Brasil está estudiando prohibir las stablecoins extranjeras como USDT y USDC, una medida que afectaría a millones de usuarios y que pondría al mayor mercado cripto de Latinoamérica en una situación inédita. La propuesta llega del propio Banco Central, que ha enviado una nota técnica al Congreso pidiendo restringir el uso de estas monedas digitales por considerarlas un riesgo para la estabilidad del real brasileño.
Para entender la magnitud: las stablecoins son criptomonedas diseñadas para mantener un valor estable, normalmente anclado al dólar uno a uno. La más usada del mundo es USDT (Tether) y la segunda USDC (Circle). En Brasil, según datos de la propia autoridad fiscal del país, las stablecoins ya representan cerca del 90% del volumen cripto que entra y sale del país. No es un mercado pequeño.
Qué dice exactamente la propuesta del Banco Central
El Banco Central de Brasil (BCB) ha remitido una nota técnica al Congreso en la que argumenta que las stablecoins emitidas en el extranjero, fundamentalmente las que están respaldadas por dólares estadounidenses, suponen una amenaza directa para la política monetaria nacional. El razonamiento es el siguiente: si una parte cada vez mayor de los brasileños guarda sus ahorros y hace pagos en activos atados al dólar, el banco central pierde capacidad para gestionar el real.
Es lo que los economistas llaman dolarización por la puerta de atrás. No hace falta que un país adopte oficialmente el dólar como moneda; basta con que sus ciudadanos prefieran ahorrar y transaccionar en algo que se parezca al dólar. Y una stablecoin respaldada uno a uno por dólares cumple esa función con bastante eficacia.
La nota del BCB, según la información publicada por el organismo regulador brasileño, no plantea una prohibición inmediata, sino que pide al Congreso herramientas legales para limitar la circulación de stablecoins extranjeras dentro del sistema financiero del país. La diferencia es relevante: una cosa es prohibir tener USDT en una wallet (la cartera digital donde se guardan las criptomonedas) y otra es impedir que los exchanges locales operen con ellas.
Por qué esto afecta más allá de Brasil
Brasil es, junto con Argentina y México, uno de los mercados cripto más activos de habla hispana y portuguesa. Que su banco central plantee abiertamente prohibir las dos stablecoins más usadas del planeta tiene un efecto demostración que los reguladores de otros países observan con atención.
De hecho, el debate llega en un momento delicado para Tether, la empresa emisora de USDT. La compañía lleva años enfrentándose a dudas sobre la calidad de las reservas que respaldan sus tokens y, en paralelo, ha tenido que adaptarse a la regulación europea MiCA, que entró en vigor de forma plena a finales de 2024 y que ya forzó a varios exchanges del continente a retirar USDT de sus plataformas para clientes europeos.
Si Brasil sigue ese camino, el mapa global de Tether se reduce de forma notable. Estados Unidos no permite su uso a nivel doméstico, Europa lo está restringiendo y ahora el mayor mercado de Latinoamérica abre la puerta a hacer lo mismo. Para los usuarios brasileños, la consecuencia inmediata sería tener que migrar a alternativas: stablecoins emitidas localmente, una eventual versión digital del real, o directamente operar en bitcoin y ether asumiendo la volatilidad. Ninguna opción es perfecta.

Una decisión que recuerda a otros movimientos regulatorios
La jugada brasileña no es nueva en el fondo, aunque sí en la forma. Nigeria intentó algo parecido en 2021, cuando su banco central prohibió a los bancos operar con plataformas cripto. El resultado fue un mercado peer-to-peer floreciente, con los usuarios moviendo stablecoins por canales informales y el regulador perdiendo visibilidad. Tres años después, Nigeria tuvo que dar marcha atrás y diseñar un marco más permisivo.
Europa eligió el camino contrario con MiCA: no prohibir, sino exigir requisitos estrictos a los emisores (reservas auditadas, capital mínimo, autorización local). El resultado ha sido la salida silenciosa de USDT del mercado europeo regulado, sin necesidad de prohibirla expresamente. La regulación, en este caso, ha funcionado como filtro.
Brasil parece estar tanteando una vía intermedia, y aquí es donde la propuesta del BCB se vuelve interesante. La nota técnica no clausura el sector, pide herramientas. Y eso abre tres escenarios distintos: una prohibición pura y dura al estilo nigeriano, una regulación tipo europea que vacíe el mercado de hecho, o una solución mixta en la que las stablecoins extranjeras coexistan con un real digital emitido por el propio banco central, el llamado Drex, que lleva años en desarrollo.
El riesgo de la primera opción es evidente: empujar al usuario al mercado informal y perder cualquier capacidad de supervisión. El de la segunda, generar una migración tecnológica costosa para los exchanges locales. El de la tercera, que el Drex no esté listo a tiempo o que los usuarios desconfíen de una moneda digital controlada por el Estado. La decisión final dependerá del Congreso brasileño, y la discusión apenas empieza. Lo que está en juego no es solo el destino de USDT en Brasil; es el modelo regulatorio que adoptarán los países emergentes ante una realidad incómoda: cada vez más ciudadanos prefieren guardar sus ahorros en dólares digitales antes que en su moneda nacional.




