La televisión privada española es también la historia de empresarios y periodistas que, en diferentes etapas políticas, encontraron en sus relaciones con el poder una vía para impulsar sus proyectos audiovisuales y acceder a un sector hasta entonces dominado por TVE.
37 años después de que el Gobierno de Felipe González adjudicara las primeras licencias para emitir en abierto, José Miguel Contreras vuelve a situarse en esa tradición con La Séptima, un nuevo proyecto audiovisual que comienza sus emisiones mañana, 5 de noviembre, y que pretende hacerse un hueco en la TDT.
El periodista y empresario audiovisual, uno de los impulsores de La Sexta, prepara así una nueva aventura televisiva con la que aspira a introducir una alternativa en un mercado dominado por los grandes grupos de comunicación. Su iniciativa conecta, salvando las distancias de cada época, con la trayectoria de algunos de los nombres que hicieron posible la ruptura del monopolio televisivo: Manuel Martín Ferrand, Jesús de Polanco y Miguel Durán.
No todos desempeñaron el mismo papel ni participaron en proyectos idénticos. Pero sus trayectorias representan tres de los grandes hitos de aquella transformación: la lucha por abrir la televisión a la iniciativa privada, la entrada de un gran grupo editorial en el negocio audiovisual y la creación de una cadena generalista con participación de capital español e internacional.
Martín Ferrand, una batalla que comenzó hace 60 años
Si hay un nombre que representa la lucha por la televisión privada en España es el de Manuel Martín Ferrand. El periodista gallego de ideología conservadora comenzó a perseguir ese objetivo mucho antes de que existiera un marco legal que permitiera competir con TVE. En 1966, con apenas 25 años, se dirigió al entonces Ministerio de Información y Turismo, dirigido por Manuel Fraga, para solicitar una concesión que le permitiera poner en marcha una cadena privada. La petición no prosperó al recibir un sonoro silencio administrativo. El régimen franquista no estaba dispuesto a renunciar al control de la televisión.
Lejos de abandonar su propósito, Martín Ferrand mantuvo vivo el proyecto durante las siguientes décadas. En 1982 impulsó la exitosa Antena 3 Radio, una iniciativa que reunió a periodistas y empresarios y que sirvió también como plataforma para mantener la aspiración de crear una televisión privada. Junto a los hermanos Manuel y Rafael Jiménez de Parga, participó en la batalla empresarial, jurídica y política que desembocaría en la constitución de Antena 3 Televisión.

La aprobación de la Ley de Televisión Privada de 1988 y la posterior convocatoria del concurso de licencias permitieron materializar aquel objetivo. El 25 de agosto de 1989, el Consejo de Ministros de Felipe González adjudicó las tres primeras concesiones a Antena 3, Telecinco y Canal+.
Antena 3 comenzó sus emisiones regulares en enero de 1990. Martín Ferrand había conseguido convertir en realidad una reivindicación que llevaba defendiendo desde los años sesenta. La cadena, que nació con Javier Godó como presidente y con el respaldo de distintos grupos empresariales y editoriales, se convirtió en la primera televisión privada generalista en abierto de España.
Polanco y la apuesta por Canal+
El segundo gran protagonista de aquella transformación fue Jesús de Polanco. El empresario madrileño, fundador de Santillana y El País, encontró en la televisión una nueva vía para ampliar su influencia en el sector de la comunicación.
En 1989, Prisa constituyó junto a Canal+ Francia y otros socios financieros la Sociedad Española de Televisión Canal Plus, que concurrió al concurso convocado por el Gobierno. La candidatura consiguió una de las tres licencias, aunque su modelo era diferente al de Antena 3 y Telecinco: se trataba de una televisión de pago, con programación codificada y contenidos exclusivos.

Canal+ comenzó sus emisiones en junio de 1990 y supuso una importante novedad en el mercado español. Su propuesta combinaba cine, deporte, entretenimiento y producción propia, con una fórmula que introducía en España un modelo de televisión de suscripción que ya tenía recorrido en otros mercados europeos.
Polanco fue la figura empresarial determinante de aquella operación. Bajo su dirección, Prisa consolidó su presencia audiovisual y convirtió Canal+ en una de las marcas más reconocibles de la televisión española. Posteriormente, el grupo desarrollaría su negocio televisivo a través de Sogecable y ampliaría su presencia en el sector con Cuatro, que comenzó a emitir en abierto en 2005.
Su papel resulta especialmente relevante porque demostró que la televisión privada no tenía por qué limitarse al modelo generalista financiado mediante publicidad. También podía construirse alrededor de una oferta de contenidos exclusivos y una relación de suscripción con el espectador.
Miguel Durán, la ONCE y el nacimiento de Telecinco
La tercera gran operación fue la de la entonces Telecinco, cuyo nacimiento estuvo vinculado al entonces vicepresidente Alfonso Guerra y a Miguel Durán, entonces director general de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE). La organización participó en el proyecto a través de su presencia accionarial en Gestevisión Telecinco, junto al Grupo Anaya, de Germán Sánchez Ruipérez, y Fininvest, el grupo empresarial de Silvio Berlusconi.
La cadena reunió así tres intereses empresariales diferentes. La ONCE, con Durán como uno de sus principales representantes e impulsores, aportaba músculo financiero y una importante estructura empresarial; Anaya sumaba su experiencia editorial, mientras que Berlusconi incorporaba el conocimiento de un modelo televisivo comercial que ya había triunfado en Italia.
Los tres grupos llegaron a tener participaciones del 25% en el accionariado inicial. La influencia de Berlusconi fue especialmente importante en la configuración del modelo de programación y en la orientación comercial de la cadena, mientras que Durán se convirtió en una de las figuras más visibles de la operación desde el lado español.

Telecinco inició sus emisiones en marzo de 1990 con una programación que apostaba por el entretenimiento, los concursos, las variedades y los formatos populares. La cadena también estuvo marcada por las tensiones entre sus accionistas y por las sucesivas transformaciones de su estructura empresarial.
El fracaso del modelo impulsado por Valerio Lazarov acabaría otorgando todo el poder a Silvio Berlusconi, que a partir de 1995 impondría una atractiva programación que en los últimos tres años ha perdido color y ha ganado peso político conservador.
Contreras, de La Sexta a La Séptima
Más de tres décadas después de aquella primera revolución televisiva, José Miguel Contreras está a punto de protagonizar un nuevo capítulo de la historia audiovisual española. El periodista, productor y empresario fue, junto a Jaume Roures, uno de los principales impulsores de La Sexta, cadena que comenzó sus emisiones en 2006 y que consiguió hacerse un hueco en un mercado en el que ya competían operadores consolidados.
Su experiencia en la televisión procede tanto de la producción de contenidos como de la dirección y el diseño de proyectos empresariales. Contreras participó en la puesta en marcha de Globomedia, una de las productoras más relevantes del sector, y posteriormente desempeñó un papel central en el nacimiento de La Sexta. La cadena se convirtió en una alternativa dentro del panorama generalista, con una apuesta especialmente reconocible por la actualidad, el entretenimiento y los formatos informativos.
La fusión con Antena 3 en 2012 terminó integrando la cadena en el grupo Atresmedia, pero no acabó con la voluntad de Contreras de desarrollar nuevos proyectos televisivos.
Ahora, con La Séptima, vuelve a intentarlo. El proyecto comienza sus emisiones mañana, 5 de noviembre, con una inversión anunciada de 25 millones de euros para sus tres primeros años y una estructura profesional cercana a los 300 trabajadores. Su propuesta pasa por diferenciarse de las cadenas generalistas tradicionales mediante una programación de línea progresista centrada en la actualidad, la información en directo y el análisis que, quizá, acabe convirtiéndose en refugio de los espectadores y estrellas de RTVE si hay cambio de Gobierno.





