Rusia legaliza Bitcoin desde el 1 de julio para esquivar sanciones

La Duma aprueba un marco que permite a empresas rusas usar bitcoin y stablecoins para liquidar operaciones con el exterior. Sberbank, el mayor banco del país, prepara su propia plataforma de trading pese a seguir en las listas de sanciones de EEUU y la UE.

Rusia va a legalizar el uso de Bitcoin y otras criptomonedas en pagos al extranjero a partir del 1 de julio de 2026. El objetivo declarado por Moscú es claro: sortear las sanciones occidentales que le cerraron el acceso al sistema financiero internacional tras la invasión de Ucrania.

La Duma, la cámara baja del Parlamento ruso, ha dado luz verde a un marco legal que autoriza a empresas y bancos rusos a liquidar operaciones de comercio exterior con bitcoin y stablecoins (criptomonedas ancladas al valor del dólar o el euro, pensadas para mantener un precio estable). Lo que hasta ahora se movía en una zona gris, pasará a estar regulado y supervisado por el banco central.

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Qué ha aprobado exactamente la Duma

El texto, avanzado por medios como Decrypt y BeInCrypto, permite que compañías rusas paguen y cobren en criptoactivos cuando operen con proveedores o clientes fuera del país. No legaliza pagar el café en bitcoin dentro de Rusia, eso sigue prohibido, pero sí abre la puerta al uso cripto como herramienta de comercio exterior.

Entre las novedades más llamativas figura la entrada de Sberbank, el mayor banco del país y controlado por el Estado, en el negocio de trading de criptomonedas. La entidad, sancionada por Estados Unidos y la Unión Europea desde 2022, prepara una plataforma propia para que sus clientes corporativos compren y vendan activos digitales con respaldo bancario.

El marco también contempla que el Banco Central de Rusia supervise un registro de operadores autorizados. Solo las empresas que pasen por esa ventanilla podrán emitir stablecoins dentro del país o gestionar plataformas de intercambio. Dicho de otro modo, Moscú quiere cripto, pero con su sello.

Por qué Rusia recurre a las criptomonedas

La respuesta corta: porque casi no le quedan alternativas. Desde 2022, Rusia está desconectada de SWIFT, la red que usan los bancos de medio mundo para enviarse dinero, y sus principales entidades no pueden operar en dólares ni en euros. Comerciar con la India, China o Turquía se ha convertido en un rompecabezas logístico-financiero.

Las stablecoins ofrecen una vía. Una empresa rusa puede pagar a un proveedor indio en USDT (la stablecoin más usada del mundo, con una capitalización que supera los 140.000 millones de dólares) sin pasar por la banca occidental. El proveedor la cambia a rupias en su exchange local y todos contentos. Al menos sobre el papel.

El propio gobernador del banco central ruso, que durante años fue muy crítico con el sector, ha ido moderando el discurso. En paralelo, el Kremlin ha tolerado experimentos piloto con pagos cripto desde 2024 y ha empujado el desarrollo del rublo digital, su moneda digital soberana.

stablecoins Rusia

La pregunta que se hace cualquier lector razonable es si esto sirve de algo. Las sanciones secundarias (las que Estados Unidos aplica a terceros países que hagan negocios con entidades rusas vetadas) son el verdadero muro. Y ahí las criptomonedas tienen un problema: las grandes stablecoins como USDT y USDC pueden congelar direcciones sospechosas a petición del Tesoro estadounidense. Tether ya lo ha hecho varias veces con carteras vinculadas a sanciones.

Un movimiento con precedentes y muchas incógnitas

Rusia no inventa nada. Irán lleva años usando bitcoin para cobrar exportaciones de petróleo y pagar importaciones, y Venezuela intentó algo parecido con el fallido Petro en 2018 y más tarde con USDT para sus ventas de crudo de PDVSA. Los resultados han sido mixtos: ayudan en los márgenes, pero no sustituyen a un sistema bancario funcional.

El precedente más cercano en el tiempo es el de la propia Rusia durante 2024 y 2025, cuando ya permitía pruebas limitadas de pagos cripto bajo régimen experimental. Según datos que circulan en el sector, el volumen anual de transacciones transfronterizas con criptoactivos desde Rusia habría superado los 10.000 millones de dólares el año pasado, aunque la cifra es difícil de verificar por la opacidad propia del canal.

Hay tres cosas que merece la pena vigilar en los próximos meses:

  • Cómo reacciona el Tesoro de Estados Unidos. Si incluye a Sberbank en listas específicas por actividad cripto, las contrapartes internacionales se lo pensarán dos veces.
  • Qué stablecoins acaban siendo el vehículo real. Si Tether coopera con peticiones de bloqueo, Moscú podría empujar alternativas menos expuestas, incluso una stablecoin rusa respaldada por rublos.
  • El efecto sobre el precio del bitcoin. La demanda soberana, aunque opaca, es demanda. Y se suma a los flujos de ETFs y tesorerías corporativas que ya sostienen el mercado en 2026.

Lo honesto es reconocer la incertidumbre. No está claro si esta ley será una herramienta real para Moscú o un gesto simbólico para demostrar que tiene plan B. Tampoco está claro cómo encajará en el nuevo orden de sanciones que la administración estadounidense y la Comisión Europea están redibujando este año. Lo que sí parece confirmado es que, nos guste o no, las criptomonedas están dejando de ser un experimento financiero para convertirse en una pieza geopolítica. Con todo lo bueno y lo incómodo que eso supone.


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