Europa está abogando por un modelo que deje de depender de combustibles fósiles para apostar por un enfoque completamente renovable. No obstante, se está enfrentando a un problema estructural y es que las redes europeas no tienen capacidad suficiente para conectar la nueva energía. En este sentido, el último estudio de Ember apunta que hay hasta 120 GW de proyectos renovables en riesgo por no poder conectarse a la red.
Los problemas de la red empiezan a notarse
A partir de ahí, el informe dibuja un escenario en el que la ambición energética choca directamente con los límites físicos de la infraestructura. En más de la mitad de los países analizados, la capacidad disponible de la red es insuficiente para absorber los planes de expansión renovable previstos de aquí a 2030, lo que convierte a las redes eléctricas en un factor determinante del futuro energético europeo.
El principal cuello de botella se encuentra en las redes de transporte, responsables de integrar grandes instalaciones como parques eólicos y plantas solares a gran escala. Según Ember, existe un déficit de alrededor de 104 GW, lo que pone en riesgo buena parte del despliegue previsto. De hecho, hasta el 66% de los 158 GW de nueva capacidad renovable proyectada en los países analizados podría no llegar a materializarse si no se amplía o flexibiliza la red. En algunos casos, como Austria, Países Bajos, Polonia o Portugal, la infraestructura disponible apenas permitiría conectar una fracción mínima de lo planificado.
La consecuencia inmediata es la acumulación de proyectos en lista de espera; de hecho el informe estima que cerca de 700 GW de capacidad renovable se encuentran actualmente en cola para obtener un punto de conexión a la red en los países que reportan datos. Este volumen, es muy superior a la capacidad instalada actual en muchos sistemas eléctricos y refleja tanto el auge de las energías limpias como las limitaciones administrativas y técnicas para integrarlas. En la práctica, esto se traduce en retrasos de años, aumento de costes y una creciente incertidumbre para los inversores.

Por otro lado, a nivel doméstico, el problema también empieza a hacerse visible. Según datos de Ember, hay hasta 1,5 millones de hogares podrían enfrentarse a retrasos para instalar sistemas de autoconsumo solar debido a la falta de capacidad en las redes de distribución. Aunque estas redes muestran, en general, mayor margen para absorber nueva demanda (como cargadores de vehículos eléctricos o bombas de calor), existen importantes desigualdades entre países. España, por ejemplo, figura entre los casos con menor capacidad disponible para electrificar hogares, lo que podría ralentizar la adopción de tecnologías clave para la descarbonización.
Además, la disponibilidad de conexión eléctrica se está convirtiendo en un factor decisivo para la localización de nuevas industrias. Sectores intensivos en electricidad, como los centros de datos o la fabricación avanzada, ya están teniendo en cuenta la rapidez y seguridad de acceso a la red a la hora de decidir sus inversiones. En este contexto, las limitaciones actuales podrían afectar a la competitividad europea y provocar deslocalizaciones hacia regiones con infraestructuras más ágiles.
El agua es el nuevo recurso crítico para la transición energética
Frente a este escenario, el informe subraya que no todas las soluciones pasan por construir nuevas líneas eléctricas, un proceso que puede tardar años. Existen medidas más inmediatas, como el despliegue de tecnologías que optimizan el uso de la red existente o la introducción de contratos de conexión flexible, que permitirían aumentar la capacidad disponible sin necesidad de grandes infraestructuras. Según estimaciones citadas por Ember, estas soluciones podrían desbloquear entre 140 y 185 GW de capacidad adicional, una cifra suficiente para cubrir gran parte del déficit actual.
En paralelo, los expertos apuntan a la necesidad de agilizar los procesos de acceso a la red para priorizar proyectos viables y evitar que iniciativas especulativas bloqueen la capacidad disponible. Algunos países ya están avanzando en esta dirección mediante sistemas de asignación más selectivos o reservas específicas para energías renovables.
En definitiva, el informe concluye que la red eléctrica ha dejado de ser un elemento secundario para convertirse en el eje central de la transición energética. Sin una adaptación rápida y profunda de esta infraestructura, Europa corre el riesgo de ver frenada su apuesta por las renovables, comprometiendo no solo sus objetivos climáticos, sino también su seguridad energética y su competitividad económica





