Calor adelanta la cosecha en Ponent y los conejos emergen como plaga

Los rendimientos del secano en Ponent alcanzan los 4.500 kilos por hectárea y los precios se mantienen en torno a 200 euros la tonelada. La plaga de conejos sigue lastrando la producción y el calor de mayo amenaza el regadío.

Las cosechadoras ya ruedan en Alfés. El calor ha adelantado una semana la siega del cereal en las comarcas de Ponent, y las primeras estimaciones del secano devuelven un alivio a los agricultores tras el susto de abril. Los rendimientos iniciales rondan los 4.500 kilos por hectárea, una cifra prácticamente idéntica a la del pasado año.

En Alfés, la zona con mayor superficie de cereal de la comarca, las primeras máquinas entraron el 20 de mayo, una semana antes de lo habitual. Las altas temperaturas de los últimos días secaron la humedad residual y permitieron adelantar las labores, que se concentran a partir de media mañana para garantizar la calidad del grano. La cebada lidera el arranque, mientras que los trigos y triticales aún precisan algunos días más de maduración.

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Rendimientos del secano y el temor al grano sobrado

Las lluvias de invierno y primavera han sido determinantes para que el cereal haya alcanzado ese nivel, a pesar de que en abril los termómetros se dispararon y llegó a temerse que el grano quedara “sobtat” —término local para un desarrollo truncado—. De momento, las variedades de cebada no muestran daños significativos, pero los trigos y triticales, más sensibles al calor prematuro, podrían sufrir una ligera merma. El sector respira con cautela.

En el mercado, la estabilidad es la nota dominante. Los precios se mueven en torno a los 200 euros por tonelada, sin cambios relevantes frente a la campaña anterior, y no se perciben impactos inmediatos de la tensión geopolítica en Oriente Próximo. Mientras la oferta global se mantenga holgada, el margen del agricultor de secano seguirá siendo estrecho.

La plaga de conejos, una factura anual para el agricultor

El otro gran quebradero de cabeza es la plaga de conejos. Los animales se comen los brotes cuando la planta apenas asoma, y eso impide que muchas parcelas alcancen la madurez. Las pérdidas se arrastran campaña tras campaña, y este año no será la excepción.

Los conejos se comen el cereal cuando brota, y lo que no nace no se cosecha. Es una plaga silenciosa que año tras año lame los márgenes del secano leridano.

Aunque no existen datos oficiales definitivos, los agricultores de la zona estiman que la plaga puede recortar entre un 5% y un 10% la producción en las fincas más afectadas. Un goteo que, sumado a la presión de precios bajos, estrecha los márgenes y complica la viabilidad de muchas explotaciones.

Impacto en el mercado y la fragilidad del sector

Con precios que se mantienen en los 200 euros la tonelada, el cereal de secano se mueve en una banda estrecha que apenas da margen para absorber sobrecostes. La estabilidad es buena noticia, pero también refleja la falta de tensión alcista en un mercado global donde la oferta sigue siendo amplia. La fragilidad del productor español queda a merced de un clima cada vez más errático y de una plaga que no encuentra solución institucional.

La verdadera preocupación está en el regadío. Las variedades sembradas en esas parcelas aún están verdes y no se cosecharán hasta bien entrado julio. Las temperaturas excepcionalmente altas de mayo podrían frenar el desarrollo del grano y reducir su peso final, que normalmente se mueve entre los 6.500 y los 7.500 kilos por hectárea. Si el termómetro no da tregua, la merma podría ser considerable y pondría en aprietos a quienes apostaron por el riego para estabilizar producciones.

El sector cerealista español lleva años sin levantar cabeza. La competencia de importaciones, el encarecimiento de los insumos y una Política Agraria Común que no termina de compensar los vaivenes del clima dibujan un horizonte complicado. La plaga de conejos añade un factor de riesgo local que, lejos de solucionarse, se cronifica.

En Ponent, la cosecha de 2026 parece, de momento, un aprobado justo. Pero el agricultor sabe que la nota final la pone el clima de las próximas semanas y el apetito de los conejos.


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