Dos de cada tres inversores institucionales consideran que las criptomonedas son ya un componente esencial para diversificar sus carteras. El dato no sale de un foro de entusiastas ni de una encuesta en redes sociales, sino del último estudio de Nomura, una de las casas de análisis con más peso en Asia y cada vez más influencia en los mercados occidentales.
El 65% exacto. Esa es la cifra que recoge el informe publicado el 19 de abril, según adelanta Coindesk. Y lo relevante no es solo el número, sino el cambio de tono: hace apenas tres años, la mayoría de gestores de fondos institucionales evitaban siquiera mencionar cripto en sus informes trimestrales. Ahora lo incorporan a sus modelos de asignación de activos.
De la resistencia al pragmatismo: qué ha cambiado en 2026
El estudio de Nomura no es un caso aislado. Desde la aprobación de los ETFs spot de Bitcoin en enero de 2024 y, posteriormente, los de Ethereum, el flujo de capital institucional hacia cripto ha seguido una curva ascendente que pocos anticipaban con tanta intensidad. Los fondos de pensiones nórdicos, los endowments universitarios estadounidenses y varios family offices europeos han pasado de experimentos tímidos a posiciones estructurales.
Lo que el informe de Nomura subraya es que la motivación principal ya no es la especulación. El 65% de los encuestados —gestores de fondos, tesoreros corporativos y responsables de inversión de aseguradoras— señala la diversificación como el factor decisivo. Bitcoin, en particular, se percibe como un activo con correlación decreciente respecto a la renta variable tradicional en horizontes superiores a 18 meses.
Eso sí, el estudio no oculta los matices. Un 28% de los institucionales sigue considerando la volatilidad un obstáculo insalvable, y un 19% cita la incertidumbre regulatoria como freno activo a sus asignaciones. Pero incluso entre los escépticos, la postura ha pasado de «nunca» a «no todavía».
El efecto Nomura y la legitimación desde Asia
Nomura no es cualquier firma. Su división de activos digitales, Laser Digital, lleva dos años construyendo infraestructura de custodia y trading para clientes institucionales. Que publique un estudio de este calibre no es solo información; es una declaración de intenciones. Si Nomura dice que el 65% de institucionales ve cripto como diversificación vital, está validando ante sus propios clientes que la tesis tiene respaldo empírico.
El timing tampoco es casual. Japón acaba de implementar un marco regulatorio revisado para criptoactivos que facilita la participación de fondos de inversión cualificados. Hong Kong y Singapur compiten por atraer capital institucional cripto con regímenes de licencias cada vez más claros. El eje Asia-Pacífico, que durante el ciclo de 2021 quedó algo rezagado frente a Norteamérica en adopción institucional, está recuperando terreno.
En Europa, la activación plena de MiCA en diciembre de 2024 ha dado a los gestores un marco legal al que agarrarse. En Estados Unidos, la SEC sigue siendo impredecible, pero los ETFs ya aprobados funcionan como puerta de entrada legítima. El resultado es un mercado institucional fragmentado por jurisdicción pero convergente en la dirección: más exposición, no menos.
Lo que el 65% significa para el ciclo actual
Cuando dos tercios de los gestores profesionales consideran cripto vital para diversificación, el efecto sobre precios y liquidez no es lineal. No significa que el 65% de los activos bajo gestión vayan a fluir hacia Bitcoin mañana. Lo que sí implica es que el suelo de demanda estructural se ha elevado.
En ciclos anteriores —2017, 2021— el capital institucional entraba tarde, compraba cerca de máximos y salía en pánico durante las correcciones. El patrón de 2026 parece diferente. Los flujos hacia ETFs spot de Bitcoin han sido más sostenidos y menos correlacionados con las subidas de precio. Según datos de CoinGlass y Bloomberg, los fondos de BlackRock y Fidelity han registrado entradas netas en 9 de las últimas 12 semanas, incluyendo semanas de corrección del 6-8% en el precio.
Eso no garantiza nada. Cripto sigue siendo un mercado donde la liquidez puede evaporarse en horas y donde un tuit de un regulador puede borrar un 10% de capitalización. Pero la base de demanda ya no depende solo de traders retail y fondos de cobertura oportunistas.
Mi lectura del estudio de Nomura es que el mercado institucional ha cruzado un umbral psicológico. No es que cripto haya dejado de ser arriesgado; es que el riesgo de no tener exposición empieza a pesar en los comités de inversión. Cuando la mayoría de tus competidores está dentro, quedarte fuera deja de ser prudencia y empieza a ser apuesta activa en contra.
El siguiente hito a vigilar: los informes de asignación de activos de los grandes fondos soberanos para el segundo semestre. Si Noruega, Singapur o Abu Dabi formalizan posiciones en cripto, el 65% de Nomura parecerá conservador en retrospectiva.




