Ethereum ha movido por segunda vez el calendario de Glamsterdam, su próximo gran hard fork. La actualización, que cambia reglas del protocolo y obliga a los nodos a actualizarse, se quedó sin fecha para mainnet tras aplazarse el segundo ensayo, fijado para el 26 de octubre en Hoodi, una de las redes de prueba.
El detonante no fue una brecha de consenso. La auditora ChainSecurity detectó que el nuevo esquema de tarifas podía alterar el comportamiento de aplicaciones ya desplegadas, y los equipos de cliente han tenido que corregir ese efecto antes de reanudar las pruebas.
Es el segundo deslizamiento del proceso. En julio se hablaba de finales de agosto para Sepolia; la prueba arrancó el 6 de octubre y Hoodi se quedó esperando.
Nadie pone fecha. La Ethereum Foundation no ha anunciado día para mainnet —la red donde vive el dinero real— y el desarrollador Nixo ha señalado públicamente que el retraso empuja más que probablemente el lanzamiento a 2027.
Qué cambia Glamsterdam y por qué esta vez el foco es la red principal
El nombre une las dos mitades del software que toca: Amsterdam en la capa de ejecución y Gloas en la de consenso. Los upgrades anteriores mejoraron sobre todo a los rollups, esas redes de segunda capa que empaquetan transacciones y las liquidan en Ethereum para abaratarlas. Glamsterdam apunta al núcleo.
El primer cambio es de fontanería. Hoy las transacciones de un bloque se procesan una detrás de otra; el fork añade a cada bloque una lista previa con las cuentas y datos que cada operación leerá o modificará, de modo que las que no se pisan corran en paralelo.
Glamsterdam no arregla un fallo de seguridad: arregla la economía de una red que lleva tres años cediendo actividad a sus capas dos.
El segundo toca la construcción de bloques. Hoy buena parte de los bloques los arma un puñado de empresas especializadas que los entrega a a los validadores —quienes bloquean 32 ETH como garantía para sostener la red— y ese traspaso pasa por intermediarios. El upgrade mete la regla dentro del protocolo y da más tiempo a propagar cada bloque.
El tercero ha abierto el melón. Ethereum paga con gas, una unidad que mide el trabajo computacional de cada acción. Glamsterdam encarece las operaciones que añaden datos de forma permanente al estado de la red —crear cuentas, desplegar contratos— para que el precio refleje el coste de guardarlos. A cambio, baja la tarifa base de una transferencia simple de ether.
El fallo que ha frenado las pruebas: gas insuficiente, error permanente
El problema está en la letra pequeña de ese tercer bloque. ChainSecurity concluyó que los nuevos costes podían cambiar cómo responden aplicaciones antiguas sin tocar su código. En ciertos escenarios, alguien podría enviar a propósito menos gas del necesario y lograr que una acción legítima quedara anotada como fallo definitivo en vez de deshacerse para reintentarla.
Para un protocolo de préstamos o un exchange descentralizado, ese matiz separa un error de una pérdida. De ahí el parón: estudiar la interacción con las apps vivas antes de reanudar Hoodi.
Tampoco hay decisión sobre el techo de actividad por bloque. En Sepolia los validadores pueden subirlo hasta unas tres veces el nivel actual de mainnet, pero esa cifra no está acordada para la red principal. Los detalles técnicos se siguen en el repositorio público de propuestas de Ethereum. Sin fecha y sin límite, el fork sigue en el taller.

Qué significa para quien tiene ETH: más capacidad, menos quema
El equipo de Curve Finance, uno de los protocolos de finanzas descentralizadas más antiguos de Ethereum, resumió el beneficio antes del aplazamiento: más acceso predecible al espacio de bloque cuando la actividad se dispara, precios más ajustados en sus pools y deuda más fácil de abrir y cerrar. La prueba real llega un día de pánico en el que el gas se dispara.
Para el inversor, el asunto se juega en dos planos. El primero es la utilidad: si mainnet procesa más actividad propia, menos proyectos tienen motivo para mudarse a una capa dos. El segundo es la quema. Ethereum destruye parte de cada comisión; en los rollups esa comisión se reparte entre miles de usuarios. Más actividad quemaría más, pero si las tarifas bajan se quema menos ETH por operación salvo que el volumen compense.
Los depósitos acompañan esa tesis. Según DefiLlama, el agregador de datos DeFi, a 28 de octubre había más dinero en stablecoins sobre mainnet que en Base, Arbitrum y OP Mainnet juntas. En marzo, dos investigadores de Coinbase Institutional sostuvieron que la actividad había vuelto a inclinarse hacia Ethereum.
Con un matiz. Los mismos analistas avisaron de que el mercado separa cada vez más la actividad del ecosistema de la acumulación de valor para el tenedor del token. Una red más ocupada no sube el precio por decreto.
En perspectiva, Glamsterdam es el quinto capítulo de un ciclo que arrancó con The Merge en septiembre de 2022, cuando Ethereum abandonó la minería y pasó al staking, y siguió con Shapella, Dencun, Pectra y Fusaka. Es el primero que mira de frente a la red base. La competencia aprieta: Solana recortó a la mitad el tiempo entre bloques el 9 de octubre.
Queda lo concreto: cerrar el comportamiento del nuevo esquema de gas, reactivar Hoodi y decidir si el límite de gas de mainnet sube. Nada tiene fecha pública. Quien siga la hoja de ruta en la web oficial de Ethereum tiene motivo para estar atento a las próximas reuniones de los desarrolladores de núcleo.




