Goldman Sachs ya no espera que la Reserva Federal baje los tipos de interés en junio ni en septiembre. Su nuevo pronóstico traslada el primer recorte a diciembre de 2026, con una segunda bajada en marzo de 2027, según un informe que ha circulado hoy entre inversores institucionales y del que se hace eco Bloomberg.
Nuevo cronograma: Goldman Sachs aleja dos trimestres el descenso de los tipos
Hasta ahora, el grueso del mercado apostaba por ver el primer movimiento a la baja en el tercer trimestre del año. La actualización de la firma de inversión retrasa esa expectativa hasta el último mes de 2026 y añade un segundo ajuste al inicio de 2027. El banco estadounidense prevé dos reducciones consecutivas de 25 puntos básicos, lo que situaría el tipo de los fondos federales en el rango del 4,50 % al 4,75 % a final de año y en el 4,25 % al 4,50 % en la primavera de 2027.
La Goldman Sachs justifica el cambio por un dato clave: la inflación subyacente se resiste a ceder. El indicador de precios del gasto en consumo personal, el favorito de la Fed, se mantiene por encima del 2,8 % en tasa interanual. Los analistas del banco calculan que cerrará 2026 en torno al 2,5 %, todavía medio punto por encima del objetivo del 2 % que persigue el banco central.
El fantasma de una inflación que se resiste a bajar del 3 %
«La rigidez de los precios en servicios y la presión salarial están haciendo que la senda de desinflación sea más larga de lo que los mercados habían descontado», apunta el informe. La persistencia en componentes como la vivienda y los seguros de automóvil está impidiendo que la lectura general se acerque al umbral que el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) considera aceptable para empezar a relajar la política monetaria.
Los datos conocidos esta semana refuerzan esa lectura: el índice de precios al productor de abril repuntó tres décimas en tasa mensual y el IPC adelantado se colocó en el 3,1 %. Con esas cifras sobre la mesa, la posibilidad de un recorte antes del verano de 2026 quedó descartada hace semanas. Ahora, Goldman Sachs extiende esa pausa hasta finales de año.
Análisis: el dilema de la Fed entre crecimiento y precios
El escenario que dibuja Goldman Sachs coloca a la Reserva Federal en una encrucijada. Por un lado, mantener los tipos altos durante más meses puede enfriar la economía más de lo necesario justo cuando los indicadores adelantados de actividad empiezan a mostrar fatiga. La producción industrial, los pedidos de bienes duraderos y la confianza del consumidor han dado señales de agotamiento en el primer cuatrimestre de 2026. Por otro lado, rebajar las tasas con la inflación aún por encima del 2,5 % corre el riesgo de desanclar las expectativas de precios y obligar a subidas posteriores, un error que la Fed ya cometió en los años setenta y que su actual presidente, Jerome Powell, ha prometido no repetir.
La tensión comercial añade otra capa de incertidumbre. Los aranceles anunciados a comienzos de año sobre importaciones asiáticas están trasladándose a los precios al consumo, según los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales. Si la guerra comercial escala, la Fed puede verse forzada a actuar antes de lo previsto para amortiguar un frenazo, incluso si la inflación no ha vuelto al 2 %. Ese conflicto es, precisamente, el que introduce un sesgo a la baja en el pronóstico rígido de Goldman Sachs: una recesión ligera en el segundo semestre haría saltar por los aires el calendario de diciembre.
Yo creo que el mercado ha sido demasiado complaciente al asumir que los tipos bajarían sí o sí antes de que acabara 2026. Los datos de inflación publicados en abril y mayo —con repuntes en los componentes más rígidos— avalan el retraso que propone Goldman Sachs. Eso no significa que sea un hecho consumado: basta con dos malos informes de empleo consecutivos para que el discurso de la Fed gire en cuestión de semanas. La reunión del FOMC de junio, con la actualización de proyecciones económicas, será la primera gran prueba de fuego. Si el gráfico de puntos refleja menos recortes de los que espera el consenso, las primas de riesgo en deuda corporativa van a tensarse rápido.
La cuestión ya no es si la Fed bajará tipos en 2026, sino cuánto daño económico está dispuesta a tolerar antes de mover ficha.





