Andrés Tirado, sacerdote exorcista: “Los demonios no tienen cuerpo; pueden materializarse como sombra, animal o ser humano”

Andrés Tirado afirma que los demonios son entidades incorpóreas capaces de manifestarse en diversas formas, con jerarquías definidas y presencia real, desafiando explicaciones científicas y cuestionando las representaciones tradicionales instaladas por la cultura y el cine.

El sacerdote Andrés Tirado pasó de las peligrosas calles juveniles a los rituales de liberación espiritual tras una visión que transformó su destino. Lo que inició como una vocación parroquial convencional derivó en una confrontación directa con lo inexplicable. Hoy, el exorcista relata cómo su formación racional colapsó ante fenómenos que la ciencia no logra explicar mediante la simple sugestión.

Para Tirado, los demonios no son caricaturas medievales con cuernos, sino entidades incorpóreas capaces de materializarse en sombras o figuras humanas. El experto advierte que estas fuerzas operan bajo jerarquías estrictas y que su influencia es una realidad tangible que el cine suele distorsionar.

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Andrés Tirado tenía entre 14 y 15 años cuando una visión de la Virgen lo sacudió en medio de una noche de borrachera y balacera. Ese instante fue el detonante que lo alejó de un ambiente que ya había consumido a varios de sus amigos y los había llevado a la cárcel, a la indigencia o a la muerte. Poco después se integró a grupos parroquiales, no por convicción espiritual sino por curiosidad y por la compañía que ofrecían. Desde ahí comenzó un proceso vocacional que terminó convirtiéndolo en sacerdote.

El primer encuentro real con lo inexplicable llegó durante una semana santa. Una mujer le pidió que orara por ella y, al imponerle las manos, los dos sintieron un calor intenso. Días después, ella regresó con sus exámenes médicos en la mano: los miomas que la obligaban a someterse a una cirugía habían desaparecido por completo. Para Tirado, formado en una teología científico-crítica que reducía estos fenómenos a sugestión o efecto placebo, ese episodio fue un quiebre mental y espiritual que no supo cómo resolver desde la teoría. La realidad lo superó.

El siguiente caso fue aún más contundente. Una mujer traída para recibir una oración comenzó a gritar de forma incontrolable al momento en que el sacerdote le impuso las manos. Su voz cambió de tono y se volvió masculina. Al preguntarle su nombre respondió con otro. Al preguntarle por qué estaba ahí dijo que no pensaba irse. Tirado no tenía formación en exorcismo. Actuó por instinto y finalizó la oración. La mujer volvió en sí sin recordar nada. Eso fue suficiente para que dedicara el resto de su carrera a entender lo que había ocurrido.

Lo que el cine no muestra: cómo son realmente los demonios

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Fuente: agencias

Una de las ideas que Tirado más insiste en corregir es la imagen medieval que el cine y la literatura han instalado en el imaginario popular. Los demonios no tienen cuernos ni tridente ni piernas de carnero. Esas figuras son construcciones simbólicas de la Edad Media que respondían a intereses políticos y culturales y no a ninguna descripción teológica real. En las escrituras no existe ningún pasaje que los describa con esos rasgos.

Lo que sí existe, según su experiencia directa, es una presencia que puede manifestarse de maneras completamente distintas. Los demonios son espíritus sin cuerpo físico y por esa razón pueden adoptar formas diversas: una sombra, un animal, una figura humana o incluso una presencia imperceptible que actúa sobre las personas desde adentro. En los exorcismos que ha realizado ha visto cómo esas entidades hablan a través del poseído con voces distintas a las de la persona, cómo objetos salen volando del altar y cómo crucifijos se voltean o se parten sin causa aparente.

Tirado también distingue entre distintos tipos de casos. La mayoría de las posesiones que atiende no involucran a los demonios de mayor jerarquía sino a espíritus desencarnados, es decir, personas fallecidas que no alcanzaron un nivel espiritual suficiente y quedan atrapadas en una dimensión intermedia. Solo en casos más complejos, vinculados a rituales de brujería o pactos deliberados, aparecen entidades de mayor poder.

La organización interna de los demonios, afirma, es real aunque difícil de describir con precisión. Guardaron la estructura jerárquica del reino celestial del que fueron expulsados, pero con una lógica opuesta al amor y el servicio. Es una estructura basada en el miedo y el sometimiento. Cuanto más alto el rango, más difícil y elaborado es el ritual necesario para invocarlos, y más peligrosa la confrontación.

Para este sacerdote que comenzó sudando de miedo en una oración improvisada, cada exorcismo es hoy el resultado de años de formación, discernimiento y fe. Y una certeza que no negocia: los demonios no son una metáfora.


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