He analizado el nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la cifra que me ha hecho detenerme es contundente: un 91% de probabilidades de que al menos un año entre 2026 y 2030 supere el límite de 1,5 °C de calentamiento global respecto a los niveles preindustriales. Publicado este 2 de junio de 2026, el documento, elaborado con datos de 13 instituciones científicas y más de 250 simulaciones climáticas, consolida el escenario de récords térmicos que venimos anticipando los analistas de riesgos macro y pone el foco en la exposición de sectores tan tangibles como la agricultura o los seguros.
Las previsiones del informe de la OMM
No se trata de un titular aislado. El estudio desgrana un abanico de proyecciones que, en mi lectura, tienen implicaciones directas para la economía global:
- Rango 2026‑2030: la temperatura media anual oscilará entre 1,3 °C y 1,9 °C por encima del período 1850‑1900.
- Superación del umbral de París: la probabilidad de rebasar temporalmente 1,5 °C en al menos uno de esos cinco años es del 91%, tras haberse alcanzado ya 1,55 °C en 2024.
- Año más cálido: un 86% de que algún ejercicio del lustro supere a 2024, que hoy ostenta el récord.
- Impulso de El Niño: si a finales de 2026 se desarrolla un episodio de El Niño, las posibilidades de que 2027 marque un nuevo máximo histórico se disparan.
- Impacto desigual: el Ártico se calentará al doble de velocidad que la media planetaria; la Amazonía registrará condiciones más secas y mayor estrés hídrico; mientras que el Sahel, el norte de Europa, Alaska y Siberia recibirán lluvias superiores a lo habitual.
«El posible desarrollo de un episodio de El Niño hacia finales de 2026 aumentaría las posibilidades de que 2027 marque un nuevo récord de temperatura». — Leon Hermanson, autor principal del informe de la OMM.
La OMM matiza que sigue siendo extremadamente improbable superar los 2 °C antes de 2030 y recuerda que el objetivo del Acuerdo de París se mide sobre promedios de largo plazo, no sobre registros anuales puntuales. Sin embargo, desde la perspectiva de los inversores, la secuencia de choques anuales no es inocua: cada año de calor extremo funciona como un multiplicador de costes.
Un riesgo económico sistémico con ramificaciones globales
Lo que veo en este informe va más allá de la climatología. Las olas de calor recurrentes, las sequías en regiones exportadoras clave y la mayor frecuencia de incendios forestales erosionan la productividad agrícola y encarecen materias primas como el trigo, el maíz o el café. De hecho, las cosechas de 2024 y 2025 ya dieron señales de tensión en Centroamérica y el sudeste asiático, y un 2027 con El Niño podría amplificar esa dinámica.
El sector asegurador lleva años incorporando el factor climático en sus modelos de suscripción, pero un incremento sostenido de siniestros catastróficos (inundaciones en el norte de Europa, incendios en la cuenca mediterránea) acelera el endurecimiento de primas y la retirada de coberturas en algunas geografías. Eso traslada el coste de la adaptación a los Estados, lo que a medio plazo presiona la deuda soberana de los países más expuestos. En paralelo, materias primas energéticas como el gas natural también se ven afectadas: inviernos más crudos en el hemisferio norte, seguidos de veranos tórridos que disparan la demanda de electricidad, generan una volatilidad en los precios que complica la labor de los bancos centrales.
Con todo, la variable que más me ocupa es la inflación de alimentos. Un rally de las materias primas blandas no solo afecta a los países emergentes; en economías avanzadas, la factura de la cesta de la compra se convierte en un vector de segunda ronda que los policy makers no pueden ignorar. Por eso, aunque la OMM insista en que estas proyecciones son una herramienta de anticipación y no una condena, el mercado ya está descontando parte de ese riesgo en los spreads de los bonos de países agrícolas y en la cotización de las reaseguradoras.
🌍 El impacto en España y Europa
Para el lector español, la traducción es directa. España es el segundo mayor productor hortofrutícola de la Unión Europea, con una cuota exportadora del 20 % en frutas y hortalizas. Un patrón de sequías más frecuentes en la Península Ibérica —compatible con las proyecciones de la OMM— eleva los costes de riego y reduce el volumen exportable, lo que erosiona la balanza comercial y retroalimenta la inflación de los alimentos en el conjunto de la eurozona. Un IPC de alimentos persistentemente alto es la peor noticia para el BCE, justo cuando trata de devolver los tipos al terreno neutral; cualquier nueva presión alcista prolongaría el tono hawkish de Fráncfort y mantendría el Euríbor en niveles restrictivos para las hipotecas variables.
Además, los incendios forestales y las olas de calor extremas, cada vez más frecuentes en el sur de Europa, elevan las primas de seguro de hogar y de las pólizas agrarias, incrementando los costes fijos de familias y empresas. El turismo, uno de los motores de nuestra economía, también se enfrenta a un horizonte complicado si los meses de julio y agosto se vuelven insoportables en el Mediterráneo. En resumen, el aviso de la OMM no solo debe leerse en clave ambiental: es una alerta temprana sobre la resiliencia de los balances familiares y empresariales en España durante la segunda mitad de esta década.



