Hay batallas que se libran en silencio, con documentos y reuniones sin cámaras, mientras el campo de juego cambia sin que los principales afectados levanten la mano. Marc Vidal ha puesto el dedo en la llaga: la revisión en curso de la normativa audiovisual europea podría imponer criterios de prominencia que decidan qué contenido aparece primero en tu pantalla, no por lo que te gusta, sino por lo que un funcionario considera «interés general». Y los creadores independientes, los que generan 7.000 millones de euros al año en la economía comunitaria, guardan un silencio que el analista define como «bañado de cobardía y sumisión».
Un reglamento con nombre aburrido y consecuencias enormes
En su último análisis, Marc Vidal —que semanas atrás ya dedicó un vídeo completo al tema tras reunirse con la dirección legal de YouTube para Europa y Reino Unido— relata que la Comisión Europea abrió una consulta formal sobre el futuro de las reglas audiovisuales, que permaneció disponible hasta el 21 de diciembre de 2025. Mientras la Unión Europea de Radiodifusión (UER) y otros lobbies entregaban escritos detallados, el gremio de los creadores de plataformas como YouTube prácticamente no apareció por el expediente. «Ahora mismo en Bruselas se está decidiendo el futuro de todo ese ecosistema sin que casi nadie, ni quienes lo crean ni quienes lo consumen mayoritariamente, haya levantado la mano, y mucho menos la voz», sostiene.
El término técnico es prominencia de los servicios de interés general, pero Vidal lo traduce de forma sencilla: «Es el orden en que aparece el contenido en tu pantalla cuando enciendes la tele, la conectas o entras en una plataforma de vídeo». Ya no es teoría: cuatro Estados miembros —Alemania, Francia, Italia y España— han aprobado reglas propias de prominencia, cada uno con sus criterios, y el Media Board europeo la ha situado entre sus prioridades declaradas.
El espejo británico: cuatro pasos que amenazan el algoritmo
Para entender hacia dónde camina la Unión, Marc Vidal se fija en el Reino Unido, donde la Media Act de 2024 ya es un hecho. El sistema británico opera en cuatro pasos: un regulador elabora una lista de servicios públicos dignos de protección (la BBC, ITV…); determina qué plataformas —por número de usuarios— quedan obligadas; exige que esos servicios aparezcan «prominentes y fáciles de encontrar» no solo en el menú de inicio, sino también en las recomendaciones y resultados de búsqueda; y un código de prácticas, vigilado por el mismo regulador, define el significado de «apropiado». «Es el prototipo de lo que se quiere para el continente», advierte. La propia plataforma YouTube ha sido la única voz fuerte del lado de los creadores, denunciando en su blog que estas reglas obligarían a otorgar un trato especial a grupos seleccionados por el gobierno, mientras el resto del contenido independiente cae hacia atrás.
Citando la experiencia francesa, Vidal subraya el peligroso matiz de esa obligación: «En Francia, la prominencia del servicio público no se exige solo en la página de inicio, sino también en las recomendaciones y en los resultados de búsqueda. Esto no solo es el feed, sino cuando busques algo te saldrán otras cosas que tú no buscas». En otras palabras, el algoritmo que te sugiere qué ver a continuación podría quedar domésticado por una lista de prioridades oficiales.
«La libertad de aparecer no se pierde de golpe. Se pierde en una reunión sin cámaras, en un documento que nadie lee, en un orden de aparición que se decide mientras todos mirábamos otra cosa».
— Marc Vidal
De los televisores al feed: el salto regulatorio de 2026
Aunque hoy la prominencia europea es opcional y se centra en las interfaces de televisores conectados, el horizonte legislativo es mucho más ambicioso. Marc Vidal recuerda que el Consejo de Ministros de Cultura de la UE ya ha fijado posición: «El ámbito de la directiva debe ampliarse para cubrir todo tipo de contenido audiovisual, incluyendo el producido por influencers y creadores profesionales, y las disposiciones sobre plataformas de vídeo como YouTube y TikTok deben reforzarse». La Unión Europea de Radiodifusión lo pide sin disimulo: «reglas obligatorias que garanticen la visibilidad del contenido de confianza en todos los dispositivos».
El resultado es que la definición de «interés general» —lo que un funcionario considera merecedor de estar arriba— podría alcanzar a cualquier creador, y la prominencia pasaría del botón del mando a la caja negra del algoritmo. «El objetivo declarado es que la prominencia salte del menú del televisor al algoritmo de recomendación —explica Vidal—. Eso que te puede aparecer en tu pantalla lo marca un funcionario, no la oferta y la demanda».
Y la fecha clave es el 19 de diciembre de 2026, cuando la Comisión Europea está obligada a presentar la evaluación de la directiva audiovisual. Lo que se escriba en los próximos meses condicionará durante años qué contenido se considera digno de aparecer primero en tu pantalla. «Lo que se decide en ese expediente no es una hipótesis, es un proceso legislativo con fechas, artículos y responsables», insiste.
Creadores ausentes, ciudadanos mudos: un conflicto que no es ideológico
La pregunta que sobrevuela el análisis de Vidal es tan sencilla como incómoda: ¿por qué los más de 200.000 empleos directos del ecosistema de YouTube en Europa guardan silencio? Mientras las cadenas tradicionales redactan alegaciones, contratan lobbies y se sientan en todas las mesas, los creadores independientes apenas han aparecido en el expediente. «La trampa es fácil —sostiene—. Ahora el ataque más ruidoso a las reglas digitales europeas viene de la órbita de Elon Musk y cierta prensa que quiere meter todo en un saco ideológico. Pero esto no va de izquierdas ni de derechas, va de si el orden de tu pantalla lo marca la oferta y la demanda o lo marca un funcionario».
La reflexión final de Marc Vidal no es un discurso apocalíptico, sino una llamada a entender que la visibilidad también se legisla. Defiende que la batalla aún tiene margen —Google y los responsables de asuntos públicos de YouTube están dispuestos a pelear—, pero se precisan «legiones» de creadores y ciudadanos que dejen de tratar esto como un asunto técnico ajeno. «Quien sabe cómo funciona el mecanismo deja de ser materia prima del mecanismo», concluye.
Por eso, mientras la maquinaria sigue su curso en Bruselas, la pregunta no es si la regulación llegará, sino quién decidirá qué merece ser visto y a qué costa. En un mundo donde el contenido que consumimos depende cada vez más de un algoritmo, la tentación de que los Estados metan mano es enorme. Y, como recuerda este analista, la libertad de aparecer no se apaga de golpe: se diluye en despachos que nadie retransmite. Quizá el primer paso sea sencillo: saber que alguien está decidiendo por ti. Y hacer algo al respecto.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Marc Vidal en YouTube.




