Grayscale, una de las gestoras de fondos cripto más conocidas del mundo, acaba de poner nombre y apellidos a los protocolos que, en su opinión, van a liderar la próxima gran ola del sector: la de los activos tokenizados. Y entre esos seis elegidos, dos destacan por encima del resto: Ethereum y Solana.
El informe llega en un momento en el que el valor de los activos del mundo real llevados a una cadena de bloques, lo que el sector llama RWA (siglas en inglés de real world assets), ha crecido un 217% en valor on-chain en el último ciclo, según la propia firma. Dicho de otro modo: cada vez más bonos, fondos monetarios, inmuebles y créditos privados se están representando como tokens dentro de una blockchain, igual que un certificado digital de propiedad.
Qué dice el informe de Grayscale sobre la tokenización
La gestora, conocida por sus productos cotizados sobre bitcoin y ether, identifica seis protocolos que ve como ganadores estructurales de esta tendencia. Ethereum y Solana encabezan la lista por una razón sencilla: son las dos redes con más actividad real, más capital depositado y más integraciones con emisores tradicionales como BlackRock o Franklin Templeton.
El argumento de Grayscale es que la tokenización ha pasado de promesa a infraestructura. Los grandes gestores ya emiten fondos monetarios tokenizados, los bancos prueban depósitos digitales y la deuda pública estadounidense se mueve, en pequeñas cantidades pero de forma creciente, sobre estas redes. La cifra del 217% no se refiere al precio de un token, sino al valor de los activos reales representados sobre la cadena, algo más parecido a medir cuánto dinero hay depositado en un banco que cuánto sube su acción.
El resto de protocolos mencionados forman el ecosistema que hace falta para que la tokenización funcione: redes de oráculos como Chainlink (los puentes que conectan datos del mundo real con los contratos en cadena), plataformas de identidad y plataformas especializadas en crédito privado. Sin esas piezas, un bono tokenizado sería solo un asiento contable inútil.
Por qué Ethereum y Solana se reparten el protagonismo
Ethereum lleva ventaja en volumen institucional. La mayoría de los fondos monetarios tokenizados, incluido el conocido BUIDL de BlackRock, se emiten sobre su red o sobre cadenas derivadas que heredan su seguridad. Las cifras públicas de plataformas como el dashboard de RWA.xyz, que rastrea estos activos en tiempo real, sitúan a Ethereum y sus capas secundarias por encima del 55% del total tokenizado.
Solana, en cambio, ha entrado más tarde pero crece a un ritmo notable. Su propuesta es velocidad y costes bajos, dos cosas que importan cuando se quieren mover miles de operaciones por segundo. Algunos emisores la han elegido para productos pensados para minoristas, donde una comisión alta se nota mucho. La Fundación Solana lleva meses apoyando integraciones con emisores tradicionales y firmas de pagos.
Para el lector que se pregunta cómo le afecta esto: si en los próximos años invierte en un fondo monetario europeo o compra deuda pública a través de una app, es perfectamente posible que, sin enterarse, parte de la operativa pase por una de estas redes. La tokenización no es un universo paralelo, es una forma distinta de mover lo mismo de siempre.

Una tendencia con precedentes y con riesgos
Conviene no perder la perspectiva. Cada ciclo cripto ha tenido su narrativa estrella. En 2020 fue el DeFi summer, cuando el dinero depositado en protocolos de finanzas descentralizadas (préstamos y exchanges sin intermediarios) se multiplicó por veinte en seis meses. En 2021 fue el auge de los NFT. En 2022 todo voló por los aires con la caída de Terra y, después, con la quiebra de FTX. Cada moda dejó algo útil y mucho ruido.
La tokenización tiene una diferencia importante: detrás están BlackRock, JP Morgan, Société Générale o Apollo, no un anónimo con un proyecto en Discord. Eso da solidez, pero también introduce dependencia de un puñado de grandes jugadores. Si el regulador europeo, vía MiCA, o la SEC estadounidense decidieran apretar las clavijas en algún punto concreto, el ritmo de adopción podría frenarse de golpe.
Hay otro matiz que el informe de Grayscale apenas roza: la liquidez real de muchos de estos activos tokenizados sigue siendo pequeña. Tener un bono representado en una blockchain no garantiza que haya alguien dispuesto a comprártelo a las tres de la madrugada. La promesa de mercados abiertos 24/7 es real en bitcoin, no tanto en un fondo de crédito privado tokenizado al que solo acceden inversores cualificados.
El siguiente examen para esta narrativa será doble. Por un lado, ver si el crecimiento del 217% se sostiene cuando el mercado afloje, algo que solo se sabrá cuando llegue la próxima corrección. Por otro, observar qué hacen los reguladores europeos en los próximos meses, con la fase plena de MiCA ya en marcha y varias consultas abiertas sobre custodia de activos tokenizados. Si Ethereum y Solana siguen siendo las redes elegidas cuando esa regulación se concrete, el pronóstico de Grayscale habrá envejecido bien. Si aparecen alternativas privadas tipo blockchains de bancos, la fotografía puede cambiar bastante.




