Dan Ives desafía la caída tecnológica y elige seis acciones IA para comprar

Wedbush mantiene su lista de convicción con Nvidia, Microsoft, Palantir y AMD pese a la peor semana del sector en meses. El VIX firma su segunda mayor subida histórica y el mercado debate si el suelo está cerca.

Dan Ives no ha cambiado de opinión sobre las acciones de IA. Mientras la tecnología encadenaba una de sus peores semanas recientes, el responsable de investigación tecnológica de Wedbush volvía a defender su tesis y publicaba una lista de seis valores para comprar en el hueco. Sin rectificar una sola línea del argumento.

La escena tiene algo de prueba de resistencia. El índice del miedo, el VIX, firmó su segunda mayor subida de la historia, según recoge Expansión, y los siete grandes de Wall Street vieron esfumarse cientos de miles de millones de dólares de capitalización en pocos días. El debate sobre la burbuja volvió a las portadas. Ives hizo entonces lo que viene haciendo desde 2023: mirar el calendario en lugar del gráfico.

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La apuesta de Dan Ives: seis acciones de IA y un ciclo que sigue en marcha

El razonamiento del analista descansa en una idea sencilla y discutible a partes iguales. El ciclo de inversión en inteligencia artificial está lejos de agotarse y la capa que de verdad deja margen, el software, apenas ha empezado a facturar. Bajo ese marco, una caída del 10% o del 15% en los grandes nombres no es una señal de salida, sino una ventana de entrada para quien tenga doce meses de horizonte y estómago para el resto.

Los seis nombres no componen una cartera nueva. Repiten, con distintos pesos, en la lista de convicción que la casa Wedbush maneja desde hace meses: Nvidia, Microsoft, Palantir y AMD figuran entre los más citados, junto a otros dos valores ligados al despliegue de centros de datos y de modelos en la nube. Ninguna sorpresa. Y ahí está justamente el argumento: si la tesis no ha cambiado, el precio de entrada sí.

El castigo de las últimas jornadas tiene causas concretas. Los múltiplos del sector cotizaban a niveles que exigían ejecución perfecta, la factura de capital de los hiperescaladores ha crecido hasta máximos, y algunos acuerdos entre proveedores y clientes han despertado dudas sobre cuánto de ese negocio es demanda final y cuánto financiación circular. Nada de eso invalida el ciclo. Todo ello explica por qué el mercado, de golpe, ha dejado de mirar el crecimiento y ha empezado a mirar el retorno.

El índice del miedo marca el ritmo y Wall Street busca suelo

acciones inteligencia artificial

El dato del VIX no es menor. Que el indicador de volatilidad firme su segunda mayor subida histórica significa que el movimiento no fue una rotación ordenada, sino una salida de emergencia. Los inversores no vendieron tecnología para comprar otro sector: vendieron y se fueron. En ese tipo de jornadas, los precios dejan de reflejar tesis y pasan a reflejar liquidez.

Comprar en el pánico exige una condición que casi nadie tiene: un horizonte más largo que el del resto del mercado.

El cierre semanal, mixto, dejó la sensación de que el suelo se está construyendo más por agotamiento que por convicción compradora. El calendario manda. Después de una semana de espanto, los fondos necesitan justificar posiciones ante sus partícipes y las grandes tecnológicas afrontan la recta final del ejercicio con la carga de demostrar que la inversión en IA se convierte en ingresos.

No todo el mundo compra el relato. Gary Marcus, uno de los críticos más persistentes del sector, sostiene que la economía de los grandes modelos no cierra y llega a describir a OpenAI como el WeWork de nuestro tiempo, según recogió El Confidencial. Su argumento no es que la tecnología no sirva, sino que su coste marginal no permite los márgenes que el mercado descuenta. Frente a eso, la tesis de Wedbush tiene una virtud y un defecto: es simple.

La grieta entre el relato y la caja

Aquí conviene separar dos discusiones que el mercado mezcla cada vez que el Nasdaq cae con fuerza. Una es si la inteligencia artificial cambiará la economía. La otra es si las acciones que la representan valen lo que cotizan. La primera se responde con evidencia tecnológica y lleva años respondiéndose que sí. La segunda depende de algo mucho menos épico: cuándo llega la caja. Y esa pregunta, en 2026, sigue sin una respuesta nítida en la mayoría de los balances.

Mi lectura es que Ives acierta en el fondo y se arriesga en la forma. El ciclo de la IA es real, pero no todas las acciones que se venden como IA capturan el mismo valor. Los que venden cómputo cobran hoy; los que venden aplicaciones cobrarán, si acaso, mañana. Meter ambos grupos en la misma cesta de seis nombres funciona en el titular y es más discutible en la gestión de un patrimonio concreto.

Hay además un riesgo de segunda vuelta que no aparece en los informes. Si la factura de capital de los grandes se financió con deuda barata, una corrección prolongada encarece esa financiación y obliga a recortar planes, justo lo que el mercado celebró el año anterior. El mecanismo es procíclico y ya se ha visto en otras burbujas de infraestructura.

La prueba de fuego llegará con la temporada de resultados del primer trimestre de 2027, cuando el mercado exigirá ver margen real procedente de IA y no solo anuncios de inversión. Hasta entonces, cada rebote será una discusión entre quienes miran el calendario y quienes miran el gráfico. Ives ya ha elegido bando. La pregunta para el resto no es si tiene razón, sino cuánto tiempo está dispuesto a esperar para comprobarlo.


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