiento de cadenas de valor regionales serán claves para reducir riesgos y garantizar seguridad de suministro en un contexto de creciente competencia industrial.

Por ello, medidas como el reciclaje de baterías aparecen como una solución complementaria, pero no inmediata. Aunque su peso aumentará progresivamente, la consultora señala que su contribución relevante no llegará hasta la década de 2040, cuando un volumen significativo de baterías de vehículos eléctricos alcance el final de su vida útil. Hasta entonces, el equilibrio del mercado dependerá principalmente de la expansión de la minería y de la capacidad de procesamiento.
En definitiva, el litio se consolida como uno de los pilares materiales de la transición energética. La magnitud de la demanda prevista no sólo redefine el mapa de inversiones del sector minero, sino que también plantea interrogantes sobre la rapidez con la que la industria podrá responder. Sin una aceleración clara en nuevos proyectos y financiación, el riesgo de tensiones estructurales en el mercado podría convertirse en uno de los principales desafíos de la economía electrificada del futuro.





