La crisis climática mata al 7% de los orangutanes de Tapanuli en Indonesia tras cuatro días de lluvias extremas

El estudio revela que en noviembre de 2025 cayeron más de 1.000 milímetros de lluvia en cuatro días, provocando deslizamientos que acabaron con el 11% de la población local. La pérdida de biodiversidad se convierte en un riesgo material para empresas y cadenas de suministro expue

Las lluvias torrenciales y los deslizamientos de tierra, exacerbados por la crisis climática, han matado a 58 orangutanes de Tapanuli —el 7% de la población mundial de esta especie— en la provincia indonesia de Sumatra Septentrional, según un estudio recién publicado. La cifra, que representa el 11% de la población local de este gran simio en peligro crítico, vuelve a poner sobre la mesa el riesgo que supone la pérdida de biodiversidad no solo para los ecosistemas, sino también para la economía y las cadenas de suministro globales.

Los investigadores documentaron que más de 1.000 milímetros de lluvia cayeron en apenas cuatro días en noviembre de 2025, un fenómeno extremo cuya probabilidad aumentó significativamente por el calentamiento global. Esa masa de agua desencadenó corrimientos de tierra en una zona ya castigada por la deforestación, sepultando varios grupos de orangutanes. La especie, conocida científicamente como Pongo tapanuliensis, está considerada en peligro crítico por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

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El dato que enciende las alarmas: 58 orangutanes menos en cuatro días

Quedan aproximadamente 800 individuos en todo el mundo, todos confinados en un fragmento de selva del norte de Sumatra. La muerte súbita de 58 ejemplares supone una pérdida genética y demográfica que los científicos califican de “devastadora”. Además, la especie ya arrastraba una presión insostenible por la expansión de plantaciones de aceite de palma y la construcción de infraestructuras, lo que la la había dejado al borde de la extinción.

La precipitación extrema —más de 1.000 milímetros en cuatro días— superó todos los registros históricos de la región. Los deslizamientos sepultaron a varios grupos de orangutanes que se refugiaban en las laderas, según el estudio que recoge los datos sobre el terreno.

📊 Impacto ecológico en cifras

  • Pérdida directa: 58 orangutanes de Tapanuli fallecidos por los deslizamientos, según el estudio.
  • Porcentaje de la especie: Equivale al 7% de la población mundial y al 11% de la subpoblación local del norte de Sumatra.
  • Precipitación extrema: Más de 1.000 milímetros de lluvia acumulados en cuatro días, una intensidad asociada a un clima más cálido.
  • Ecosistema alterado: La combinación de deforestación y eventos extremos multiplica el riesgo de deslizamientos en el hábitat remanente.

La crisis climática como multiplicador de amenazas: de la deforestación a los eventos extremos

La crisis climática está intensificando los ciclos de lluvias monzónicas en el sudeste asiático. Los informes del IPCC señalan que un planeta más cálido retiene más humedad en la atmósfera, lo que provoca precipitaciones más intensas y frecuentes. En el caso de Sumatra, a este factor se suma la deforestación masiva para el cultivo de aceite de palma, que desprotege el suelo y multiplica el riesgo de corrimientos de tierra.

Esta combinación letal —cambio climático y pérdida de cobertura forestal— explica que un evento meteorológico se convierta en una catástrofe para la biodiversidad. Los orangutanes, que dependen de los árboles para desplazarse y alimentarse, quedaron atrapados sin posibilidad de huir.

La pérdida de un 7% de una población ya crítica no es solo una estadística de conservación: es una señal de que el deterioro de los ecosistemas está alcanzando a las especies más emblemáticas y, con ellas, a los servicios que la naturaleza presta a la economía.

lluvias extremas

El vínculo con la economía: por qué la extinción de especies es un riesgo ESG

Más de la mitad del PIB mundial depende moderada o altamente de la naturaleza, según estimaciones del Foro Económico Mundial. La pérdida de biodiversidad no es solo una tragedia ambiental, sino un riesgo material para las empresas que operan en sectores como la agricultura, la alimentación, la construcción o el turismo.

La desaparición de una especie emblemática como el orangután de Tapanuli supone un daño reputacional para las compañías vinculadas, directa o indirectamente, a la deforestación en Indonesia. Fondos de inversión y reguladores empiezan a exigir que las empresas evalúen su impacto sobre la naturaleza con el mismo rigor que miden su huella de carbono.

El marco del Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con la Naturaleza (TNFD) ya ofrece una guía para que las compañías informen sobre sus dependencias y riesgos asociados a los ecosistemas. A esto se suma la Taxonomía Verde europea, que incluye la protección de la biodiversidad entre sus objetivos medioambientales, y la Directiva sobre Información Corporativa en materia de Sostenibilidad (CSRD), que exigirá reportes detallados a partir de 2024.

La respuesta reguladora: del clima a la naturaleza

La Unión Europea ha aprobado también el Reglamento sobre productos libres de deforestación, que prohíbe la importación de materias primas —como el aceite de palma, la soja o el cacao— si proceden de tierras deforestadas ilegalmente. Esta norma, que entrará en vigor para grandes empresas en 2025, obliga a acreditar la trazabilidad de la cadena de suministro.

Para los productores de aceite de palma en Indonesia, la presión reguladora internacional se traduce en un incentivo para abandonar prácticas destructivas. Sin embargo, las medidas no bastan si no se ataja la raíz del problema: la crisis climática está acelerando la degradación de los hábitats incluso en zonas ya protegidas.

El caso del orangután de Tapanuli demuestra que la acción climática y la protección de la biodiversidad son dos caras de la misma moneda. Las empresas que solo midan su huella de carbono sin considerar su impacto sobre la naturaleza se arriesgan a sufrir lo que los analistas llaman “transición desordenada”: crisis de suministro, sanciones regulatorias y pérdida de confianza de los inversores.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: Evitar nuevas pérdidas como esta exige que las empresas evalúen sus cadenas de suministro y reduzcan la presión sobre ecosistemas donde viven especies críticas; cada tonelada de CO₂ evitada cuenta también para la biodiversidad.
  • Modelo que cambia: La cultura de externalizar el coste ambiental caduca. Las regulaciones europeas obligan a internalizar el coste de la deforestación, lo que transforma el modelo de negocio de las commodities agrícolas.
  • Para las próximas generaciones: Heredarán un planeta con menos diversidad biológica si no se actúa ahora. La supervivencia del orangután de Tapanuli —un referente de la riqueza natural del sudeste asiático— depende de que la acción climática y la transparencia corporativa se conviertan en la norma.

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