Lagarde alerta de que la inflación de la zona euro repunta al 4% y la IA amenaza con desanclarla

El índice armonizado se sitúa en el 4% interanual y deja a España un punto por encima, en el 5%. Lagarde sostiene que la fijación algorítmica de precios puede devolver la volatilidad que el BCE dio por controlada.

La inflación de la zona euro repunta al 4% en octubre, el nivel más alto en tres años. El encarecimiento de la energía explica el grueso del salto, pero la advertencia que dejó Christine Lagarde en su última comparecencia apunta a otro sitio: la inteligencia artificial y su capacidad para desanclar las expectativas de precios.

El dato adelantado del índice armonizado de precios al consumo deja la tasa interanual un punto por encima de la de septiembre y en un registro que no se veía desde hace tres ejercicios. Los registros de Eurostat sobre el IPCA confirman una aceleración que llega, además, con la actividad perdiendo fuelle en Alemania, Francia e Italia.

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La brecha con España vuelve a abrirse. El mismo indicador se sitúa en el 5% en el caso español, un punto por encima de la media de la eurozona, una diferencia que no se daba desde el invierno de 2022. El peso del turismo y de los servicios de temporada en la cesta española explica parte de esa resistencia. No toda.

La energía explica el salto y rompe tres años de calma

El componente energético aporta la mayor parte de la aceleración: la electricidad, el gas, y los carburantes cotizan por encima de los niveles del ejercicio anterior, y el efecto base juega en contra. Los servicios, mientras tanto, no ceden. La subyacente, que excluye energía y alimentos, se mantiene pegajosa, y eso es lo que de verdad incomoda en Fráncfort.

El mercado se ha movido antes que el banco central. Los futuros sobre tipos descuentan ya dos subidas hasta el 3%, un escenario que a comienzos de septiembre nadie tenía en la mesa. El euríbor ha dejado de descontar bajadas y las hipotecas variables que se revisen en el cuarto trimestre van a notar ese giro.

El 4% no es la cifra preocupante. Lo preocupante es que vuelva a subir justo cuando el BCE daba la batalla por ganada.

Hay un detalle que se pierde en los titulares: el 4% llega con la economía europea en frenada, no en plena expansión. Alemania roza el estancamiento y el sector industrial sigue ajustando plantilla. Subir tipos con el PIB desacelerando es la peor combinación posible para cualquier empresa que dependa del crédito para invertir.

Lagarde mira a la IA: los precios que la estadística no sabe medir

La presidenta del BCE ha insistido en sus últimas intervenciones en que el riesgo ya no es solo la energía. Las herramientas de fijación dinámica de precios, cada vez más extendidas en el comercio electrónico y en los servicios digitales, permiten ajustar tarifas en tiempo real y en función del usuario. El marco de seguimiento del banco central está disponible en su página oficial de política monetaria.

El problema no es que la IA suba los precios por sí sola. El problema es que los vuelve más volátiles y más difíciles de leer. Un algoritmo que reajusta márgenes cada hora en un mercado concentrado genera una inflación que los índices capturan tarde y mal. Y un banco central que mide tarde y mal tiene un problema de credibilidad, no de estadística.

Lagarde inflación

Para el consumidor, la traducción es sencilla: la cesta de la compra se encarece otra vez después de dos años de tregua. Para la empresa, el cálculo es menos visible y más caro. El coste del crédito sube, la demanda se enfría y los márgenes reconstruidos con esfuerzo vuelven a quedar en el aire.

El BCE se juega la credibilidad, no el decimal

Conviene recordar el antecedente. En 2021 el BCE sostuvo durante meses que la inflación era transitoria, y cuando rectificó acumulaba un año de retraso. Aquel error se pagó con una batería de subidas consecutivas y una recesión técnica que nadie quiso asumir en público. El patrón amenaza con repetirse, aunque con un matiz incómodo: el shock energético de 2022 tenía una causa identificable; el de ahora tiene varias a la vez.

Mi lectura es que Fráncfort subirá en diciembre, probablemente 25 puntos básicos, y que lo hará más por gestión de expectativas que por convicción macroeconómica. Una inflación de la zona euro al 4% no se corrige en dos reuniones. Pero un banco central que no reacciona ante un repunte de esa magnitud pierde el relato. Y el relato es la mitad de su herramienta.

El riesgo real es el contrario del que se discute en los foros. No es que la IA desancle los precios, sino que el BCE endurezca la política por una inflación que después resulte ser un artefacto estadístico. Ese escenario dejaría a la eurozona con un crecimiento más bajo, una deuda más cara y ninguna explicación convincente que dar a los ciudadanos.

La próxima cita es la reunión del Consejo de Gobierno del BCE en diciembre, con las proyecciones macroeconómicas trimestrales sobre la mesa. Ahí se sabrá si Fráncfort habla de dos subidas o de una sola. Y, sobre todo, si Lagarde acierta a explicar por qué la inflación de la zona euro vuelve al 4% justo cuando parecía un problema cerrado.


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