Los 100 millones de barriles de reservas estratégicas de petróleo del G7 empiezan a fluir este domingo.
No es solo crudo. Una parte relevante del volumen es diésel, el producto más tensionado del mercado europeo desde que el suministro ruso dejó de ser una opción. La operación se desplegará a lo largo de cuatro meses y llegará acompañada de barriles adicionales prometidos por países europeos que no forman parte del grupo de los siete.
La decisión de fondo se tomó en marzo. La Agencia Internacional de la Energía, que agrupa a 32 países miembros —entre ellos todos los del G7—, aprobó entonces la liberación de 400 millones de barriles para contrarrestar la escasez generada por el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde antes del conflicto salía de los productores del golfo Pérsico una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado que consume el mundo.
El detonante fue el inicio a finales de febrero de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. Teherán replicó cerrando el paso marítimo y, desde entonces, el precio del crudo marca la agenda política de media Europa. La carestía de la vida se ha convertido en un asunto de primer orden para varios gobiernos del continente.
A comienzos de octubre, el G7 anunció que pondría en el mercado esos 100 millones de barriles. Lo hizo bajo presión de Donald Trump, que había advertido de que barajaba prohibir las exportaciones de diésel estadounidense si no aumentaba la oferta de combustible.
La liberación de reservas no abarata el petróleo por sí sola: compra tiempo político mientras el mercado decide si Ormuz vuelve a abrirse.
Cuarenta y dos millones de barriles europeos se suman al operativo
Once países de la Unión Europea confirmaron el pasado jueves su adhesión al movimiento con 42,6 millones de barriles, la mitad de ellos de gasóleo. Alemania, Francia e Italia, los tres socios comunitarios que también están en el G7, encabezan la lista junto a Grecia, Dinamarca, Bélgica, Luxemburgo, Portugal, Letonia, Suecia, y Países Bajos.
Ocho meses separan la decisión de marzo del primer barril efectivo: la reserva se anunció rápido y se libera despacio.
La lista importa menos que el calendario. La AIE aprobó 400 millones de barriles en marzo y sus miembros no han sacado al mercado la totalidad de esa cifra. La obligación que sí se mantiene es otra: cada país debe conservar reservas equivalentes a 90 días de importaciones netas de petróleo para responder a interrupciones graves de suministro. Ese es el suelo. Hasta ahí puede llegar la operación sin dejar el paraguas en casa.
El diésel merece un apartado propio. Europa importa gasóleo y su mercado es más estrecho que el del crudo, de modo que cualquier tensión se traslada al precio con más rapidez. Que la mitad del volumen europeo liberado sea gasóleo responde a esa lógica: es el punto donde la oferta adicional puede notarse antes en el surtidor.
La otra lectura del calendario es europea. Los 42,6 millones comunitarios llegan cuando varios gobiernos afrontan un invierno con la factura energética en el centro del debate político, y funcionan tanto como medida de oferta como de gesto hacia el electorado. Cabe recordar que la AIE nació en 1974 precisamente para coordinar este tipo de respuestas tras la primera crisis del petróleo.
Del crudo al surtidor: la rebaja que Francia ya aplica
El precio de los carburantes es la parte que el consumidor mide. El Gobierno francés ha anticipado que liberará 10 millones de barriles de sus reservas en tres meses y ha activado un dispositivo de control para que la bajada se traslade a las gasolineras. Espera una rebaja de entre 12 y 18 céntimos por litro.
TotalEnergies empezó a aplicar ese descuento la víspera en 705 estaciones de servicio francesas, con un precio fijado en 2,15 euros por litro de diésel y el compromiso de mantener un techo de 2,25 euros en el conjunto de su red en Francia. La petrolera, muy criticada por los beneficios que le ha reportado la escalada del crudo y del gas, se mueve mientras el Ejecutivo de Emmanuel Macron atraviesa semanas de protestas sociales.
Macron ha presentado la decisión del G7 como una iniciativa propia en materia de poder adquisitivo. Es una lectura política comprensible en el contexto francés, aunque el acuerdo se cocinó en el marco de la AIE y con Washington apretando desde el primer día.

En España no hay por ahora un anuncio equivalente de liberación ni un mecanismo de traslado inmediato al surtidor. La gestión de las existencias mínimas de seguridad corresponde a la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores), que actúa como soporte del sistema obligatorio de reservas. El precio que pague el automovilista español dependerá, sobre todo, de lo que ocurra en Ormuz y de si el volumen adicional llega al mercado físico.
El problema de fondo: la reserva se gasta y el estrecho sigue cerrado
La liberación de reservas estratégicas es la herramienta más rápida que tiene Occidente ante una interrupción de suministro. También es la más limitada. Un pozo cerrado se reabre; una reserva liberada, no. Cada barril que sale de una caverna o de un tanque es un barril que ya no estará disponible en la siguiente crisis, y reponerlo exige años de compra y capacidad de almacenamiento.
El precedente más cercano es contundente. En 2022, la Administración estadounidense vació parte de su Reserva Estratégica de Petróleo para contener el precio tras la invasión de Ucrania, y el Departamento de Energía ha tenido dificultades para recomprar crudo a precios razonables en los ejercicios siguientes. La reserva es un seguro, no una política de precios, y los operadores lo saben.
Hay una segunda contradicción que el anuncio no resuelve. Cien millones de barriles equivalen a poco más de un día de consumo mundial de petróleo. Frente a los 400 millones aprobados en marzo, la cifra sitúa la operación en su escala real: alivio táctico, no un cambio de régimen en el mercado.
Para el consumidor europeo, el riesgo no es que la medida fracase, sino que llegue tarde y en volumen insuficiente. Los precios se forman con expectativas. Si el mercado descuenta que el volumen está disponible, la presión cede antes de que el barril llegue físicamente; si descuenta lo contrario, el efecto se diluye en el anuncio.
El siguiente hito verificable será el ritmo semanal de salida que reporten las agencias nacionales y la evolución de las existencias comerciales en los informes mensuales de la AIE. Si el diésel no baja en las gasolineras europeas antes de que acabe el año, la brecha entre el comunicado y el surtidor quedará documentada. Esa es la variable que conviene seguir, más que la cifra del compromiso.




