Sophie Adenot sale al vacío: primera caminata espacial de una astronauta francesa

La astronauta de la ESA, seleccionada en 2022, trabajó en el exterior del complejo orbital a unos 400 kilómetros de altura. Francia solo había tenido hasta ahora paseos espaciales firmados por hombres: Chrétien en 1988, Perrin en 2002 y Pesquet en 2017 y 2021.

Sophie Adenot ha completado la primera caminata espacial de una astronauta francesa. La ingeniera de la ESA abrió la escotilla de la Estación Espacial Internacional, salió al exterior del complejo y trabajó en el vacío a unos 400 kilómetros sobre la Tierra. El hito no altera ninguna ley de la física. Cambia, eso sí, el mapa de quién explora.

La historia francesa de las salidas extravehiculares contaba hasta ahora solo con nombres masculinos. Jean-Loup Chrétien salió del complejo soviético Mir en diciembre de 1988 y estrenó la actividad para el país; después llegaron Philippe Perrin, en 2002, y Thomas Pesquet, en 2017 y en 2021. Adenot cierra esa serie y abre otra.

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Lo que ocurre cuando se abre la escotilla a 400 kilómetros de altura

Una caminata espacial no empieza cuando se abre la escotilla. Empieza una hora antes, en una esclusa del tamaño de un armario grande, donde la presión cae poco a poco mientras la tripulante respira oxígeno puro. El protocolo sirve para evitar la enfermedad por descompresión, la misma que acecha a los buceadores cuando suben demasiado rápido. Sin esa maniobra previa, el nitrógeno disuelto en la sangre formaría burbujas en cuanto la presión exterior llegara a cero.

El traje que vistió Adenot es una nave pequeña con forma de persona. El modelo que se usa en la estación ronda los 130 kilos en la Tierra y reparte su volumen en capas que van del tejido ignífugo a la protección contra micrometeoritos. En órbita ese peso desaparece, pero la inercia no: mover un brazo dentro del traje cuesta lo mismo que mover un brazo dentro de una armadura de 130 kilos flotando.

Ahí fuera no hay aire, ni sonido, ni arriba. Nada se improvisa.

Fuera de la estación no hay suelo ni ruido: solo una velocidad de casi ocho kilómetros por segundo y un traje que es, en realidad, una nave minúscula.

La estación orbita a 28.000 kilómetros por hora, casi ocho kilómetros por segundo. A esa velocidad, el trayecto en línea recta entre Madrid y Barcelona se cubre en menos de dos minutos, y la distancia que separa la superficie terrestre del complejo —unos 400 kilómetros, algo más que el vuelo entre Madrid y Valencia— se convierte en una caída permanente que nunca llega al suelo. Cada 90 minutos, la tripulación ve amanecer. Dieciséis veces al día.

El exterior es un lugar de extremos sin atmósfera que los suavice. Al sol, las superficies pueden superar los 100 grados; a la sombra, caer muy por debajo de los 100 negativos. Los guantes son la pieza más delicada: deben resistir el corte de un micrometeorito y, al mismo tiempo, permitir que una mano cierre un pestillo de un centímetro. Las manos de los astronautas suelen acabar con hematomas y uñas dañadas. Es el precio de tocar el exterior con los dedos.

De la selección al vacío en menos de cuatro años

primera francesa EVA

El camino hasta esa escotilla empezó en noviembre de 2022, cuando la ESA presentó su nueva promoción de astronautas tras más de una década sin convocatoria. Adenot, ingeniera y piloto, entró en un grupo de cinco titulares, once reservas y un proyecto piloto para estudiar la viabilidad de un astronauta con discapacidad física. El entrenamiento básico concluyó en 2024 con la certificación: supervivencia en entornos hostiles, sistemas de la estación, robótica, medicina de urgencia en microgravedad, y, sobre todo, horas y horas dentro de un traje presurizado.

La piscina es el mejor sustituto del vacío que existe en la Tierra. En el centro de entrenamiento de Colonia, los trajes se lastran para flotar sin hundirse ni emerger, y cada tarea se repite hasta que la memoria muscular sustituye a la vista. Dentro del casco, el campo de visión es tan estrecho que muchas veces el astronauta trabaja a ciegas, guiado por la voz de un compañero. Una hora de inmersión rinde menos que una hora real, porque el agua frena cada gesto. Por eso hacen falta decenas de horas para preparar una salida de seis.

Un hito operativo con una historia pendiente

Poner el acento en la nacionalidad tiene algo de trampa estadística. La actividad extravehicular fue durante décadas un club con muy pocas mujeres: la primera fue la soviética Svetlana Savitskaya, en 1984, y el ritmo de incorporación ha sido mucho más lento que el de las tripulaciones en general. Que en 2026 sigan produciéndose primeras nacionales dice bastante sobre esa curva.

Conviene decirlo sin adornos: esto no es un descubrimiento científico. Es un hito operativo y, sobre todo, simbólico. La agencia europea lleva años defendiendo que sus astronautas de la promoción de 2022 no son una foto bonita, sino personal con tareas asignadas en la estación; una salida al exterior es la prueba más exigente de que esa transición se ha completado. También revela una dependencia incómoda: para salir de su propio módulo, Europa sigue necesitando los trajes y los procedimientos del segmento estadounidense.

La letra pequeña importa. La información difundida por la agencia no detalla todavía la duración exacta de la caminata ni la lista completa de tareas ejecutadas, y sin esos datos cualquier comparación es prematura. Una salida rutinaria en la estación ronda las seis o siete horas; el registro público de la NASA acabará incorporando la entrada con hora de inicio, hora de fin y objetivos cumplidos. Ahí podrá medirse el hito con números y no con adjetivos.

A mí me interesa menos el récord que lo que viene después. Un paseo espacial no se improvisa y tampoco se repite por inercia: cada uno consume trajes, oxígeno, horas de control en tierra y un riesgo que se mide en probabilidades pequeñas pero nunca nulas. Que la operación se haya completado significa que el procedimiento funciona con una tripulante más. La próxima vez que Europa mire al exterior de la estación, esa escotilla ya no será territorio nuevo.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: la primera caminata espacial realizada por una astronauta francesa, Sophie Adenot, en el exterior de la Estación Espacial Internacional.
  • Dónde: exterior del complejo orbital, en órbita baja terrestre a unos 400 kilómetros de altura.
  • Institución responsable: Agencia Espacial Europea (ESA), en coordinación con la NASA para el traje y los procedimientos de salida.
  • Cuándo: última semana de octubre de 2026.
  • Impacto a futuro: abre la actividad extravehicular a las nuevas promociones europeas y normaliza la presencia de mujeres en el trabajo exterior de la estación.

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