Visa stablecoins dispara su liquidación a 25.000 millones anuales: diez veces más que hace un año

La red liquida ya con cinco stablecoins distintas —USDC, EURC, PYUSD, USDG y SBC— sobre diez blockchains, más del doble que hace un año. La compañía defiende una política de neutralidad frente a emisores mientras impulsa en paralelo su propio token, Open USD.

Visa ya liquida 25.000 millones de dólares al año en stablecoins, unas diez veces más que hace un año. Lo dijo su consejero delegado, Ryan McInerney, a los analistas esta semana, en la llamada de resultados de la compañía. La cifra, unos 21.500 millones de euros al cambio actual, mide un negocio que hace dos años era poco más que una prueba de laboratorio.

La liquidación es el paso final de cualquier pago. Es el momento en el que el banco que emitió la tarjeta y el banco del comercio se pasan el dinero que se deben, una vez el cliente ya ha pagado. Durante décadas ese traspaso se hizo en sistemas interbancarios que tardan uno o dos días. Ahora una parte creciente ocurre en blockchains, con stablecoins como moneda de cambio. El concepto de stablecoin es sencillo: una moneda digital que vale siempre lo mismo que el dólar o el euro al que se ata.

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Conviene precisar qué son esos 25.000 millones. No es lo que Visa ha movido en el trimestre: es una tasa anualizada, el volumen de las últimas semanas extrapolado a doce meses. La compañía no ha detallado el periodo exacto que usa para el cálculo, y esa es una de las razones por las que la cifra debe leerse como tendencia, no como balance cerrado.

Qué son exactamente esos 25.000 millones de dólares

Visa liquida hoy con cinco stablecoins: USD Coin (USDC), Euro Coin (EURC) —ambas de Circle—, PayPal USD (PYUSD), Global Dollar (USDG) y SBC, un token en dólares emitido por Brale. Y lo hace sobre diez blockchains distintas, más del doble que hace un año.

McInerney presentó esa variedad como una política, no como una casualidad. Preguntado por cómo trataría Visa a los distintos emisores, respondió que la compañía es neutral tanto frente a las stablecoins como frente a las redes que las soportan. Ningún emisor admitido queda fuera del riel.

Diez veces más. En doce meses.

Visa no quiere ganar la guerra de las stablecoins: quiere cobrar peaje en todas ellas, sea cual sea el token que sobreviva.

La cifra no está ligada a las previsiones fiscales para 2027, que la compañía sitúa en un crecimiento de ingresos de un dígito alto. Dicho de otro modo: el negocio cripto crece muy rápido, pero todavía es pequeño frente al volumen total de la red, y la dirección prefiere no prometer nada que dependa de él. Los detalles de esa hoja de ruta están publicados en el portal de relación con inversores de Visa.

A quién afecta: 225 programas de tarjeta y un gasto que sube el 150%

El impacto no está solo en la liquidación entre bancos. Visa cuenta con más de 225 programas de tarjetas vinculadas a stablecoins, un 70% más que hace un año, y el gasto en alrededor de cinco millones de esas tarjetas creció más del 150% en más de 50 países. Para el usuario final eso significa que cada vez es más probable que la tarjeta con la que paga en el supermercado esté convirtiendo cripto en euros por detrás, sin que lo note, y a un tipo de cambio que no ve.

La compañía también vende la infraestructura. Su plataforma para lanzar productos con stablecoins está activa en seis mercados —Estados Unidos, México y Reino Unido entre ellos— y los directivos mencionaron una lista de más de 300 socios potenciales. El mensaje al sector bancario es claro: si vas a emitir tu propia stablecoin, hazlo sobre nuestro riel.

La neutralidad como estrategia (y su punto débil)

No es la primera vez que Visa se asoma a este precipicio. En junio de 2019 se sumó como miembro fundador a la Libra Association, el proyecto de moneda digital impulsado por Facebook. Aguantó cuatro meses. En octubre de 2019, con los reguladores estadounidenses y europeos en pie de guerra, salió del consorcio junto a Mastercard y PayPal. La lección de entonces sigue vigente: en pagos, quien controla la infraestructura no necesita controlar la moneda, pero tampoco puede permitirse que un regulador lo señale como parte del problema.

Hay además una paradoja en el centro del relato. Visa forma parte del consorcio Open USD, el rival de USDC, y su token OUSD —ligado al producto Flex Credential— superaba los 800 millones de dólares en circulación al 15 de octubre. McInerney adelantó que OUSD llegará a otros productos, incluido Visa Direct, su plataforma de envío de dinero en tiempo real. Neutralidad frente a todos, intereses propios en uno.

En Europa el terreno de juego lo define MiCA, el reglamento que desde finales de 2024 exige autorización y reservas a los emisores de stablecoins que operan en la Unión. USDC y EURC cuentan con ese visto bueno; otras stablecoins en dólares no lo han obtenido y varios exchanges europeos han ido retirando sus pares en euros. La neutralidad de Visa, por tanto, convive con un mapa regulatorio que ya está decidiendo qué tokens llegan vivos a la orilla.

El riesgo de fondo es otro. Si los bancos y los emisores empiezan a liquidar directamente entre ellos en blockchain, sin una red de tarjetas en medio, el peaje que hoy cobra Visa desaparece. Estar en todas las opciones le permite no perder el tren, pero no le garantiza que siga siendo necesario para subirse a él. Y la concentración tampoco ayuda: cinco tokens y diez redes son más que ayer, aunque siguen siendo un puñado de actores los que definen el estándar.

Lo que toca vigilar ahora es si el crecimiento aguanta cuando la base deja de ser pequeña. La próxima cita son los resultados del primer trimestre fiscal, y con ellos la primera oportunidad de comprobar si ese multiplicador por diez se repite o se enfría. De momento, la foto es la de una red de pagos tradicional comprando tiempo en el terreno de las stablecoins. Cosas que pasan en 2026.


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