La interoperabilidad de capa 2 en Ethereum acaba de recibir una propuesta con nombre propio. Gnosis, veterana desarrolladora de infraestructura sobre la red, ha presentado junto al equipo de pruebas de conocimiento cero Zisk y la Ethereum Foundation un marco bautizado como Ethereum Economic Zone (EEZ). El objetivo: que los rollups —las redes secundarias que procesan transacciones fuera de la cadena principal y luego las resumen en ella— se hablen entre sí y con la red matriz dentro de una misma operación, sin pasar por un puente.
Hoy ese puente es obligatorio. Para mover ether de Arbitrum a Base, o de ahí a Optimism, el usuario bloquea el activo en un contrato, espera, paga comisiones y confía en que el puente no falle. Un camino lento, caro y con historial de sustos.
El marco se dio a conocer en la conferencia EthCC de Cannes. Según el panel independiente L2BEAT, hay más de 20 redes de capa 2 activas. En conjunto aseguran cerca de 40.000 millones de dólares en valor total bloqueado, lo que el sector llama TVL. Repartido, eso sí, en entornos que no se comunican entre sí.
Qué propone el EEZ: una sola operación, varios rollups a la vez
La propuesta no es un puente nuevo ni una red nueva. Plantea que los contratos inteligentes desplegados en distintos rollups puedan ejecutarse de forma síncrona: si una aplicación necesita leer el estado de otra cadena y mover fondos en la misma jugada, podrá hacerlo, y el conjunto se liquidará de vuelta en Ethereum. Los desarrolladores compartirían infraestructura en lugar de reconstruir las mismas herramientas en cada red.
Dos detalles importan al bolsillo. El primero: el sistema seguirá usando ether como moneda de comisiones y no habrá token nuevo. El segundo: el marco crea una EEZ Alliance, un grupo de participantes del ecosistema encargado de coordinar estándares y empujar la adopción. Traducido: no basta con escribir código. Hay que poner de acuerdo a una industria.
Más de veinte rollups y casi 40.000 millones de dólares repartidos en silos que no se hablan: ese es el problema que ningún puente ha resuelto.
Friederike Ernst, cofundadora de Gnosis, resume el diagnóstico: Ethereum no tiene un problema de escalado, tiene un problema de fragmentación, y cada nueva capa 2 es un silo que dificulta extender la red y devolver valor a la cadena principal. Zisk, el socio técnico, es un proyecto de pruebas de conocimiento cero liderado por Jordi Baylina, creador de Polygon zkEVM. Las especificaciones y las métricas de rendimiento aún no se han publicado; según lo difundido, llegarán en las próximas semanas.
Por qué la fragmentación de liquidez es el problema real de la capa 2
Ethereum lleva años delegando su capacidad de cómputo en las segundas capas. Y funcionó: las comisiones de la red principal dejaron de ser prohibitivas y el tráfico se repartió. El precio lo pagó la liquidez. El dinero que debería comportarse como un solo mercado vive hoy dividido en entornos paralelos con sus propias reglas, sus propios equipos y su propia seguridad.
Para el usuario, eso se traduce en fricción constante. Un mismo saldo aparece en tres sitios distintos, las tasas cambian según la red y cualquier estrategia que cruce dos rollups obliga a asumir el riesgo del puente. Los puentes, cabe recordar, han concentrado algunos de los mayores robos de la historia del sector.
El debate no es nuevo dentro de Ethereum. El cofundador de la red, Vitalik Buterin, escribió el 3 de febrero en X que la visión original de las capas 2 y su papel en Ethereum ya no tiene sentido y que hace falta un camino distinto.
Las reacciones fueron dispares. Karl Floersch, cofundador de Optimism, defendió que las segundas capas deben evolucionar más allá de su forma actual. Steven Goldfeder, cofundador de Offchain Labs —la empresa detrás de Arbitrum—, sostuvo que escalar sigue siendo la función principal, porque los rollups mueven más transacciones que la propia red principal.
Del ‘escalad y ya veremos’ a coordinar: qué se juega Ethereum con la EEZ
Conviene mirar atrás para medir el giro. Entre 2020 y 2021 Ethereum apostó por un modelo que el sector bautizó como rollup-céntrico: la red principal sería el asentamiento y las segundas capas, el motor. En septiembre de 2022, The Merge sustituyó la prueba de trabajo por la prueba de participación y recortó el consumo energético más del 99%. En marzo de 2024, Dencun abarató las segundas capas con los blobs, espacios de datos temporales donde los rollups publican sus resúmenes. En julio de 2024 llegaron los ETFs spot de ether. Cada hito arregló una pieza y dejó la siguiente a la vista.
La EEZ ataca justo la que faltaba, y su punto débil no es técnico sino político. Arbitrum, Base y Optimism no son módulos de un mismo sistema: son negocios con token propio, equipo propio e intereses propios. Un estándar que obliga a compartir infraestructura puede leerse como una cesión de soberanía, y la alianza todavía no ha hecho públicas sus reglas de gobierno. A eso se suma que buena parte de esos rollups siguen operando con un secuenciador centralizado, el componente que ordena las transacciones antes de enviarlas a Ethereum.
El último cuello de botella estructural que Ethereum resolvió fue el de Dencun, y tardó meses en notarse en las comisiones que paga el usuario. La EEZ no moverá nada mañana: primero necesita especificación, luego implementación y después adopción.
La prueba de fuego llegará cuando las tres grandes redes por valor bloqueado decidan si adoptan la especificación. Si lo hacen, Ethereum tendrá por fin un mercado de liquidez único repartido en capas. Si no, la EEZ engrosará la lista de buenas ideas que se quedaron en un documento. De momento no hay fecha de activación. Mientras tanto, el dato a vigilar es sencillo: cuánto de esos casi 40.000 millones deja de necesitar un puente para moverse.




