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En España, el vino es sinónimo de disfrute máximo cuando se conjunta con jamón. Hay una gran variedad de vinos: blancos, espumosos, tintos, achampanados, etc. Uno de ellos, el vino blanco, es elegancia y finura y nuestras tierras dan unos jugos espectaculares.

A la hora de seleccionar un buen vino blanco muchas personas no saben bien por dónde comenzar. Lo cierto es que conocer las claves puede ser algo difícil, sobre todo porque el mercado del vino selecto no es tan amplio, pero sí hay detalles que puedes conocer, como por ejemplo el hecho de que hay varios tipos: los semisecos, los secos y los dulces.

El blanco seco

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Este tipo de vino es ligero y joven. La peculiaridad que tiene es que no pasan en ningún momento por una barrica. Carecen de azúcares residuales y posibles extractos (es el cuerpo del vino). Se sirven en la copa muy fríos y se pueden tomar con un aperitivo o solos (o con comidas ligeras). Tienen una gran concentración dentro del extracto y a pesar de ser muy secos, tienen el sabor dulce de la fruta muy madura. Es curioso que unos suelen envejecer en una botella y otros en barrica.

Los semisecos son muy olorosos y pueden ser embotellados sin dejar que todo el contenido de su azúcar se transforme en alcohol. Suelen acompañar a platos ligeros (platos fríos, arroz, etc.). El vino dulce tiene mucha concentración de extractos y azúcares, lo que le dote un carácter de complejos.

Está de moda el vino blanco afrutado que hace referencia al olor del vino sin tener en cuenta el grado del azúcar. Suelen ser ligeros y bastantes jóvenes.

El color ocre

El color del vino blanco procede del poco contacto que tiene durante su fermentación del mosto con todas las pieles de las uvas que tienen la propia pigmentación. Su color es la suma de la coloración de la uva que se use, el método empleado (crianza, etc.) y la edad que tenga.

Los vinos blancos que son jóvenes tienen un color amarillento más bien claro, brillantes y que muestran toda la frescura. Los vinos blancos jóvenes suelen tener un color amarillo claro, brillante, que nos muestran su frescura. Las crianzas y el paso del tiempo en los blancos los vuelven amarillos más intensos, dorados, color oro e incluso ámbar. Cuando el color de un blanco es amarillo oscuro, ocre, suele considerarse un blanco defectuoso u oxidado y no lo debes de comprar ni consumir.

lo mejor es probar muchos vinos para saber cuál te gusta más

La mayor parte de los vinos son jóvenes. Los blancos se pueden consumir entre los dos y diez años. En España, hay una serie de requisitos mínimos para la clasificación de estos finos. El vino blanco joven no se suele someter al proceso de envejecimiento en barrica y el vino de crianza debe de permanecer 18 meses en la bodega. El de reserva está seis meses en madera y se pone a la venta en su tercer año. El gran reserva está cuatro años y al menos seis meses en barricas. Se venden al sexto mes.

Las uvas blancas

Hay que experimentar con todos los blancos probando no sólo los diferentes tipos sino las diversas variedades de uva como Moscatel, Shaiber, Albariño, Godello, Verdejo, Riesling, etc. Lo mejor es intentar consumir botellas de vino de cada tipo y viñedos para poder valorar todas las opciones.

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El vino debe de equilibrarse y complementar todos los alimentos y se puede acompañar con todo tipo de comidas, en función de la acidez, azúcar, acidez y envejecimiento del vino.

Un reserva y un gran reserva se utilizan para comer con carnes o pescados y los más jóvenes se usan mejor con una comida más ligera (una ensalada, un buen tomate, unos buenos embutidos ibéricos, etc).