Alfredo García, experto en energía nuclear: “La inteligencia artificial va a disparar el consumo eléctrico y afectar a toda la sociedad”

Alfredo García alerta que la expansión de la inteligencia artificial multiplicará la demanda eléctrica, tensionando una red ya saturada y cuestionando decisiones como el cierre nuclear en plena transición energética y auge tecnológico global.

Cada vez que alguien lanza un prompt a ChatGPT consume, según el propio Sam Altman, lo equivalente a un segundo de horno casero. Parece poco. Pero Alfredo García, operador de reactor y supervisor en la central nuclear de Ascó y uno de los divulgadores de energía más seguidos de España, advierte que eso es exactamente lo que hace peligrosa la situación: la inteligencia artificial no para de crecer, y nuestra red eléctrica ya no tiene margen.

El problema no es solo de producción. Es de infraestructura, de política energética y de una ecuación que alguien reescribió sin prever lo que venía. García asegura que «la inteligencia artificial va a disparar el consumo energético de forma exponencial. Y España, añade, no está preparada para eso.

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Una red al límite antes de que llegara la inteligencia artificial

Una red al límite antes de que llegara la inteligencia artificial
Fuente: agencias

Para entender el impacto que la inteligencia artificial tendrá sobre el sistema eléctrico español, hay que partir de una realidad que existía antes de que el debate tecnológico irrumpiera con fuerza: la red ya estaba al borde. Productores de centros de datos han solicitado instalarse en España y han recibido negativas, no por razones regulatorias sino porque la infraestructura no puede asumir más demanda. «Nuestra red eléctrica está prácticamente colapsada y no puede asumir más demanda de centros de datos», señala García.

A esto se suma lo que él llama la paradoja de Jevons aplicada a la tecnología: cuanto más barata y eficiente se vuelve la inteligencia artificial, más se usa. Y cuanto más se usa, más electricidad consume.

El crecimiento no es lineal. Es exponencial. Un centro de datos estándar hoy consume alrededor de 300 megavatios, el equivalente al consumo en tiempo real de una ciudad de 200.000 habitantes. Y estos centros no descansan: funcionan las 24 horas, los 365 días del año, con una demanda constante que no se parece en nada al perfil de consumo doméstico o industrial convencional.

Ahí está precisamente el problema con el modelo energético que España ha apostado en los últimos años. Las renovables, dice García, son imprescindibles y hay que seguir instalándolas. Pero su variabilidad las hace incompatibles como única respuesta para alimentar infraestructuras que no pueden permitirse ni un minuto de corte.

«Los centros de datos consumen energía constante: no puedes depender solo de renovables», afirma. Cuando el sol no brilla o el viento cesa o, peor aún, cuando sopla demasiado fuerte y los aerogeneradores se desconectan por seguridad, alguien tiene que cubrir ese hueco. Y ese alguien, históricamente, ha sido el gas natural.

El error de cerrar nucleares en plena revolución de la IA

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García no oculta su preocupación por el plan de cierre de los siete reactores nucleares españoles. Cuatro de ellos deberían cesar su actividad antes de 2030, empezando por Cofrentes y Ascó 1. Para el experto, hacerlo ahora, cuando la inteligencia artificial está reconfigurando la demanda eléctrica mundial, equivale a derribar un puente en el momento en que el tráfico se multiplica.

«Cerrar las nucleares aumentará emisiones y precio de la electricidad. Es un suicidio energético», sostiene, recordando que la Agencia Internacional de la Energía ya lo advertía en 2021 en su informe sobre política energética española.

El argumento de que las renovables pueden sustituir a la nuclear, dice, no se sostiene cuando se analiza qué ocurrió en los países que ya lo intentaron. Alemania cerró sus 17 reactores y aumentó el consumo de gas. El estado de Nueva York hizo lo mismo con idéntico resultado. Y el propio canciller alemán reconoció públicamente que fue un error. La alternativa real al cierre nuclear no son los paneles solares ni los aerogeneradores. Es el gas, con todo lo que eso implica en términos de emisiones y dependencia exterior.

Mientras tanto, las grandes tecnológicas han sacado sus propias conclusiones. Amazon compró la producción de una central nuclear con dos reactores. Microsoft firmó un contrato de 20 años con una planta en Pensilvania. Google anunció inversiones en pequeños reactores modulares. La inteligencia artificial, en su voracidad energética, ha terminado por llevar a las empresas más avanzadas del mundo a apostar por la energía nuclear justo cuando España planea eliminarla.

Según García, los países que más electricidad sean capaces de generar serán los que lideren el desarrollo de la inteligencia artificial en las próximas décadas. España tiene aún siete reactores en funcionamiento que producen en torno al 20% de su electricidad de forma estable, independientemente del clima. Cerrarlos, dice, no es solo una decisión energética. Es una decisión geopolítica. Y se está tomando sin mirar lo que viene.


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