Bajo una plaza de Auxerre dormía una necrópolis galo-romana consagrada casi en exclusiva a los más pequeños. El Inrap ha exhumado allí más de 260 sepulturas y hechos funerarios, un conjunto sin paralelo conocido en el mundo romano. Los resultados de los estudios se presentaron el 3 de noviembre en París.
La excavación se desarrolló entre el 7 de febrero y el 21 de junio de 2024 en la place du Maréchal Leclerc de Auxerre, antes de una operación de reurbanización. La dirigió Loïc Gaëtan, del Inrap, el instituto nacional francés de investigaciones arqueológicas preventivas. De los 500 metros cuadrados intervenidos, apenas 45 metros cuadrados resultaron decisivos. Menos superficie que un piso de dos habitaciones. Bajo ese rectángulo apareció la necrópolis.
El emplazamiento no tiene nada de extraño. El área funeraria se situaba en el borde de la aglomeración del Alto Imperio conocida como Autessiodurum, atravesada por la vía Agripa. Los romanos enterraban fuera de las murallas y, preferentemente, junto a las calzadas. Lo desconcertante es el censo: casi todos los individuos inhumados allí eran fetos de pocas semanas, bebés muertos in utero, durante el parto o en los meses siguientes. El de más edad tenía entre seis meses y año y medio.
Solo tres adultos aparecen en el registro, y uno de ellos cuenta la historia más dura del yacimiento. Se trata de una mujer que probablemente murió de parto: su hijo fue hallado a la altura de la pelvis.
Un espacio funerario sin paralelo conocido en el mundo romano
La arqueoantropóloga Carole Fossurier describió ante la prensa una organización minuciosa en el momento fundacional, hacia el año 170. Las tumbas se alineaban cada tres pies romanos, esto es, cada 89 centímetros, en paralelo al muro que cerraba el recinto. Después, ese orden se fue rompiendo. La razón es aritmética: cada vez había más niños que enterrar.
Los arqueólogos esperaban tumbas de adultos junto a la calzada. Encontraron, en 45 metros cuadrados, a los hijos que aquella ciudad enterró durante generaciones.
Las normas funerarias romanas prohibían superponer una tumba a otra. Aquí se hizo. En algunas zonas los arqueólogos han documentado hasta seis niveles de inhumación apilados, como un edificio de seis plantas excavado en el suelo.
Capullos de teja, jarras y aceites perfumados

El segundo precepto que salta por los aires es más difícil de demostrar y bastante más elocuente. En sociedades con mortalidad infantil altísima no se esperaba que los padres lloraran a sus bebés; el duelo visible era asunto de adultos. Las tumbas de Auxerre sugieren otra cosa. Algunas requirieron hasta seis fases de construcción. Muchos de los pequeños estaban emmaillotados; otros aparecieron entre dos tegulae en canal —tejas curvas enfrentadas— que formaban una especie de capullo, en posición fetal dentro de medias jarras (la práctica conocida como enquirismo) o en ataúdes minúsculos reforzados con un recubrimiento de piedra.
Fossurier lee esa variedad como pragmatismo doméstico. Las familias reaprovechaban materiales de uso cotidiano y los adaptaban al tamaño del difunto. Sobre las sepulturas se colocaron piedras y otros elementos que permitieran localizar el punto exacto, lo que implica la intención de volver.
Los análisis químicos añadieron un detalle inesperado. Los cuerpos habían sido tratados con cremas, y aceites perfumados. En varios casos se depositó flores junto a ellos.
Queda el episodio más técnico. Varias de las cerámicas recuperadas estaban vacías a ojos de cualquiera. Las analíticas paleogenéticas dirigidas por Céline Bon detectaron en su interior depósitos de tejido humano. ¿Placenta? ¿Restos de fetos cuyo esqueleto aún no se había formado? El trabajo no zanja la pregunta, pero apunta en la misma dirección: alguien quiso honrar a esos muertos sin cuerpo que enterrar.
El ADN antiguo también habló de las causas. Se identificaron varias bacterias capaces de provocar abortos espontáneos o infecciones mortales, lo que convierte el yacimiento en una ventana poco habitual a la enfermedad infecciosa neonatal del siglo II.
Lo que este yacimiento cambia y lo que todavía no puede demostrar
La demografía histórica maneja cifras muy altas de mortalidad en el primer año de vida para el mundo romano, aunque cualquier estimación es indirecta y se apoya en fuentes dispersas. Lo que faltaba era un registro funerario como este: un lugar donde los nonatos y los recién nacidos tienen tratamiento diferencial y material genético aprovechable. La arqueología de las emociones lleva décadas discutiendo si la indiferencia ante la muerte infantil fue norma social o tópico literario. Autessiodurum inclina la balanza hacia el cuidado, pero no la cierra.
Y aquí conviene frenar. Todo lo presentado procede de una intervención preventiva cuyos análisis se han expuesto en una comparecencia pública, no de una monografía revisada por pares. La lectura del duelo a partir de ajuares y gestos funerarios es interpretativa: inferimos afecto donde también pudo haber normas de higiene, prescripciones religiosas o prestigio familiar. La muestra es única, y una muestra de uno no autoriza a generalizar a toda la Galia. El ADN antiguo, además, exige controles de contaminación que solo se evalúan al detalle cuando los datos se publican íntegros. La prueba definitiva será encontrar un segundo conjunto así. Si existe.
El equipo del Inrap trabaja ahora en esa doble dirección: publicar la serie completa de análisis paleogenéticos y rastrear yacimientos comparables en otras ciudades del Imperio. Mientras llega, la place du Maréchal Leclerc guarda el episodio más silencioso de la vida romana: el de las familias que enterraron a sus hijos con lo que tenían a mano y dejaron una piedra para poder volver.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: una necrópolis galo-romana de uso casi exclusivo para fetos, recién nacidos y bebés, con más de 260 sepulturas y hechos funerarios y hasta seis niveles de inhumación superpuestos.
- Dónde: place du Maréchal Leclerc, Auxerre (Borgoña, Francia), en el borde de la antigua Autessiodurum, junto a la vía Agripa.
- Institución responsable: Inrap (Institut national de recherches archéologiques préventives), con Carole Fossurier en la arqueoantropología y Céline Bon en paleogenética.
- Cuándo: excavación del 7 de febrero al 21 de junio de 2024; resultados presentados el 3 de noviembre de 2026 en París.
- Impacto a futuro: reabre el debate sobre el duelo por la infancia en la Antigüedad y ofrece ADN antiguo para estudiar abortos e infecciones neonatales del siglo II.




