Barclays: robots humanoides compensarán el 60% de la caída laboral en China para 2035

El banco británico calcula que la automatización con humanoides sostendrá la producción en un país que perderá 120 millones de trabajadores en edad activa. La previsión reaviva el debate sobre el impacto de la robótica en el empleo mundial.

La robotización masiva compensará el 60% del desplome de la población activa china hasta 2035, según Barclays.

Claves de la operación

  • Barclays proyecta un 60% de sustitución laboral por robots. El banco británico anticipa que, en 2035, la automatización reemplazará 72 millones de puestos perdidos por la demografía en China.
  • La industria china ganará tiempo para su reconversión. Mantener la producción sin trabajadores es viable si la robótica crece al ritmo previsto por los analistas.
  • Europa observa el experimento chino como un laboratorio. Con una pirámide poblacional similar, España perderá 4,5 millones de activos en una década; el modelo de Pekín podría anticipar recetas para Bruselas.

El desplome demográfico chino acelera la carrera robótica

La previsión de Barclays no surge de la nada. China afronta la mayor contracción de su población en edad activa desde la fundación de la República Popular. Según la Oficina Nacional de Estadística, el número de personas entre 16 y 59 años caerá de los 876 millones en 2025 a menos de 760 millones en 2035. Ese vacío de unos 120 millones de trabajadores obliga a repensar el modelo productivo.

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Aquí entran los robots humanoides. Barclays estima que la automatización asumirá el equivalente a 72 millones de puestos de trabajo, casi dos tercios de la pérdida demográfica. El informe, citado por Bloomberg, sostiene que la velocidad de adopción de esta tecnología en el gigante asiático superará la de Occidente por razones de pura necesidad.

La robótica humanoide, que imita la movilidad y destreza de una persona, ha pasado de la ciencia ficción a los almacenes y las fábricas. Empresas chinas como Unitree y fabricantes estadounidenses como Tesla han mostrado prototipos capaces de caminar, manipular objetos y operar turnos de diez horas. Estos sistemas, aún en fase piloto, ya trabajan en líneas de montaje de vehículos eléctricos y centros logísticos.

El cálculo del banco británico no es una mera extrapolación. Incorpora la curva de costes descendente que trae consigo la producción masiva: si hoy un humanoide cuesta alrededor de 150.000 dólares, en 2030 podría bajar de los 30.000, según analistas del sector. Para una empresa con cuellos de botella demográficos, la cuenta es sencilla: el robot se amortiza en menos de dos años comparado con el coste laboral de un operario en Shanghái o Shenzhen.

La cuenta atrás para la industria china: ¿pueden los robots llenar el hueco?

Aunque las cifras impresionan, el reto no es solo de volumen. La productividad de los robots humanoides dista aún de la humana en tareas que requieren improvisación o manipulación fina. Un informe del Foro Económico Mundial de 2025 señalaba que solo el 12% de las tareas industriales chinas podían ser completamente automatizadas con la tecnología actual. El salto hasta ese 60% implica avances en inteligencia artificial, baterías y sensores táctiles que no están garantizados.

La robotización masiva no es una opción para China: es la única salida ante un desplome demográfico sin precedentes.

Además, la integración de decenas de millones de robots exige una inversión de capital que pocos países pueden permitirse. Barclays no detalla la factura total, pero el coste de reemplazar 72 millones de puestos con humanoides podría superar el billón de euros a los precios actuales. El gobierno de Pekín ya ha puesto en marcha un plan quinquenal con subsidios para fabricantes de robótica, pero la escala es descomunal.

La mayoría de los expertos consultados consideran que la inversión estatal china es el principal catalizador.

El espejo chino para el empleo en España y Europa

Las proyecciones demográficas españolas presentan un patrón inquietantemente similar. La población activa española se contraerá en 4,5 millones de personas para 2035, según el Instituto Nacional de Estadística, con una tasa de dependencia que se dispara. La diferencia es que, en lugar de invertir en robótica, el debate en España todavía gira en torno a la ampliación de la edad de jubilación o la inmigración selectiva.

No obstante, las cuentas de Barclays invitan a pensar en un giro. Si se extrapolara la tesis al mercado español, harían falta unos 200.000 robots humanoides para cubrir la mitad de la caída laboral prevista. La cifra parece modesta comparada con los 72 millones chinos, pero para una economía que aún debate la cuarta revolución industrial, el desafío es cultural y financiero.

Barclays no es un actor desconocido en España: el banco llegó a tener más de 500 oficinas antes de vender su negocio minorista a Bankia en 2015, y hoy concentra sus esfuerzos en banca de inversión y estudios sectoriales de gran impacto.

El plan chino, sin embargo, tropieza con las sanciones tecnológicas de Washington. La gran mayoría de los chips avanzados que necesitan los humanoides se fabrican en Taiwán y Corea del Sur, y Pekín no tiene acceso a las máquinas de litografía más avanzadas. El riesgo de un atasco en la cadena de suministro no es menor.

El informe de Barclays pone cifras a un futuro que ya es presente en las fábricas de Shanghái. La pregunta para los inversores europeos es si la próxima gran ola de productividad vendrá de los robots o de la reinvención de una fuerza laboral menguante.


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