El debate sobre la sanidad pública en España lleva años atrapado en una simplificación que no ayuda a resolver el problema de fondo: cómo sostener un sistema universal con recursos limitados en un contexto de envejecimiento poblacional, mayor cronicidad y presión creciente sobre el gasto.
La discusión se ha centrado, en demasiadas ocasiones, en quién gestiona —público o privado—, cuando la evidencia empieza a señalar que la verdadera diferencia está en cómo se gestiona.
Un estudio internacional publicado en NEJM Catalyst, una de las revistas de referencia del grupo The New England Journal of Medicine, aporta datos que deberían obligar a replantear ese debate. El análisis, centrado en 25 hospitales públicos de la Comunidad de Madrid durante casi una década, concluye que los centros que aplican sanidad basada en valor —muchos de ellos bajo modelos de colaboración público-privada— logran mejores resultados clínicos con un menor coste por paciente.
Eficiencia con cifras: los datos que incomodan
El dato más revelador es económico. El gasto público medio se sitúa en 553,88 euros por habitante en los hospitales basados en valor, frente a los 815,86 euros en los centros de gestión directa. Es decir, una diferencia de unos 262 euros por paciente.
No estamos hablando de una desviación marginal. Si este diferencial se extrapolara al conjunto de la población de la Comunidad de Madrid —más de 7 millones de habitantes—, el impacto potencial para las arcas públicas alcanzaría varios miles de millones de euros, una cifra equivalente a una parte significativa del presupuesto sanitario anual. En términos empresariales, esto tiene un nombre claro: eficiencia operativa.
El problema para quienes plantean el debate en términos ideológicos es que los datos no se quedan en el ahorro. Los hospitales analizados presentan una tasa de complicaciones del 3,22%, frente al 3,76%, una estancia media hospitalaria de 4,93 días frente a casi 6, y una satisfacción del paciente del 93,1%, muy por encima de los centros tradicionales.
Es decir, no solo se gasta menos, sino que se obtienen mejores resultados.
Y hay un tercer elemento que desmonta el argumento clásico: no hay selección de pacientes. La complejidad es equivalente y más del 40% de los pacientes tiene más de 70 años. No estamos ante hospitales que tratan casos más fáciles, sino ante sistemas que gestionan mejor la complejidad.
La clave es la gestión
Aquí es donde el debate se vuelve incómodo. Porque la evidencia apunta a que el factor diferencial no es la titularidad del hospital, sino el modelo de gestión. La sanidad basada en valor introduce conceptos que en el ámbito empresarial son básicos: medición de resultados, alineación de incentivos, control de costes y orientación al cliente —en este caso, al paciente—.
Los hospitales que aplican este modelo operan bajo sistemas de capitación, que obligan a optimizar recursos. No hay margen para la ineficiencia estructural que sí permite el sistema de presupuestos históricos.
A esto se suma el uso intensivo de datos, la reorganización de procesos y una cultura de gestión más cercana a la empresa que a la administración tradicional.
El caso madrileño tiene, además, un elemento diferencial: la libre elección de hospital y la publicación de resultados.
Esto introduce una variable poco habitual en el sector público: competencia interna basada en resultados. Los hospitales que lo hacen mejor atraen más pacientes. Los que no, quedan expuestos.
En términos de mercado, es un mecanismo de presión competitiva que incentiva la mejora continua.
Mónica García y el choque con la realidad: una lección de gestión, no de ideología
El problema para el discurso político actual es evidente. La estrategia de limitar la colaboración público-privada parte de la premisa de que estos modelos empeoran la sanidad. Los datos apuntan justo en la dirección contraria.
Esto no significa que cualquier modelo externalizado funcione mejor por definición. Pero sí indica que, cuando se aplica con criterios de sanidad basada en valor, el resultado puede ser más eficiente, más sostenible y, lo que es más importante, mejor para el paciente.
El debate sanitario en España necesita salir del marco ideológico y entrar en el terreno de la gestión. Porque el reto no es menor: garantizar la sostenibilidad del sistema en las próximas décadas.
La pregunta no es si el sistema debe ser público o privado. La pregunta es cómo se organiza para generar el máximo valor posible con los recursos disponibles.
Y en ese terreno, la evidencia empieza a ser clara: gestionar mejor importa más que quién gestiona.




