Cómo la inteligencia artificial está empezando a canibalizar las energías renovables

Cuanto más avanza la inteligencia artificial, más presión ejerce sobre una transición energética.

La inteligencia artificial ya está empezando a tensar el frágil equilibrio del sistema eléctrico global, debido a su alta dependencia de un flujo constante de energía. Y si bien muchos análisis han apuntado a que esta tensión se debe a un infradesarrollo de las redes eléctricas, la irrupción de la IA en nuestras vidas está generando una consecuencia inesperada: la canibalización de las fuentes de energía renovable.

La inteligencia artificial está rompiendo el ritmo de la transición energética

Según sostiene el último informe de Wood Mackenzie titulado «The data centre opportunity: navigating growth, affordability and reliability», la IA está alterando los planes diseñados para la transición energética, a día de hoy su velocidad de integración es insuficiente. En este sentido, la consultora advierte que durante años la transición energética se diseño bajo la premisa de una sustitución progresiva de los combustibles fósiles para dejar espacio a las fuentes renovables. Todo un proceso que debería ser predecible.

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La irrupción de la inteligencia artificial ha convertido estas premisas en sueños rotos, donde los grandes operadores tecnológicos están entrando agresivamente en el mercado energético para asegurarse un acceso prioritario a la energía que está en auge: las renovables, dando pie a toda una tensión en el sistema. Es decir, las tecnologías están creciendo mucho más rápido de lo que la oferta eléctrica se está expandiendo.

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La consecuencia inmediata es una competencia directa por la energía renovable disponible, ya que la solar y la eólica, que inicialmente debían alimentar la electrificación del transporte, la industria y los hogares, están siendo absorbidas de forma creciente por el auge de la computación intensiva y la inteligencia artificial. El propio informe reconoce que el crecimiento de los centros de datos está generando “mayor competencia por la energía limpia” en un momento especialmente delicado para el sistema energético estadounidense.

Y todo ello ocurre en paralelo a una realidad incómoda: las redes eléctricas occidentales llevan décadas funcionando al límite de su capacidad de modernización. Wood Mackenzie recuerda que parte de la infraestructura energética en estados como Massachusetts o Nueva York todavía utiliza torres y sistemas instalados a comienzos del siglo XX.

Redes de transporte y distribución eléctricas
Redes de transporte y distribución eléctricas. Fuente: Agencias

La IA está acelerando así un problema estructural que ya existía, pero que hasta ahora avanzaba a un ritmo mucho más lento. Porque alimentar modelos de inteligencia artificial no implica únicamente construir más parques solares o eólicos; sino que además exige la creación de nuevas líneas de alta tensión, más sistemas de almacenamiento, y el refuerzo de las redes de distribución.

De hecho, una de las mayores preocupaciones que empieza a emerger dentro del sector es quién terminará pagando esta transformación; por ejemplo esta situación ya está generando incertidumbre dentro del mercado americano (el primero en experimentar este auge directo de la IA). Según advierte el informe está empezando a crecer el temor público a que los consumidores tradicionales acaben asumiendo parte del coste de las infraestructuras necesarias para alimentar los nuevos centros de datos.

Posibles soluciones al reto de la canibalización

Para evitarlo, algunas utilities estadounidenses ya están trabajando con legisladores estatales para modificar las estructuras tarifarias y trasladar una mayor parte de los costes directamente a los operadores tecnológicos. Entre las fórmulas que se están estudiando aparecen contratos» take-or-pay”, tarifas especiales y acuerdos mínimos de consumo a largo plazo.

Sin embargo, incluso estas medidas podrían resultar insuficientes si la expansión de la IA mantiene el ritmo actual. El informe deja entrever que el verdadero cuello de botella ya no está únicamente en los chips o en la capacidad de computación, sino en el acceso a electricidad abundante, estable y barata.

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Inteligencia artificial. Fuente: IA, Merca2.

En este contexto, la energía empieza a convertirse en el nuevo activo estratégico de la economía digital. Las regiones con mayor capacidad renovable, acceso rápido a la red y disponibilidad de suelo industrial podrían convertirse en los grandes centros neurálgicos de la próxima ola tecnológica. Y eso explica por qué las grandes tecnológicas están acelerando inversiones directas no solo en centros de datos, sino también en proyectos energéticos.

En definitiva, estamos ante un escenario muy anómalo donde, cuanto más avanza la inteligencia artificial, más presión ejerce sobre una transición energética que todavía no estaba preparada para soportar semejante incremento de demanda.


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