El BIS alerta: sin coordinación global, las stablecoins serán una bomba

El organismo que coordina a los bancos centrales advierte de que la divergencia normativa entre jurisdicciones crea oportunidades de arbitraje regulatorio. Con 180.000 millones en circulación, las stablecoins ya tienen peso en mercados de deuda tradicionales.

La regulación de stablecoins avanza a distintas velocidades según la jurisdicción, y el Banco de Pagos Internacionales acaba de encender las alarmas. En su último informe, el organismo que coordina a los bancos centrales del mundo advierte de que la fragmentación normativa puede convertir estos activos en un riesgo sistémico para la estabilidad financiera global.

No es una advertencia menor. Viene de la institución que los bancos centrales consideran su foro de referencia.

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El BIS detecta un frenazo regulatorio preocupante

Según el documento publicado esta semana, el impulso legislativo que siguió al colapso de TerraUSD en 2022 se ha diluido considerablemente. Mientras la Unión Europea completó la implementación de MiCA en diciembre de 2024, otras jurisdicciones clave —Estados Unidos, Reino Unido, Japón— mantienen marcos parciales o directamente incompletos.

El problema no es solo la lentitud. Es la divergencia. Cada regulador nacional define de forma distinta qué es una stablecoin, qué reservas debe mantener, quién puede emitirla y cómo se supervisa. Para el BIS, esta heterogeneidad crea lo que denomina regulatory arbitrage: emisores que eligen jurisdicciones laxas para operar globalmente sin cumplir estándares de reserva adecuados.

El informe señala que el mercado de stablecoins supera ya los 180.000 millones de dólares en capitalización, con Tether (USDT) y Circle (USDC) concentrando más del 85% del volumen. Una cifra que, aunque pequeña comparada con el sistema bancario tradicional, ya tiene implicaciones para los mercados de deuda a corto plazo donde estos emisores aparcan sus reservas.

Por qué la fragmentación preocupa a los bancos centrales

La preocupación del BIS no es abstracta. Se centra en tres escenarios concretos que la falta de coordinación podría desencadenar.

Primero, un run masivo sobre una stablecoin sistémica sin que ningún regulador tenga autoridad clara para intervenir. Si Tether, domiciliada en las Islas Vírgenes Británicas, sufriese una crisis de confianza, ¿qué banco central actuaría como prestamista de última instancia? Ninguno tiene mandato legal para hacerlo.

Segundo, el contagio a mercados tradicionales. Las reservas de las grandes stablecoins incluyen letras del Tesoro estadounidense, repos y depósitos bancarios. Un reembolso masivo obligaría a liquidar estos activos en mercados que ya mostraron fragilidad en episodios como el de Silicon Valley Bank.

Tercero la pérdida de soberanía monetaria. En economías emergentes, las stablecoins denominadas en dólares ya compiten con la moneda local para pagos y ahorro. Sin regulación coordinada, los bancos centrales de estos países ven erosionada su capacidad de implementar política monetaria.

El informe del BIS no ofrece soluciones cerradas, pero sí una hoja de ruta: estándares mínimos globales sobre reservas, auditorías, gobernanza y mecanismos de redención. Algo parecido a lo que Basilea representa para la banca.

MiCA como modelo parcial y sus limitaciones

Europa suele presentarse como el alumno aventajado en regulación cripto, y en parte lo es. El Reglamento MiCA impone a los emisores de stablecoins requisitos de reserva 1:1 en activos líquidos, segregación de fondos y supervisión por parte de autoridades nacionales competentes. Tether tuvo que dejar de ofrecer USDT en la UE al no cumplir estos requisitos; Circle adaptó USDC y obtuvo licencia.

Pero MiCA tiene sus propios ángulos muertos. No cubre stablecoins algorítmicas de forma específica —las que colapsaron con Terra— ni aborda con profundidad las stablecoins respaldadas por activos no monetarios. Tampoco resuelve el problema extraterritorial: un usuario europeo puede acceder a Tether a través de exchanges offshore sin que MiCA pueda hacer mucho al respecto.

El BIS reconoce que MiCA es un punto de partida válido, pero insiste en que solo una coordinación multilateral puede cerrar las brechas. Y aquí es donde la cosa se complica.

El bloqueo estadounidense y sus consecuencias globales

Estados Unidos lleva años debatiendo cómo regular las stablecoins sin llegar a un consenso legislativo. El proyecto de ley que más cerca estuvo de aprobarse —el Clarity for Payment Stablecoins Act— sigue atascado en el Senado. Mientras tanto, la SEC y la CFTC disputan quién tiene jurisdicción, y los emisores operan en un limbo de enforcement selectivo.

Este vacío tiene efectos globales. Dado que las principales stablecoins están denominadas en dólares y sus reservas se invierten en activos estadounidenses, la ausencia de reglas claras en Washington reverbera en todo el ecosistema. El BIS lo dice sin ambages: sin la participación activa de Estados Unidos, cualquier marco global queda cojo.

Creo que aquí está el nudo real del problema. No es que falte voluntad técnica para coordinar; es que las prioridades políticas de cada jurisdicción no coinciden. Europa quiere proteger su sistema financiero y su moneda. Estados Unidos debate entre fomentar la innovación y contener riesgos. Asia juega sus propias partidas con las CBDC. Y mientras, los emisores privados de stablecoins siguen creciendo sin supervisión homogénea.

El informe del BIS no cambiará esto de la noche a la mañana. Pero sí pone sobre la mesa una verdad incómoda: las stablecoins ya son demasiado grandes para ignorarlas y demasiado globales para regularlas país por país. La pregunta es si los reguladores actuarán antes de que un incidente les obligue a hacerlo en condiciones de pánico. La historia financiera sugiere que suelen elegir la segunda opción.


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