El alcalde socialista de Nueva York, Zohran Mamdani, ha encendido las alarmas al admitir que la ciudad se enfrenta a una crisis presupuestaria de magnitud histórica. En su último análisis, el economista Juan Ramón Rallo desmonta la lectura simplista que atribuye el agujero al recién llegado regidor y advierte de que el problema, aunque heredado, puede agravarse hasta extremos peligrosos por las decisiones que el propio Mamdani está tomando.
Un déficit heredado, no fabricado por Mamdani
Rallo arranca su exposición despejando una tentación interpretativa muy común: pensar que Mamdani ha quebrado Nueva York en cuatro meses. Eso, sostiene, es falso. El alcalde apenas ha tenido margen para aplicar una mínima parte de su programa, y él mismo reconoce que recibe un déficit ya consolidado por las administraciones anteriores.
Las cifras que maneja el canal son contundentes. El ejercicio fiscal de 2026 se cierra con un agujero de 2.200 millones de dólares, y las proyecciones para 2027 elevan ese desfase hasta los 10.400 millones, casi cinco veces más, sin necesidad de que el alcalde apruebe una sola partida nueva. Equivale a cerca del 10% del presupuesto municipal.
Por qué el Ayuntamiento no puede endeudarse como Washington
Rallo introduce aquí un matiz crucial. Aunque un déficit del 10% no parece desorbitado en términos comparados —el déficit federal de Donald Trump ronda el 14% del presupuesto—, la capacidad de endeudamiento de un ayuntamiento no se parece en nada a la del gobierno federal de Estados Unidos. Nueva York, además, está legalmente obligada a cuadrar sus cuentas, lo que convierte el agujero en un problema inmediato, no diferible.
De ahí que Mamdani haya reconocido públicamente que la ciudad no puede cerrar la brecha solo con ajustes internos. Necesita, dice, ingresos nuevos y un replanteamiento estructural de su relación con el Estado de Nueva York.
Las dos vías que dependen de Albany
El analista detalla las dos palancas que el alcalde tiene sobre la mesa, ambas condicionadas a la cooperación del gobierno estatal, también demócrata. La primera es subir impuestos: Mamdani prometió en campaña gravar más a los millonarios y elevar el impuesto de sociedades sobre las empresas neoyorquinas. Pero ninguna de las dos medidas puede aprobarse sin autorización de la gobernadora del Estado.
La segunda vía pasa por incrementar las transferencias estatales hacia el ayuntamiento. Sumando ambas, los cálculos cuadrarían sobre el papel: unos 10.000 millones por la subida tributaria a ricos y empresas, más 2.000 o 3.000 millones adicionales en transferencias. Con eso, Mamdani podría incluso cerrar 2027 con superávit.
El problema no es solo el agujero heredado: es que Mamdani quiere el dinero del Estado para financiar sus promesas electorales, no para cuadrar las cuentas de Nueva York.
— Juan Ramón Rallo
El portazo de la gobernadora y la trampa del impuesto inmobiliario
Aquí es donde el relato se complica. La gobernadora demócrata ya ha comunicado que no autorizará ni la subida del impuesto de sociedades ni el gravamen especial sobre los millonarios neoyorquinos. Esos 10.000 millones anuales con los que el alcalde quería contar, sencillamente, no van a llegar.
La alternativa que sí depende exclusivamente del ayuntamiento es subir el impuesto sobre la propiedad, algo que Mamdani ha amenazado con activar si Albany le deja sin margen. El problema, advierte Rallo, es doble: no se trata de un golpe a los ricos, sino a cualquier familia con vivienda en propiedad —en torno a 700 dólares anuales de subida media—, y la recaudación esperada, unos 3.500 millones, ni siquiera cubriría el agujero proyectado.
El verdadero motivo del bloqueo: las promesas de campaña
El punto más afilado del análisis llega cuando Rallo se pregunta por qué la propia gobernadora demócrata se niega a financiar al alcalde de su mismo partido. La respuesta, en su lectura, es que el dinero adicional no se destinaría a sanear las cuentas, sino a sufragar el programa electoral del regidor.
Las cifras encajan con esa hipótesis. Mamdani ha cuantificado sus propias promesas en torno a 12.500 millones de dólares anuales: 6.000 millones para guardería universal gratuita, 4.000 millones para construir 200.000 viviendas públicas y duplicar el gasto en mantenimiento del parque actual, más partidas adicionales para autobuses gratuitos, salud mental y educación.
La aritmética es transparente. Si el Estado le concediera 13.000 millones extra al año vía impuestos y transferencias, y el alcalde los volcara íntegros en cumplir su programa, el déficit heredado seguiría intacto. La cooperación, en esas condiciones, equivaldría a financiar política expansiva con cargo a una crisis fiscal preexistente.
Qué lectura editorial cabe hacer
El análisis de Rallo deja una conclusión incómoda para los lectores que sigan el pulso fiscal de las grandes ciudades occidentales. Nueva York entra en una fase en la que la disciplina presupuestaria choca de frente con un programa de gasto social ambicioso, y el conflicto no se libra entre republicanos y demócratas, sino dentro del propio Partido Demócrata. Para España, donde varios ayuntamientos de gran tamaño afrontan tensiones similares entre ingresos limitados y demandas crecientes de servicios, el caso es más que un episodio anecdótico; es un laboratorio.
La pregunta que queda flotando es si Mamdani aceptará reordenar prioridades o si preferirá tensar la cuerda hasta forzar un rescate político que, hoy por hoy, nadie en Albany parece dispuesto a firmar.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.






