El MacBook Pro táctil ya tiene precio en España: 3.349 euros, 1.020 más que el modelo convencional que Apple presentó un día antes. La compañía ha tardado años en aceptar el dedo sobre la pantalla de un Mac, y lo ha hecho con una factura que el comprador empieza a pagar en el primer escalón del catálogo.
Claves de la operación
- 1.020 euros separan la entrada de gama. El MacBook Pro de 14 pulgadas con M6 arranca en 2.329 euros; el táctil, en 3.349. La diferencia no es solo el panel: también cambian procesador y memoria.
- 400 euros de sobreprecio con el resto idéntico. Con el mismo M5 Pro, 24 GB de memoria y 1 TB de SSD, el modelo convencional cuesta 2.949 euros y el táctil, 3.349.
- La configuración tope alcanza los 14.549 dólares. Apple replica en el Mac la escalera de precios que ya aplica en el iPad Pro y eleva el techo de su gama profesional.
El salto de 400 euros que Apple cobra solo por la pantalla
La comparación que circula estos días enfrenta los dos modelos de entrada y ahí el relato se complica: el táctil no es el mismo ordenador con una capa sensible encima. Por 2.329 euros Apple entrega un M6 con 12 núcleos de CPU, 12 de GPU, 16 GB de memoria unificada y 1 TB de SSD. Por 3.349 euros, el táctil llega con un M5 Pro de 15 núcleos de CPU y 16 de GPU, 24 GB de memoria unificada, y 1 TB de almacenamiento.
El catálogo, sin embargo, permite aislar la variable. El MacBook Pro convencional también se vende con M5 Pro en la ficha oficial del MacBook Pro, y una configuración con idéntico procesador, gráficos, memoria y disco cuesta 2.949 euros frente a los 3.349 del táctil. Son 400 euros exactos por el panel, la cámara y el chasis. Ese es el precio real que Apple pone a tocar la pantalla, y no los 1.020 euros de la comparativa de entrada.
Dentro de esos 400 euros entran el panel PROLED XDR —OLED en tándem con interacción Multi-Touch—, una Dynamic Island en la zona de la cámara que sustituye al notch, el logotipo iluminado y un chasis de 1,38 kilos frente a 1,55. También Thunderbolt 5 con soporte para tres monitores externos, frente a los dos del modelo de entrada con M6. Ninguna de esas funciones altera el trabajo diario de un usuario ofimático.
El portátil barato conserva dos ventajas incómodas para el discurso comercial. Monta una generación de chip más reciente, M6 frente a M5 Pro, y Apple declara hasta 24 horas de vídeo en streaming frente a las 22 del táctil. Pagar más no garantiza ni la autonomía récord ni el silicio más nuevo.
La gama Pro pierde su lógica: el chip más reciente está en el modelo más barato
Ahí aparece la primera contradicción seria. El M5 Pro es de generación anterior, pero suma más núcleos. Las pruebas de Geekbench publicadas para el Mac mini con esos procesadores sitúan al M5 Pro por delante en multinúcleo y en gráficos, mientras el M6 gana en mononúcleo. Falta comprobar cómo se traduce esa diferencia dentro de un chasis de portátil con otro límite térmico, y esa prueba no existirá hasta que haya unidades en manos de analistas independientes. Apple vende hoy dos jerarquías incompatibles dentro de la misma gama.
El chip más nuevo está en el portátil más barato: en Cupertino, la jerarquía ya no la marca el rendimiento, sino el margen.
La lectura de mercado es otra. Apple ha construido el catálogo para que cada escalón de precio desactive una función del anterior: el táctil suma Thunderbolt 5 pero pierde dos horas de autonomía; el barato estrena chip pero se queda en 16 GB de memoria; el de 2.949 euros necesita renunciar al OLED para no pagar los 400 euros del tacto. El comprador profesional no elige el mejor equipo, elige a qué renuncia.

Lo que Apple se juega con el tacto en el Mac
Apple defendió durante años que tocar una pantalla vertical era una solución ergonómicamente pobre, y sostuvo esa tesis mientras el iPad Pro asumía el lápiz y el teclado magnético. El Mac llega al tacto cuando su ciclo de renovación se ha alargado y cuando la gama profesional lleva varias generaciones sin un cambio real de uso. El giro no responde a una demanda masiva de los usuarios, responde a la necesidad de justificar un precio superior. En esta redacción lo leemos como una operación de margen antes que como una innovación de producto.
El riesgo está en el cruce con el iPad Pro y con el resto del mercado. Un convertible con Windows y pantalla táctil se mueve por debajo de los 3.349 euros que Apple pide por su escalón táctil de entrada, y en España el comprador profesional compara ese desembolso con equipos que llevan una década incluyendo el tacto de serie. La prima de 400 euros es la prueba de disposición a pagar más exigente que Apple ha lanzado en el Mac.
Hemos visto pocas veces una segmentación tan explícita en la línea profesional. La duda razonable es si el panel táctil acaba bajando al MacBook Air, donde está el volumen y donde el sobreprecio tendría otro sentido competitivo. El primer dato llegará con las pruebas independientes de rendimiento y con los resultados del primer trimestre fiscal de Apple, que la compañía presentará previsiblemente a finales de enero de 2027. Hasta entonces el precio está fijado y la pregunta sigue siendo la misma: 400 euros por el tacto en un portátil que no siempre es el más rápido de su propia familia.




