El petróleo se desploma mientras Irán analiza un acuerdo con EE.UU.

La posibilidad de que Irán abandone su programa nuclear hunde los precios del barril y reaviva a Wall Street, aunque los detalles del acuerdo apenas llenan una hoja de ruta. El exsecretario del Tesoro Jack Lew analiza los riesgos y la letra pequeña.

El petróleo ha vivido este miércoles una jornada de fuertes descensos, lastrado por una posible distensión entre Estados Unidos e Irán que Wall Street interpretó con un alivio inmediato. La esperanza de que un acuerdo ponga fin al conflicto que ha tensionado el estrecho de Ormuz y disparado los costes energéticos globales está moviendo los mercados más deprisa que los propios diplomáticos. En su última edición de Balance of Power, Bloomberg Television ha desmenuzado los contornos de una negociación que, por ahora, descansa sobre una hoja de ruta muy preliminar.

Trump ve un pacto “muy posible” y Wall Street reacciona

Según explicó el corresponsal jefe de la cadena en la Casa Blanca, Josh Wingrove, el presidente Donald Trump manifestó anoche un optimismo notable: Irán estaría listo para renunciar a las armas nucleares y el acuerdo se antoja “muy posible”. Esas declaraciones bastaron para que los futuros del crudo se deslizaran con fuerza y las bolsas neoyorquinas rebotaran al cierre europeo. Wingrove advirtió, sin embargo, que este tipo de euforia no es nueva: ya en otras ocasiones Trump había expresado confianza justo cuando la presión económica sobre su administración se hacía más visible.

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Un memorando de una página: ¿optimismo o territorio inexplorado?

El documento que circula entre bambalinas, según detalló el reportero, es apenas un esbozo de una página. Recoge compromisos genéricos: Irán no desarrollará un arma nuclear y se reabrirá el paso por el estrecho de Ormuz, cuya interrupción ha estrangulado el comercio marítimo durante la operación Epic Fury. Bloomberg Television subrayó que aún no está claro si Washington y Teherán se encuentran “en la yarda cinco o en la cuatro” de la negociación, una metáfora que evidencia la opacidad del proceso y el peligro de vender la piel antes de cazar el oso.

Para arrojar luz sobre lo que podría venir, el programa entrevistó a Jack Lew, quien fue secretario del Tesoro con Obama y embajador en Israel con Biden. Lew valoró que la reapertura inmediata del estrecho sería fundamental para la economía global, pero centró el foco en los flecos nucleares del eventual pacto. “Si se logra que Irán vaya a un enriquecimiento cero, sería un paso adelante”, afirmó, recordando que en el JCPOA de 2015 solo se consiguió rebajar la pureza del uranio al 3,6 %.

“Un enriquecimiento cero y la salida del material enriquecido serían la base para devolver la confianza, pero el diablo estará en los detalles del acuerdo a largo plazo.”

— Jack Lew, exsecretario del Tesoro

Verificación, plazos y el fantasma del JCPOA

El ex alto cargo insistió en que cualquier pacto duradero requerirá inspecciones diarias, visitas regulares y la capacidad de restaurar sanciones si Teherán vuelve a enriquecer uranio por encima de lo pactado. El JCPOA, que tardó veinte meses en cerrarse, ofrecía un horizonte de quince años; ahora se baraja un período de doce. Para Lew, la diferencia es menor si se garantiza una visibilidad completa del programa iraní. El problema, admitió, es que una hoja de ruta preliminar no puede contener toda esa arquitectura de control.

La figura de Israel sobrevoló toda la conversación. Lew, que conoce bien al gobierno de Netanyahu, señaló que el Estado judío necesita la certeza de que Irán no avanza hacia una bomba. En su opinión, si se elimina el material fisible y se alcanza el enriquecimiento cero, la presión sobre Israel para aceptar el acuerdo será muy fuerte, sobre todo con la relación estrecha que mantienen Trump y Netanyahu. No obstante, evitó hacer pronósticos: “Ya pensé que el JCPOA iba a generar más confort del que generó; ahora soy más cauto”.

El alivio inmediato: gasolina y crédito más baratos

El análisis de Bloomberg Television puso el acento en la traducción doméstica de estas negociaciones. Los precios de la gasolina en Estados Unidos habían escalado hasta niveles que incomodaban a una administración en año electoral, y los costes de financiación, reflejo del miedo geopolítico, también cedieron con las noticias del posible acuerdo. Si la distensión se confirma, el consumidor americano podría ver un respiro en el surtidor y en las hipotecas, dos variables que históricamente han moldeado la popularidad presidencial a las puertas de las mid‑terms.

Con todo, la incógnita central sigue siendo la misma que hace meses: ¿estamos ante un verdadero avance diplomático o ante una nueva iteración del optimismo sin ancla? Los mercados celebran hoy, pero la historia enseña que los pactos con Irán se cuecen a fuego muy lento y con sobresaltos constantes. Mientras la hoja de una página viaja entre despachos, el crudo se desploma y los estrategas recomiendan no lanzar las campanas al vuelo.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Bloomberg Television en YouTube.


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