El plan estratégico Telefónica entra en fase de urgencia: Marc Murtra ha convocado a su cúpula para acelerar su ejecución. El presidente busca cerrar filas internas antes de que la consolidación europea del sector marque los tiempos. La operadora afronta meses decisivos.
Según publica CapitalMadrid, Murtra ha pedido de manera expresa el apoyo de los principales directivos de la compañía para agilizar los ejes del plan aprobado por el consejo. No es un gesto simbólico. Es la señal de que el margen de maniobra se estrecha.
Un plan estratégico Telefónica con el reloj en contra
La hoja de ruta que presentó el equipo de Marc Murtra tras su llegada a la presidencia contempla tres frentes simultáneos: racionalizar la cartera internacional, reforzar la generación de caja y posicionar al grupo en la consolidación paneuropea que Bruselas empieza a tolerar con menos reticencias que hace cinco años. Cada uno de esos frentes exige decisiones que no admiten demora.
La prioridad, según fuentes del mercado citadas por CapitalMadrid, es desatascar operaciones pendientes en Latinoamérica y avanzar en la integración operativa de los negocios europeos. Los tiempos políticos acompañan. La Comisión Europea ha dado muestras en los últimos meses de estar dispuesta a revisar su doctrina sobre fusiones telco, un giro que podría abrir la ventana que el sector lleva años reclamando.
En paralelo, Telefónica cotiza con un descuento notable frente a comparables europeos como Deutsche Telekom u Orange. Esa brecha, que algunos analistas sitúan por encima del 20% en múltiplos de EBITDA, es tanto el problema como la oportunidad. Si el plan acelera, la revalorización llega. Si se retrasa, el mercado castiga.
Directivos Telefónica: la batalla es interna antes que externa
¿Por qué Murtra necesita pedir apoyo explícito a sus propios directivos? La respuesta no es evidente desde fuera, pero tiene lógica. En una compañía con el tamaño y la cultura de Telefónica, los planes estratégicos se aprueban en consejo y se ejecutan en veinte niveles jerárquicos. Entre el power point del presidente y la decisión operativa de una filial regional hay una distancia que muchas veces se mide en trimestres perdidos.
La convocatoria de Murtra busca acortar esa distancia. Es, en esencia, un gesto de liderazgo clásico: alinear a los que tienen capacidad de decisión intermedia para que remen en la misma dirección, sin filtros ni resistencias pasivas. Lo he visto en otras transiciones de presidencia en el Ibex 35. Cuando funciona, el plan se acelera; cuando no, los consejeros delegados de las filiales acaban teniendo más peso real que el propio presidente.
El margen de error se estrecha para la consolidación telecos
Lo que está en juego va más allá de un ejercicio contable. La consolidación telecos en Europa es el movimiento estructural más relevante del sector desde la liberalización de los noventa, y Telefónica llega a esa mesa con activos valiosos pero con una deuda histórica que le resta agilidad. Cabe recordar que la compañía ha reducido su apalancamiento de forma significativa desde los picos de 2016, pero sigue siendo uno de los operadores más endeudados entre los grandes europeos.
Aquí está mi lectura, y la ofrezco con la cautela que exige un sector donde los planes se revisan cada dieciocho meses. Murtra ha acertado al leer que la velocidad importa más que la perfección: un plan bueno ejecutado rápido vale más que uno excelente que llega tarde. El riesgo, sin embargo, es evidente. Acelerar decisiones estratégicas con un equipo directivo que aún está calibrando su relación con el nuevo presidente puede generar fricciones que penalicen la ejecución operativa del día a día.
El precedente que más conviene tener presente no es el de la propia Telefónica bajo mandatos anteriores, sino el de Vodafone. El grupo británico perdió años enteros en discusiones internas sobre qué vender y qué integrar, y cuando finalmente actuó, lo hizo desde una posición de debilidad. Esa lección está encima de la mesa en Distrito Telefónica.
La próxima presentación de resultados, prevista para después del verano, será el primer test serio. El mercado querrá ver no solo cifras, sino señales concretas de que el plan avanza: desinversiones firmadas, acuerdos paneuropeos en exploración, sinergias cuantificadas. Si las hay, la apuesta de Murtra por mover a sus directivos habrá valido la pena. Si no, la conversación cambiará de tono rápido.
Queda una incógnita que nadie en el sector se atreve a responder con seguridad: ¿llegará Bruselas a autorizar una fusión intraeuropea de primer nivel antes de que acabe 2027? De esa respuesta depende buena parte del encaje del plan. Y de esa respuesta, en último término, depende también el siguiente capítulo de Telefónica.




