El suelo del mercado bajista de Bitcoin ya habría quedado atrás. Esa es, al menos, la lectura que hace Grayscale, una de las gestoras de activos digitales más veteranas del sector, que sitúa el punto más bajo del ciclo entre los 65.000 y 70.000 dólares tocados en los últimos meses. La tesis, firmada por su jefe de análisis Zach Pandl, apunta además a señales tempranas de un nuevo tramo alcista.
La afirmación no es menor. Grayscale gestiona desde hace años algunos de los vehículos de inversión más conocidos para exponerse al bitcoin sin tener que comprar la moneda directamente, y sus informes suelen marcar el pulso del consenso institucional. Si su diagnóstico acierta, los inversores que entraron cerca de esos mínimos habrían comprado en el peor momento del ciclo, algo que pocas veces se confirma hasta meses después.
Qué dice Grayscale sobre el suelo del mercado
Según Pandl, los datos que manejan en la firma apuntan a que el mínimo del ciclo bajista ya se ha producido. El rango de referencia que señala, entre 65.000 y 70.000 dólares, corresponde a los niveles en los que bitcoin cotizó durante la corrección más profunda de los últimos meses, una caída que borró buena parte de las ganancias acumuladas tras la aprobación de los ETFs al contado a comienzos de 2024.
El analista menciona varias señales para sostener la tesis. La primera, la estabilización del precio tras tocar ese rango sin romperlo a la baja de forma sostenida. La segunda, el comportamiento de los flujos hacia los productos cotizados vinculados a bitcoin, que habrían dejado de sangrar salidas para volver a captar dinero neto. Y la tercera, ciertos indicadores on-chain (los datos que se obtienen directamente de la cadena de bloques, como cuántas monedas se mueven o cuánto tiempo llevan quietas en carteras) que, según Grayscale, muestran un patrón similar al visto al inicio de ciclos alcistas anteriores.
Cabe recordar que Grayscale no habla de un regreso inmediato a máximos. Pandl se refiere a señales tempranas, no a una confirmación definitiva. La diferencia importa: los inicios de ciclo alcista suelen ir acompañados de rebotes fallidos y periodos de lateralidad que ponen a prueba la paciencia del inversor medio.
Qué significa esto para el inversor que mira desde fuera
Para quien sigue el mercado sin estar dentro, la pregunta evidente es si tiene sentido creer a una firma que vive de que haya apetito por el bitcoin. Es una objeción justa. Grayscale tiene interés comercial en que el sentimiento del mercado mejore, y conviene tenerlo presente al leer cualquier informe suyo.
Dicho esto, el argumento técnico que plantea Pandl no es caprichoso. Los ciclos de bitcoin han mostrado en el pasado una estructura reconocible: fase eufórica, corrección profunda, suelo, acumulación silenciosa y nuevo tramo alcista. La última vez que vimos un patrón parecido fue tras la caída de Terra en 2022, cuando el ecosistema de la stablecoin algorítmica UST se desplomó arrastrando a buena parte del sector; aquel invierno cripto dejó a bitcoin cerca de los 16.000 dólares y pocos se atrevían entonces a hablar de suelo. Meses después, el rebote estaba en marcha.
Para el lector que nunca ha comprado cripto pero ve la noticia de reojo, el mensaje práctico es sencillo: el precio de bitcoin sigue siendo extremadamente volátil y las previsiones, por fundadas que estén, son eso, previsiones. Que una gestora señale el suelo no significa que no pueda haber nuevas caídas, y menos aún que la subida vaya a ser rápida o lineal.

Ciclos, precedentes y lo que falta por ver
El análisis de Grayscale llega en un momento particular. Estamos a dos años de la aprobación de los ETFs al contado en Estados Unidos, aquellos fondos cotizados que por primera vez permitieron a los inversores tradicionales comprar exposición a bitcoin a través de su bróker habitual, y a un año del último halving, el recorte a la mitad de las monedas que reciben los mineros por su trabajo, que ocurre cada cuatro años y que históricamente ha precedido a fases alcistas del precio. Ambos factores han cambiado la estructura del mercado respecto a ciclos anteriores.
Hay, sin embargo, motivos para la prudencia. El primero, que la participación institucional introduce nuevas correlaciones con la bolsa tradicional: bitcoin se ha comportado en los últimos meses más como un activo de riesgo que como el refugio descorrelacionado que algunos defendían. El segundo, que el contexto regulatorio sigue sin estar del todo resuelto en jurisdicciones clave, y cualquier giro en Washington o Bruselas puede alterar los flujos en cuestión de días. El tercero y más incómodo, que una parte relevante de la recuperación reciente depende de un puñado de actores muy grandes, los emisores de ETFs y unos pocos compradores corporativos, lo que concentra riesgo.
La reflexión que deja el informe es tan interesante como incompleta. Si Grayscale acierta, los próximos meses deberían traer una consolidación por encima del rango señalado y flujos sostenidos hacia los productos cotizados. Si se equivoca, veremos una ruptura a la baja y una corrección adicional que obligará a revisar la tesis. La fecha a vigilar, más que cualquier otra, es la próxima reunión de la Reserva Federal prevista para junio, donde cualquier señal sobre tipos de interés moverá al conjunto del mercado. Hasta entonces, la palabra clave es paciencia.




