Los grandes bancos españoles —Santander, BBVA y CaixaBank— monitorizan la posible adquisición del banco portugués Millennium BCP, una operación que, según fuentes financieras, podría alcanzar los 3.000 millones de euros solo por la participación del 20% del gigante chino Fosun. El principal obstáculo no es la financiación ni el encaje estratégico: es el veto frontal que mantiene el Gobierno de Lisboa.
Por qué BCP se convierte en objetivo
La puerta se abre porque Fosun se ha impuesto un drástico plan de reducción de deuda para recuperar el grado de inversión. El conglomerado pretende pasar de 90.000 millones de yuanes (unos 11.500 millones de euros) a 60.000 millones (7.700 millones), y para lograrlo está dispuesto a desprenderse de su 20% en Banco Comercial Portugués, el mayor banco privado y cotizado del país.
Con una capitalización bursátil que ronda los 14.000 millones de euros, la participación de Fosun está valorada en algo menos de 3.000 millones. Si ese paquete sale al mercado, los bancos españoles tienen claro que lanzar una OPA por el 100% sería el siguiente paso lógico para hacerse con el control de la segunda entidad lusa, solo por detrás de la pública Caixa Geral.
Los encajes de BBVA y CaixaBank en Portugal
BBVA ve en BCP la oportunidad de resarcirse del fracaso de la opa sobre el Sabadell. Con un tamaño similar al de la entidad catalana, comprar BCP le daría entrada a un mercado donde hoy tiene presencia testimonial y, sobre todo, le permitiría reequilibrar la cartera geográfica: ahora más de la mitad del beneficio del grupo procede de México y Turquía, en divisas distintas del euro. Inversores y analistas llevan tiempo pidiendo a la entidad que aumente el peso de los países desarrollados y de la moneda única.
La estrategia de entrar con una participación minoritaria para después consolidar el control es, además, una fórmula probada en la casa: así desembarcó en México con Bancomer y, años después, en Turquía con Garanti. CaixaBank, por su parte, ya tiene un pie en Portugal desde 2017 con la compra de BPI. Sumar BCP crearía de forma inmediata el mayor banco del país. Sin embargo, en la última presentación de resultados, el consejero delegado, Gonzalo Gortázar, rechazó cualquier nueva operación y apostó por el crecimiento orgánico. Esa prudencia verbal no cierra la puerta a un movimiento si las condiciones son óptimas.
El principal freno a la operación no es financiero ni de negocio, sino político: Lisboa no está dispuesta a ceder más control de su sistema bancario a entidades españolas.
Santander, presente en el mercado luso con otra de las entidades de referencia, completa el trío, aunque su perfil es más observador que comprador, precisamente porque ya controla una parte significativa del pastel.
El veto político frena las ambiciones españolas
El año pasado, durante la puja por Novo Banco, el ministro de Finanzas portugués, Joaquim Miranda Sarmento, dejó claro que las entidades españolas no debían seguir incrementando su cuota, que ya alcanza aproximadamente un tercio del mercado bancario luso. Esa posición no ha cambiado y, según las mismas fuentes, ningún banco español se lanzará a por BCP si el Gobierno de Lisboa no modifica su actitud, sobre todo después de las heridas que el fracaso de la opa del Sabadell dejó en BBVA.
A favor de la operación soplan vientos europeos: Bruselas ha reactivado el debate sobre la unión bancaria y las fusiones transfronterizas, en pleno proceso de simplificación regulatoria. Esto podría suavizar la resistencia política, pero no la elimina. De hecho, la banca italiana también vigila el activo: Unicredit, ya presente en Polonia, se siente atraído por el negocio polaco de BCP, Millennium, mientras que la aseguradora belga Ageas —con la que BCP mantiene un acuerdo de banca seguros— es otro nombre en la lista de pretendientes.
Un contexto ibérico que obliga a medir cada paso
La operación encaja en el guion de consolidación bancaria que recorre Europa, pero se topa con la realidad de un mercado donde las entidades españolas ya son dominantes. Con Santander, CaixaBank-BPI, Bankinter y Abanca, la presencia española es la más relevante entre los actores extranjeros. Sumar BCP generaría un desequilibrio que Lisboa considera inasumible, incluso con el argumento de la eficiencia y la diversificación del riesgo.
Las fuentes consultadas insisten en que los movimientos son preliminares y que cualquier oferta formal dependerá, primero, de que Fosun ejecute la venta y, segundo, de una señal política que hoy no existe. La vía de una participación minoritaria seguida de una opa gradual, el manual de BBVA, podría ser la fórmula para esquivar una negativa inicial, pero tampoco sortearía el control del regulador y del Gobierno portugués si este mantiene el veto.
📊 Las Claves para el Inversor
- Qué vigilar: La posible venta del 20% de Fosun, que actuaría como detonante y permitiría medir el apetito real de los bancos españoles.
- Reacción del valor: Cualquier comunicación formal de interés dispararía la cotización de BCP, aunque el descuento por riesgo político seguiría siendo un lastre.
- Precedente sectorial: La fallida opa de BBVA sobre Sabadell y la venta de Novo Banco al francés BPCE muestran que, en el nuevo mapa ibérico, la política pesa tanto como los múltiplos.





