Las flotas corporativas -según el último informe de Eurelectric– tienen un potencial innegable, pueden ser las grandes promotoras de la movilidad y el transporte sostenible en suelo europeo. No por nada, ya representan cerca del 60% de las nuevas ventas de coches de la Unión Europea, aunque sólo el 6% del parque total de flotas corporativas es totalmente eléctrico. Entre los principales retos a los que se enfrenta la electrificación de esta clase de empresas, según los analistas de Eurelectric, es la elevada inversión y los altos costes en el corto plazo; además de la evolución desigual.
¿Un buen momento para la movilidad eléctrica en Europa?
Eurelectric indica que 2025 se ha convertido en un año clave para la electrificación en el transporte; según cita el informe, 1 de cada 4 vehículos vendidos en el mundo han sido eléctricos. Además en diciembre del año pasado los vehículos eléctricos superaron por primera vez a la gasolina en matriculaciones dentro de la Unión Europea, e incluso la infraestructura pública de recarga clave para sostener este sistema, según señala Euroelectric, está en su mejor momento desde 2021, superando los 1,2 millones de puntos. Aún así, la realidad es evidente: China supera con creces en transporte sostenible a Europa por escala y coste.
La implementación plena de estos vehículos en las flotas podría tener un impacto económico de 246.000 millones en ahorro operativo acumulado hasta 2030, debido a que se sustituirá entre 85-95 millones de litros de diésel, con un ahorro total de entre 130-140 millones de euros. Según apunta el informe este ahorro operativo se debe a que el opex (coste operativo) de los vehículos eléctricos es menor que los de motor de combustión debido a menos necesidad de mantenimiento y mayores ventajas fiscales.
A esto se le suma su impacto climático, donde no hay debate de sus resultados favorables: hasta 1.000 millones de toneladas de CO2 que podrían evitarse hasta 2030, una cifra equivalente al 5% de las emisiones combinadas previstas de la Unión Europea y Reino Unido en el mismo periodo.

No obstante, para que esta realidad se dé Eurelectric apunta a que sería necesario en torno a 140 TWh de electricidad adicional en 2030. Un aumento de la demanda que lejos de ser considerado como una amenaza para la estabilidad del sistema, podría convertirse en un activo energético flexible.
En este sentido, la generalización de la carga inteligente permitiría desplazar el consumo hacia horas de menor demanda y mayor penetración renovable, reduciendo costes y presión sobre la red. A medio plazo, tecnologías como el vehicle-to-grid (V2G) podrían incluso permitir que los vehículos devuelvan energía al sistema en momentos de tensión, reforzando la estabilidad del suministro.
En paralelo, la infraestructura de recarga continúa creciendo. En este sentido el informe apunta a que Europa ya supera los 1,2 millones de puntos de carga públicos, triplicando la red existente en 2021. El despliegue de corredores de carga rápida en la red transeuropea de transporte avanza con objetivos vinculantes, y en el segmento pesado comienzan a desarrollarse hubs preparados para megavatios de potencia. Aun así, la cobertura sigue siendo desigual entre el norte y el sur, y entre Europa occidental y oriental.
Las cadenas de suministro: el nuevo talón de Aquiles de las energías limpias
En el plano regulatorio, Eurelectric apunta a que el gran catalizador podría ser el futuro Reglamento europeo sobre vehículos corporativos limpios, actualmente en propuesta. La iniciativa plantea objetivos de adopción de vehículos cero y bajas emisiones a partir de 2030 para grandes empresas como las flotas corporativas. Según el informe, de aprobarse, podría generar la demanda adicional de hasta 2 millones de coches eléctricos, reforzando la senda de cumplimiento de los objetivos climáticos comunitarios.

El informe también recoge medidas complementarias que ya han demostrado eficacia: incentivos fiscales directos, penalizaciones por incumplimiento de cuotas, zonas de cero emisiones en entornos urbanos, beneficios en peajes y programas de apoyo específicos para pymes.
Los retos para las flotas corporativas
Con todo, los retos para las flotas siguen siendo relevantes. El principal es financiero: el coste inicial de adquisición, especialmente en camiones eléctricos, puede ser entre dos y tres veces superior al de sus equivalentes diésel. A ello se le suma la incertidumbre sobre el valor residual en el mercado de segunda mano y la necesidad de reforzar infraestructuras de red en determinados corredores logísticos. Además de que la fragmentación normativa entre estados miembros también introduce desigualdades en el ritmo de transición.
En definitiva, Europa, se encuentra ante una ventana estratégica. Las flotas corporativas ya son el principal comprador de vehículos nuevos y el mayor emisor dentro del transporte por carretera. Su electrificación no es todavía plena (apenas el 6% del parque es totalmente eléctrico), pero su capacidad de arrastre es incuestionable. Por lo que habrá que esperar si las previsiones de Eurelectric se cumplen y confiar en que las normativas europeas no caigan en saco roto por la alta burocracia propia del sistema comunitario.




