El mundo atraviesa una transformación sin precedentes. Las guerras, el reordenamiento geopolítico y la erosión del estado de bienestar configuran un escenario donde el dinero, la seguridad y el futuro de millones de personas penden de un hilo. Pablo Gil, economista, explica uno de los principales conflictos que enfrentan los Estados en estos momentos.
El también trader y formador español participó recientemente en el evento Talenland, celebrado en México, donde ofreció una radiografía sin concesiones del momento actual. Sus reflexiones, lejos de quedarse en el terreno de la teoría, tocan de lleno la vida cotidiana de cualquier ciudadano que se pregunte qué hacer con su dinero y cómo sobrevivir a los cambios que se avecinan.
Un nuevo orden mundial que nadie quiere nombrar
Según Gil, el gran error es seguir esperando que las cosas vuelvan a ser como antes. «Estamos en un cambio que va a hacer que el mundo no sea lo que era antes», advierte con contundencia. El segundo mandato de Donald Trump ha acelerado un proceso que muchos intuían, pero pocos querían afrontar: el desmantelamiento del orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial. Las alianzas tradicionales se fracturan, la OTAN pierde coherencia y Europa se enfrenta a la necesidad urgente de asumir su propia defensa.
El impacto de este reordenamiento sobre el dinero de los ciudadanos es inmediato y también silencioso. El más visible llega al depósito del coche: la guerra en Irán disparó el precio del combustible en cuestión de horas. Pero hay otro impacto que aún no se percibe y que Pablo Gil describe como «latente»: el coste del rearme europeo. Con Estados Unidos aportando hasta ahora el 60% del presupuesto de la OTAN, Europa deberá destinar cantidades billonarias a su defensa, dinero que inevitablemente competirá con el gasto social.
Aquí aparece la gran contradicción que Gil señala sin rodeos: el político no puede decirle a la ciudadanía la verdad. Reconocer que no hay dinero suficiente para mantener el estado de bienestar y financiar el rearme al mismo tiempo supondría un suicidio electoral. Así que los gobiernos apagan fuegos, reaccionan ante el problema que más duele en cada momento y posponen decisiones estructurales que nadie quiere tomar.
Qué hacer con el dinero cuando el sistema cruje

Con ese telón de fondo, la pregunta más urgente para cualquier ciudadano es la misma: ¿qué hago con mi dinero? Gil, que ha gestionado fondos de 500 millones de dólares y lleva cuatro décadas analizando mercados, responde sin eufemismos.
Su apuesta actual es el sector inmobiliario, no como especulador sino como financiador de nueva construcción en un mercado donde, según el Banco de España, faltan 700.000 viviendas. «Obtengo una rentabilidad de doble dígito porque el problema no va a menos sino a más», explica.
Pero más allá de dónde invertir el dinero, el economista lanza una advertencia sobre la situación real de los españoles que resulta difícil de ignorar. La narrativa oficial habla del mayor PIB de Europa, del crecimiento envidiable y del dinamismo económico. La realidad, según Gil, es otra: «En España la gente es muy pobre.
La incorporación de millones de personas al mercado laboral ha engordado el tamaño total de la tarta, pero ha reducido la porción de cada uno. La renta per cápita española se encuentra entre las más bajas de Europa occidental y quien lo duda solo tiene que mirar qué pone en el carrito de la compra.
La clase media, ese gran motor de consumo y estabilidad social, está en proceso de extinción. Lo que antes era un estilo de vida sólido hoy es una definición rebajada para no reconocer el empobrecimiento. En ese contexto, Gil ve inevitable la llegada de una renta básica universal como herramienta de supervivencia para millones de personas que quedarán fuera del mercado laboral con la irrupción de la inteligencia artificial.
Pablo Gil no es catastrofista, pero tampoco deja espacio para la autocomplacencia. El dinero que uno tiene hoy vale menos cada año, las promesas políticas no tienen respaldo real y el mundo que conocíamos ha dejado de existir. Quien entienda esto a tiempo, dice, tendrá una ventaja enorme sobre quien siga esperando que todo vuelva a la normalidad anterior.





