Reed Hastings abandonará Netflix en junio de 2026. El hombre que enterró a Blockbuster, reinventó la televisión y convirtió el maratón de series en un hábito global dice adiós después de casi tres décadas. No es una salida dramática: Hastings llevaba años delegando el día a día. Pero su marcha cierra un ciclo que empezó con sobres rojos llenos de DVDs y terminó con 280 millones de suscriptores en 190 países.
La pregunta que queda en el aire no es qué hará Netflix sin él. Es si el modelo que él creó puede sobrevivir a la guerra de precios y la fatiga del streaming.
Del videoclub al algoritmo: tres décadas de disrupción
Hastings fundó Netflix en 1997 junto a Marc Randolph con una idea simple: alquilar películas por correo sin multas por retraso. Blockbuster, entonces un gigante con 9.000 tiendas en Estados Unidos, rechazó comprarles por 50 millones de dólares en el año 2000. Aquella negativa se estudia hoy en escuelas de negocios como ejemplo de miopía corporativa.
El salto al streaming llegó en 2007. Pocos apostaban por ver películas en un navegador con conexiones de 2 megas. Hastings sí. En 2013, Netflix estrenó House of Cards y demostró que una plataforma podía competir con HBO en su propio terreno. El resto es historia conocida: Stranger Things, La casa de papel, El juego del calamar. Series que no solo se ven, sino que se comentan, se memeifican y se consumen en atracones de fin de semana.
Lo que hizo Hastings no fue solo tecnológico. Cambió los hábitos de consumo de entretenimiento de dos generaciones. Mis padres alquilaban VHS los viernes; mis hijos no saben qué es un videoclub. Esa distancia de treinta años tiene un nombre propio.
España, laboratorio y mercado maduro
Netflix llegó a España en octubre de 2015 con un catálogo modesto y escepticismo generalizado. Hoy opera como uno de sus mercados europeos más rentables, con producciones locales que han cruzado fronteras: Élite, La casa de papel, El cuerpo en llamas. Según datos de la propia compañía, España aporta más de 6 millones de suscriptores directos, sin contar las cuentas compartidas que la plataforma ha ido restringiendo desde 2023.
La relación con el sector audiovisual español no ha sido siempre cómoda. Productoras tradicionales acusaron a Netflix de inflar presupuestos y distorsionar el mercado de talento. Pero también financió proyectos que ninguna cadena habría arriesgado. El balance es ambivalente, como suele ocurrir con los disruptores.
Un legado que el mercado ya descuenta
Hastings dejó de ser CEO en 2023, cuando cedió el puesto a Ted Sarandos y Greg Peters. Desde entonces ocupaba la presidencia ejecutiva, un rol más estratégico que operativo. Su salida en junio no altera la dirección inmediata de la compañía. Los inversores lo saben: la acción apenas se movió tras el anuncio, según recoge Bloomberg.
Eso no significa que Netflix tenga el camino despejado. La competencia se ha multiplicado. Disney+, Max, Amazon Prime Video, Apple TV+ y media docena de plataformas regionales pelean por el mismo tiempo de pantalla. El crecimiento de suscriptores se ha ralentizado en mercados maduros. La publicidad, que Hastings siempre rechazó, es ahora parte del modelo de negocio.
El streaming ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en un sector maduro con márgenes bajo presión. Netflix sigue siendo el líder, pero liderar un mercado saturado es muy distinto a inventarlo.
Creo que el verdadero test llegará cuando la próxima gran serie de Netflix no venga de Netflix. Cuando el contenido que todos comentan esté en otra plataforma. Ese día sabremos si la marca aguanta sin el impulso del pionero.
Hastings deja una compañía valorada en más de 280.000 millones de dólares, una industria transformada y una pregunta sin respuesta: ¿puede el streaming seguir creciendo, o hemos llegado al techo? El hombre que mató al videoclub no estará para contestarla. Pero dejó las herramientas para intentarlo.





