La llegada de la Vuelta Ciclista a España siempre supone una fiesta para los aficionados al deporte, pero también una pequeña tormenta para los fans de la ficción televisiva. RTVE se enfrenta un año más al reto de comparar su programación de tarde con el ciclismo y sus series más vistas, ‘La Promesa’ y ‘Valle Salvaje’. La edición de 2025, que empieza este sábado 23 de agosto, ha forzado a la cadena pública a llevar a cabo cambios en su programación que no han sido bien aceptadas por todos los espectadores.
CAMBIOS EN «LA PROMESA» QUE GENERARAN MUCHO RUIDO

La serie ‘La Promesa‘ ha cogido desprevenidos hasta los directivos de RTVE. Estrenada hace tiempo, la ficción de corte décimo que se ha convertido las tardes de La 1 en un sólido bastión de la pública, continuando con su fiel legión de seguidores y conversaciones abiertas en redes sociales. Su éxito no solo reside en lo que cuenta , sino también en la estabilidad del momento elegido para lanzarla.
Cada día, a las 18:10, millas de espectadores ponen la tele para seguir los vaivenes narrativos de Jana, Manuel y el resto de personajes. Alterar esa rutina acarrea consecuencias rápidas. Como sucedió el pasado julio, por ejemplo, cuando la cobertura del Tour retrasó varios capítulos y las quejas afloraron por las redes sociales.
El público no se amansa tan fácil ante un cambio, ya que la tarde es una franja estrictamente relacionable con determinados rituales de la vida cotidiana: el público que ve la serie suele hacerlo en el mismo momento y en directo. Una modificación del horario, aunque sea de unos pocos minutos, causa desconcierto y baja el nivel de la adherencia de la audiencia.
ESTRATEGIAS PASADAS Y POSIBLES SOLUCIONES PARA ESTE AÑO

No es la primera vez que RTVE se encuentra con este dilema. Durante el Tour de Francia de 2023 había experimentado con varias fórmulas que podrían volver a replicar. Una de ellas había asistido en retirar temporalmente ‘La Promesa‘ , a la vez que reforzar ‘Valle Salvaje ‘ con dobles capítulos. A los seguidores de esta última no les sirvió de nada, pero tampoco les permitió mantener cierto equilibrio entre la ficción y la retransmisión de eventos deportivos.
Otra alternativa que ha explorado la corporación es la de los episodios especiales. Su caso más reciente lo encontramos el 14 de agosto, al tener la oportunidad de pulsar el botón de emergencia gracias a la llegada de un capítulo centrado en el personaje de Curro, con su promoción y sección en RTVE Play. Este tipo de emisiones eventuales pueden ofrecer un colchón: en la medida en que el espectador pase el primer episodio a ver uno diferente a modo de ácido, podrá permitir añadir valor a la serie.
La opción tercera, y podría a justificarse que la más arriesgada, consiste en desplazar los capítulos a una hora diferente, o incluso a otra cadena, como puede ser la de La 2. El inconveniente radica en que cambiar de canal significa romper con la rutina hasta llegar al cambio de horario, con lo que se multiplican los riesgos de fuga de la audiencia. RTVE tiene que reflexionar si compensa trasladar cualquier tipo de serie de su serie estrella, con las consecuencias que eso conlleva, o prefiere sacrificar parte de su retransmisión de ciclismo anexo a su canal preeminente.
EL ATRACTIVO DE LA VUELTA Y LA BATALLA POR LA AUDIENCIA

La otra cara de la moneda la protagoniza el ciclismo, ya que RTVE tiene muy claro que los tramos finales de las etapas le reportan un impacto positivo en cuota de pantalla. Las llegadas en alto y las etapas de montaña, que este año son muchas, suponen un atractivo para los aficionados, y una enorme cuota de pantalla para La 1. No retransmitir esos finales supondría desaprovechar uno de los principales acontecimientos deportivos del verano en España.
Además, la Vuelta no solo es deporte: la Vuelta es también una producción de alto nivel, con imágenes espectaculares de paisajes y ciudades que funcionan como una carta de presentación de España ante el mundo. Cada retransmisión sabe a la vez una emoción deportiva y un componente turístico y cultural que combina, a la perfección, con la misión de RTVE como cadena pública. Es decir, la apuesta por el ciclismo tiene un valor que va más allá de las cifras de audiencia.
No obstante, el asunto no ha desaparecido del todo: por un lado, el aficionado del ciclismo espera llegar a este tipo de finales como L’ Angliru , Cerler o El Morredero ( para ello se organiza un viaje, se cancela algún plan, etc.), mientras que, por el otro, el seguidor de las series cinematográficas siente que se rompe su rutina. Esa tensión entre deporte y ficción transmite un conflicto de mayor escala que es el hecho de que la televisión de línea indefinida tiene cada vez más problemas para satisfacer a públicos diversos, logrando encontrar los puntos de coincidencia entre varias audiencias simultáneamente.




































